De vuelta al circo – Noemí González

¿Quién ha dicho que el circo es algo sólo para los niños? Eso es porque no ha ido a ninguno de los espectáculos de El Circo del Sol. ‘Quidam’ es el espectáculo con el que cerró el año esta compañía en España, en concreto en Sevilla, y con el que ha abierto el 2014 en la capital londinense.

Hacía mucho tiempo que no iba al circo, ni siquiera recuerdo cuántos años hace ya. Si les puedo decir una cosa, El Circo del Sol es espectáculo en estado puro. Su fama le precede, pero también es verdad que en algunas ocasiones ha hecho que se echara a dormir, como dice el refrán, sobre todo para aquellos que no eran vírgenes en la materia como era mi caso. De hecho, el espectáculo se divide en dos grandes bloques y no cabe duda de que el segundo es mucho mejor. Las acrobacias son lo que tienen, que llaman la atención de cualquiera que las está viendo y sabe que cualquier fallo puede ser fatal. Pero esa es la cara B del circo, las horas de entrenamiento que no se ven y que se pueden intuir en algunos de los números que componen este espectáculo, como uno en el que una pareja –un hombre y una mujer- realizan un ejercicio de gimnasia pasiva. Fuerza, precisión, equilibrio. Movimientos lentos y acompasados, simetría perfecta. Aplausos.

Otra cosa es el diávolo y los malabares. Sí, también tienen su punto y su grado de dificultad, pero es algo más ‘callejero’ y no tan elitista como lo que se espera de este circo. Otra cosa son las acrobacias, cinco a la vez, son bellas. Contorsión, movimiento, más movimiento. Cinco arcos rojos en las alturas. La saeta formada por el cuerpo. Más aplausos.

No obstante, un circo sin payaso no es nada y desde luego ‘Quidam’ es precisamente eso. Un payaso al que le van sucediendo cosas. Pero fue otro payaso, y no el que da nombre al espectáculo, el que puso la sala en pie. Mucho se ha hablado de la comunicación no verbal, de todo lo que se puede expresar con ella. Pues sí. El mimo que consigue que parte del público participe y se vuelque en una historia que se puede entender en todos los idiomas. Porque el amor es universal y lo sexy es sexy ya sea en Cuenca, en Londres o en Pekín. La historia de chico conoce a chica funciona, pero la chica ya está comprometida. Mala suerte, sobre todo si te pillan. El actor que hace de mimo y que dirige el ‘cotarro’ desde luego sabe las delicias que tiene ese guión y con dos o tres pinceladas consigue poner al público en pie. Claro, que también cuenta con actores de excepción. Él mismo los escoge y para eso hay que tener buen ojo. Todo un arte. Aplausos y más aplausos.

El resto lo pone una genial puesta en escena donde la iluminación, el color y sobre todo el sonido, cuenta con música en directo y unos profesionales como la copa de un pino que ponen la guinda al pastel. Así que ya lo saben. Si tienen la oportunidad de ir a ver El Circo del Sol, no se lo pierdan. Es un capricho que hay que darse aunque sea una vez en la vida.

Noemí González

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By | 2014-01-15T19:50:59+00:00 Enero 15th, 2014|Exposiciones|0 Comments

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