A la caza de Joe Montana

Cómo se hubiera tomado la prensa si Cristiano Ronaldo hubiera estado en el Amsterdam Arena contemplando el gol de Pedja Mijatovic, como un aficionado más, siendo testigo de la octava Copa de Europa ganada por el Real Madrid. O si Leonel Messi hubiera acudido de la mano de su padre a Wembley para ver el potente derechazo de Ronald Koeman que dio su primera copa de Europa al club catalán.

Cómo hubiera recordado ese hecho la prensa cuando tanto Ronaldo como Messi levantaron sus copas de Europa. Hablaríamos de la culminación de un sueño, o la imbatible fuerza del destino. O quizás la incuestionable ética del trabajo duro en pos de una meta inalcanzable para el común de los mortales.

Ese tipo de comentarios son los que empiezan a aparecer en los periódicos, webs, foros, e inlcuso post-its o cualquier otro tipo de medio de comunicación interpersonal mediante texto impreso para poder describir la gesta realizada, en la noche del pasado domingo 1 de febrero, por el deportista más importante hoy en día en Estados Unidos: Tom Brady. Aunque fuera de aquel país el gran público lo conoce como el marido de la modelo brasileña Gisele Bundchen.

Tom Brady, quarterback de los New England Patriots, y su equipo acaban de ganar su cuarta Super Bowl en un interesantísimo e igualado encuentro contra los, hasta la fecha, campeones Seattle Seahawks por un ajustado 24 a 28 con remontada incluida en el último cuarto, que permite poder utilizar el calificativo de leyenda.

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Ese cuarto final, más propio de películas Hollywoodienses que del deporte profesional, dejó para el recuerdo los dos últimos drives1 de New England, en los que Brady imprimió su firma con un amplio repertorio de pases completos, que terminaron ambos en la End Zone (zona de anotación), dando la vuelta al partido. Pero Seattle tuvo un último drive que consiguió llevar hasta a menos de una yarda de la End Zone a falta de menos de un minuto. La mala elección de la última jugada y la pérdida de la bola evitaron que la historia hubiera sido otra.

Con esta victoria, el jugador nacido el 3 de agosto de 1977 en San Mateo, California (dentro del área conocida como la Bahía de San Francisco), igualaba a su mito de juventud (y de millones de seguidores de football) Joe Montana.

Hasta aquí lo normal de deportistas de élite que quieren superar a sus héroes de juventud, nada nuevo bajo el sol más allá del éxito deportivo conquistado merecidamente reseñable.

Lo que hace a ésta historia particular y rodeada de cierto toque de novela, reconozcamos que algo barata, es el hecho que el jovencito Tom Brady, acompañado por su padre Tom Brady senior, fueron testigos en directo en un abarrotado Candlestick Park, de San Francisco, de uno de los partidos más importante en la carrera de Joe Montana en enero de 1982.

Un partido recordado por una de las jugadas más emblemáticas en la historia de este deporte denominada “The Catch” en la que un desequilibrado, por la presión del equipo contrario, Montana mandó un pase casi imposible a las manos de uno de sus receptores dentro de la End Zone sin apenas visibilidad. Un pase más propio de una asistencia de baloncesto que de una de football. Un pase que remontó el partido a falta de 50 segundos para el final del mismo y que llevó al equipo local a jugar la Super Bowl para ganarla finalmente y coronar al propio Montana como MVP de la misma.

Tom siempre recordó ese momento. Con casi 4 años y medio mantuvo siempre en la retina ese momento. Esa jugada que te lleva de ir perdido y estar eliminado a ver como la multitud, más de 6900 personas en ese momento, grita y salta de felicidad despidiéndose de la tensión provocada por el miedo a la derrota y al fracaso. Ese momento de liberación de adrenalina, de abrazo con gente desconocida que solo tiene en común un deporte que los apasiona.

Esos sentimientos, disparados cual cohetes por la cerilla de Joe Montana, fueron imposibles de olvidar por parte de Brady. Ahí se forjó la base de la personalidad de éste tetracampeón.

Pero siendo menor de 5 años y querer estar en la misma situación de su héroe deportivo es algo bastante natural en la infancia.

En los años siguientes Joe Montana siguió ganando, tanto hasta conquistar 4 Super Bowl y ser nombrado miembro del Hall of Fame de este deporte en el año 2000.

Mientras, Brady, rodeado por tres hermanas mayores muy activas en el deporte, fue quemando etapas destacando lo justo para conseguir una beca deportiva en la universidad.

Michigan fue esa universidad que lo reclutó. Llegar a un vestuario con más de 100 jugadores y ser nada más que el sexto en tu puesto puede deprimir a cualquiera y no tuvo más remedio que ser jugador de banquillo durante sus dos primeros años universitarios. Eso sí, avanzando hasta convertirse en el primer suplente.

Vivió como su equipo se convertía en el mejor del país con un record de 13-0. Temporada perfecta la de los Wolverines de 1997 en la que Brady, en su segundo año, solo tuvo una presencia testimonial en cuatro partidos, en los que no pudo completar más de 12 pases de 15 intentados. La sombra del titular Brian Griese llegó a convertirse en algo demoledor para el jovencito californiano, hasta el punto que tuvo que recurrir a la ayuda de un psicólogo para gestionar la falta de oportunidades de las que se creía merecedor. Incluso llegando a sopesar la opción de cambiar de universidad.

Griese marchó a la NFL al finalizar la temporada dejándole la oportunidad de ser titular. Pese a ello, el exitoso entrenador Lloyd Carr no terminaba de confiar en Brady y éste, a pesar de comenzar todos los partidos en las temporadas de 1998 y 1999, se repartía el tiempo de juego con Drew Henson2.

En esos dos años fue reconocido como uno de los mejores jugadores universitarios de todo el país lo que le ofrecía una oportunidad perfecta para ser elegido en una buena posición en el draft de la NFL. Pero no fue así.

Tuvo que esperar hasta la sexta ronda y ver como los San Francisco 49ers elegían otro jugador en su posición antes de oír su nombre. Ser el número 199 de un draft puede sonar a fracaso, pero cuando empezaba a perder la esperanza se encontró con la oportunidad ofrecida por New England, el que se convertiría en el equipo de su vida. No había nada que perder, era jugador profesional.

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Su primera temporada, 2000, fue algo que conocía maravillosamente bien, banquillo y vuelta a empezar. Esta vez partía desde el cuarto en la lista de quarterbacks del equipo. Después de una primera temporada bajo la sombra de la estrella del equipo, Drew Bledsoe, consiguió de nuevo convertirse en el primer suplente del veterano quarterback.

Una hemorragia interna provocada por un placaje de un rival mandó fuera del partido a Bledsoe en la segunda jornada de la temporada de 2001 provocando la subida inmediata de Brady al estatus de titular a los pocos partidos. Ahí estaba el momento de la verdad que tanto había ansiado. Si se tenía que convertir en estrella ese era el momento de conseguirlo.

Y vaya si lo aprovechó, después de unos partidos sin nada estrambótico fue ganando confianza y juego hasta llevar a su equipo con 24 años a la Super Bowl para ganarla. El equipo se dio cuenta del diamante que les había tocado y despejó toda duda traspasando a Bledsoe en post-temporada para evitar controversias.

Y así hasta ahora. Por el camino 13 temporadas más a un gran nivel, en las que ganó de nuevo la Super Bowl en 2003, 2004 y la reciente edición de 2015, llegando a disputarlas también en 2007 y 2011, ambas perdidas ante los New York Giants. Poseedor de numerosos records tanto colectivos como individuales, solo se perdió la temporada de 2008 por una grave lesión de rodilla.

Uno de esos records lo batía antes de jugar en el último partido de la temporada 2014, ser el único quarterback que lleva a su equipo a seis apariciones en la Super Bowl. Otro de esos records lo hacía teletransportarse de nuevo a aquel enero del 82. Ser el quarterback, junto con Joe Montana, que más Super Bowl han ganado.

A sus 38 años, el jugador mejor pagado de la liga, entregado padre de tres hijos de dos mujeres diferentes (estuvo casado con la actriz Bridget Moynahan entre 2004 y 2006, madre de su primer hijo), se encuentra en plena forma. Dueño de un castillete cerca de Boston, se le conoce como un atleta constante que tiene pensado jugar hasta la cuarentena. Ya ha alcanzado a su mito de la infancia convirtiéndose en el héroe de millones de niños que siguen éste deporte con tanta pasión como lo hacía en su infancia.

Dos dudas me asaltan en estos momentos. La primera está clara, ¿podrá convertirse en el mejor de todos los tiempos? La segunda algo más romántica, ¿alguno de los niños que estuvieran viendo en directo su hazaña seguirán sus pasos? Esperemos que así sea.

 Carlos Sabaca (@casabaca)

1 Por definirlo de manera corta, un drive es el turno de ataque. Se inicia al recuperar la posesión de la bola y finaliza bien cuando el otro equipo recupera la bola, cuando no se superan 10 yardas en cuatro jugadas consecutivas (cuatro downs) o cuando se consigue un touchdown (anotación)

2 Drew Henson fue quaterback en la universidad pero empezó dedicándose al Baseball profesional en los equipos afiliados a los Yankees de Nueva York. Al no tener demasiado éxito en las ligas menores retomó su carrera en el football llegando a jugar en la NFL.

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By | 2015-03-08T17:01:34+00:00 Febrero 3rd, 2015|Deportes|0 Comments

Sobre el/la autor/a

Apasionado por el basket, apático con el poder político, ilusionado con un cambio y profesor de matemáticas. Casi nada.

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