Una reflexión sobre Blade Runner 2049

“Yo he visto cosa que vosotros no creeríais….”, no está uno muy seguro de la importancia que pueden tener algunas frases míticas del cine, pero desde luego sí creo que es la más repetida y la más utilizada para hacer juegos de palabras y frases ingeniosas con las mismas. De lo que sí estoy convencido es que ni siquiera los guionistas, ni el autor de la novela, ni el propio director podían imaginar mínimamente la trascendencia que dicha frase iba a tener en el imaginario colectivo del cinéfilo más simple.

A colación del estreno de la segunda entrega de Blade Runner uno que ya pinta canas y que cuando vio por primera vez la obra de Ridley Scott era un joven cinéfilo sin tener ni idea de lo que veía pero que tenía la sensación de estar ante algo que no había visto jamás en pantalla, tiene ahora la sensación de poder entender aquel público de 1982 cuando salían de los cines con la sensación de que le habían metido un gol por la escuadra puesto lo que se llevaba en aquellos años eran espectáculos visuales al estilo La guerra de las galaxias. Space-operas cuya mayor transcendencia era el entretenimiento puro y duro, sin más que atragantarte con palomitas duras como una piedra. El público de 1982  no entendió la transcendencia de la obra de  Ridley Scott,  David Peoples o  Philip K Dick, director, guionista y autor de la novela donde se basa Blade Runner.

Hagamos un ejercicio de vuelta al pasado, miremos que nos encontramos en el mundo en los horteros años ochenta, en ese inicio de década donde el cine ya había cambiado de manera sustancial y ahora la industria se volcaba en obras vacías con efectos especiales y con guiones para rellenar y para el auto consumo rápido. Los autores “intelectuales” estaban siendo dados de lado; Coppola se acababa de terminar de arruinar con su colosal Corazonada, Scorsese acababa de estrenar la mejor película de la década Toro Salvaje y el público le había dado de lado. Cimino acababa de quebrar a la todopoderosa United Artists con su colosal western Las puertas del cielo. Spielberg acababa de fracasar, sería el único, eso sí, con 1941, aunque estaba a punto de reventar las taquillas con E.T. Ridley Scott, por poner unos pocos directores, era de los únicos que no había estrenado película y aún tenía el beneplácito del público después del éxito de su Alien, el Octavo Pasajero.

El cine de ciencia ficción había cambiado Si en 1968 Stanley Kubrick buscaba a un Dios omnipresente en la evolución del hombre en su transcendental, filosófica y magistral película 2001: Una Odisea en el Espacio; si Andrei Tarkosvki hacía lo propio con su no menos magistral Solaris, obra magna de otro genio olvidado de la ciencia ficción polaca Stanislan Lew, el cine de los 80 se fijaba en otros cánones más mundanos, como hemos indicado, efectos especiales y más palomitas, hacer caja y a otra cosa.

Ridley Scott se interesó en un viejo guion de David Peoples que se basaba lejanamente en la obra de Philip K Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, una novelita de ciencia ficción que quien haya podido leerla comprobará que poco más que la idea, muy encajada a calzador, de un policía caza robots que tiene una crisis de identidad, busca desesperadamente un destino mejor. La novela es un conjunto de cuasi paranoias de Dick muy proclive al LSD y demás drogas y variantes. David Peoples, que por aquella época intentaba vender un guion de un western llamado Sin perdón había abandonado la idea de Blade Runner por parecerse más a la visión Kubrikiana de la ciencia ficción que a la de George Lucas. Un guion plagado de metáforas filosóficas, transcendentales y en eterna búsqueda del sentido de la vida, mediante personajes que buscan al “padre creador” y el porqué de su abandono en la tierra.

La producción de la película fue compleja, el elenco de actores no era precisamente muy conocido. Harrison Ford era la única estrella después de hacerse archifamoso por su “Han Solo” y era la única baza del film. El resto eran jóvenes que casi estrenaban en Hollywood, con Rutger Hauer como estrella emergente europea que casi desembarcaba en la meca del cine. Si algo destaca en Blade Runner es su sólida puesta en escena, su magistral diseño de producción y un poderosísimo concepto visual que sería marca de la casa de su director Ridley Scott. Un futuro distópico completamente oscuro, con una narración heredera de los grandes clásicos del cine negro americano de los 40, con un policía más parecido al Marlowe de Raymond Chandler que a un guardián del orden futurista. Un futuro donde la sociedad se auto destruye, donde la inteligencia artificial es una realidad que no sirve para el bienestar de la humanidad si no en una amenaza de la misma, llena de suciedad, de lluvia, de súper población, de personajes abyectos y con doble moral. La película es depresiva, asfixiante y con un mensaje muy pesimista, muy enmarcada en un momento donde la sociedad americana aún trataba de salir del trauma de Vietnam. El público no quería más negritud con respecto al futuro, que veían en Ronald Reagan como más halagüeño y en nuevos héroes como Rambo o Chuck Norris los mejores representantes de la nueva américa.

Blade Runner habla de algo tan humano como saber de dónde somos y de dónde venimos, de la búsqueda de Dios, reflejado brillantemente en la secuencia de cuando Roy Batty el replicante busca a su creador con la estratagema de la partida de ajedrez, claro homenaje al Séptimo Sello de Bergman  donde el personaje juega con la muerte y le preguntará por el sentido de la vida. La película fue un tremendo fracaso comercial, el americano medio no estaba para reflexiones humanas y aquel año arrasó E.T, En busca del Arca Perdida, Acorralado, El retorno del Jedi, etc. Obras más asequibles y menos profundas.

La idea de desarrollar una segunda parte con implicación casi total de casi todos los afectados en la primera parte era una idea que rondaba desde hace años. El paso del tiempo ha puesto a Blade Runner en su justa medida, después de aprovecharse de manera a veces vergonzante de  remontajes uno tras otro para recuperar la inversión que ha sido recuperada con creces. Hasta 4 remontajes tiene, donde se ha troceado parte del original incluyendo escenas como el del unicornio, sacada de Legend otra obra posterior de Scott que poco tiene que ver con la que hablamos o eliminando el final feliz de planos de El resplandor de Kubrick porque algún lumbrera de ejecutivo de la Warner Bros se le ocurrió que la película era muy oscura.

En el ideario colectivo del cinéfilo, nos queda el final, nos queda (spoiler) la muerte y el monólogo de Roy Batty final, más humano, más poético y más hermoso conforme cumples años, con la mirada de un Deckard que solo puede ver con humanidad como desaparece.

Partir de ese enlace y desarrollar una nueva idea continuista era la mejor partida de Blade Runner 2049,  y a mi juicio es la mejor baza de la película. Dirigida por Dennis Villeneuve, uno de los directores actuales más interesantes de momento, la película busca y ahonda en el recuerdo, en la búsqueda del pasado, en la necesidad de tener sensaciones para tener vida, recuerdos para saber quiénes son. La película habla del nacimiento, de nuevo de la creación de la necesidad del hombre de dar vida, de ser un Dios, de estar a la altura del padre creador

“Usted no ha visto un milagro, no sabe lo que significa eso”. La frase de un replicante a otro y la frase donde la humanidad ya sí puede tener la sensación de estorbar y ser un paso más en la evolución. La búsqueda de la perfección, incluso en la película hay un Ángel exterminador, mandado por Dios para eliminar las impurezas de su creación. Una película que ahonda más si cabe en los conceptos filosóficos que ya mostraba su antecesora y que aquí son potenciados y a veces superados con secuencias de una belleza que roza la perfección conceptual y moderna de un cine que ya no se hace o que hacerlo cuesta más dinero del que se desea. La dirección de Villeneuve autor de otra película de ciencia ficción magistral La llamada que también narraba la comunicación entre especies, deja a los espectadores que disfruten, deja a los espectadores que saboreen la obra, que vean cómo se puede recrear sensaciones de personajes que buscan el amor, que no quieren la soledad como motor de sus vidas, a lo largo de su extenso metraje. La película te deja sensaciones encontradas, te deja el poso de los buenos cafés que hay que saber saborear, que no se debe dejar de reflexionar. La nieve cae, la notas, la palpas, te relajas y te dejas inundar por todo lo de tu alrededor con miles de sensaciones más humanas que los propios seres humanos. ¿Son más humanos los androides que los propios seres humanos?, ¿estamos en una sociedad que las pequeñas cosas sin importancia no sabemos valorarlas?, ¿qué hemos olvidado, anteponemos un bienestar material a un bienestar extrasensorial?, ¿ya no nos emocionamos con un beso, con una caricia?, ¿qué esperamos de nuestras vidas si no sabemos emocionarnos?

Blade Runner 2049 es una película que hay que saborear con tiempo, hay que dejar verla transcurrir su momento en la vida cinematográfica. Las críticas no han sido muy generosas, aunque tampoco han sido desastrosas. La obra de Villeneuve es una magistral película que hace que tengamos esa extraña sensación de preguntarnos a nosotros mismos…..¿De verdad que somos humanos?

Juan José Santana

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By | 2018-02-16T02:16:23+00:00 febrero 16th, 2018|Cine|0 Comments

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