¿Dónde ha quedado la defensa de los Derechos Humanos? – Idaira Martín Martínez

Delitos de genocidio, lesa humanidad, contra las personas y bienes protegidos en caso de conflicto armado, torturas etc. Cualquiera de estos actos supone la violación directa de los Derechos Humanos que cada uno  de nosotros posee por el mero hecho de nacer, recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos adoptada por las Naciones Unidas (1945).

Parece que a día de hoy la violación de alguno de estos derechos se ha normalizado, nos hemos acostumbrado a vivir con ello. No quiero decir que nos hayamos vuelto insensibles o indiferentes ante esta situación, pero lo que sí es cierto es que no somos conscientes de su gravedad.

Quizás parte de la culpa la tengan los medios de comunicación. Pensemos en Oriente Medio y Próximo, sumidos en constantes conflictos y hasta hace poco con revoluciones sociales que iban de una punta a otra de los territorios. Guerras en la que las principales víctimas son la población civil o revoluciones que sus Gobiernos intentan acallar aunque ello conlleve acabar con la vida de los manifestantes. A pesar de ser una violación de los Derechos Humanos de la forma más explícita que existe los medios no le dan la importancia que en realidad tiene. El número de víctimas se cuenta como si de ovejas se tratase, sin hacer hincapié en que es su propio gobierno quien las asesina y que se violan toda clase de derechos. El problema no es el conflicto entre los Gobiernos del territorio, lo que de verdad es importante es quién los paga –la población civil-  y en estos casos cómo lo hacen –con sus vidas-.

Pero la culpa no es solo de los Gobiernos nacionales, sino también de sus cómplices,  y lo alarmante es que sean Gobiernos occidentales. Hipocresía puede que sea la palabra que mejor defina esta situación y EE.UU –entre otros- puede que sea el mayor hipócrita. “Seguridad nacional” es la firma  que llevan todas sus intervenciones.

-Guerra de Irak, una guerra vendida con una gran mentira. Convencieron a sus ciudadanos de que Sadam Husein tenía armas de destrucción masiva y ellos, como “héroes” y defensores de la “seguridad nacional” que son, iban a acabar con ellas.

La mañana del 8 de abril de 2003 las tropas se disponían a invadir Bagdad. EE.UU puso las cartas sobre la mesa y supo qué hacer perfectamente para que no hubiese imágenes de la barbarie que se iba a llevar a cabo. Las principales cadenas independientes fueron atacadas, la primera Al Jezeera TV muriendo un periodista; la segunda la sede de la prensa de Abu Dabi causando heridos; y por último el Hotel Palestina – lugar en el que se alojaban casi 300 periodistas internacionales, dato del que estaba perfectamente advertido el ejército norteamericano- provocando la muerte de otros dos, entre ellos el cámara español José Couso. Un crimen de guerra que después de 10 años el Gobierno español no ha querido ni ha dejado que se esclarezca, ya que su relación con el gigante americano es más importante que el asesinato de un ciudadano español.

Una vez tomada la capital se estima que el total de muertos civiles que provocó la invasión asciende a 100.000. A lo que hay que sumar las detenciones ilegales que las tropas estadounidenses han llevado a cabo y el traslado de esos presos a cárceles secretas donde eran sometidos día y noche a torturas. Si se quiere conocer la historia de algunos de ellos recomiendo el libro de Olga Rodríguez “El hombre mojado no teme a la lluvia”. Un libro que da voz a la población no solo de Irak, sino también de Territorios Ocupados, Afganistán, Egipto, Siria, Líbano etc.

-Primavera árabe en Egipto: todos sabemos cuáles eran las peticiones de la población, “pan, libertad y justicia social” era el reclamo coreado por los manifestantes. Las fuerzas de seguridad y el ejército del régimen intentaron acallarles, aunque sin éxito. Disparaban munición real mientras ellos se defendían con piedras que conseguían rompiendo el asfalto. Fuerzas de seguridad que todavía, ha día de hoy, reciben de forma directa 1.300 millones de dólares de EE.UU en material militar. Hipócrita si tenemos en cuenta que EE.UU dispone de organismos oficiales y oficiosos que tienen como misión exportar la democracia americana. Hipócrita si a la vez que promulga una cosa vende armas a un régimen que sabe perfectamente que las utiliza contra su población. Hipócrita si  es cómplice de la muerte de esas personas.

EE.UU es uno de los mayores cómplices pero no el único, Europa tampoco tiene las manos limpias de sangre. España también vende armas y material militar a países que violan los Derechos Humanos. En el caso de la “primavera árabe” vendió 100 millones en material militar a esos países y 70 fueron a Egipto. Francia y el caso de  Gadaffi en Libia, quien se hizo con el poder con ayuda de esta y se acabó su poder con ayuda de la misma.

Del mundo árabe hay mucho de qué hablar, pero no hace falta irse tan lejos. Hasta hace relativamente poco en España estábamos viviendo una dictadura que también violaba los Derechos Humanos. Juicios militares, asesinatos ilegales, desapariciones forzadas, campos de concentración, las “sacas de presos”, exilios, cadáveres en fosas comunes, niños robados y alrededor de 200.000 víctimas. Auténticas barbaries que actualmente no se pueden investigar debido a la Ley de Amnistía de 1977.

La ONU pide la derogación de dicha ley porque incumple la normativa internacional en materia de Derechos Humanos. Pero los principales partidos políticos como son PP, PSOE y CiU no están por la labor. Por lo tanto, no solo se han violado los derechos durante la Guerra Civil y la Dictadura franquista sino que se está prolongando hasta la actualidad. Se hace oídos sordos de una situación en la que no solo son protagonistas las víctimas sino también los familiares.

El Juez Baltasar Garzón en un intento de abrir una investigación por dichos crímenes se enfrentó a 20 años de inhabilitación, aunque finalmente el Supremo lo absolvió. Esto supuso un toque de atención para dejar claro que la Ley del 77 no es ninguna broma y que seguirá siendo el muro que impida investigar, resolver y juzgar los crímenes en el franquismo.

Estos son tan solo algunos ejemplos de la violación de los Derechos Humanos que día a día se comenten y que son tratados como una parte de la vida cotidiana.

No somos conscientes de lo que supone y hasta qué punto se está llegando. Mucha gente muere de forma injusta al lado nuestro y ya ni nos afecta. Lo más triste es que dentro de ese número de víctimas –que son incalculables- hay personas tan inocentes como son los niños.

Quizás debemos parar por un momento nuestras tan ajetreadas vidas y pensar en qué nos estamos convirtiendo. Si seguimos a este ritmo vamos a perder la poca humanidad que nos queda y no hay nada más triste y más peligroso que eso.

Idaira Martín Martínez

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By | 2013-05-22T00:02:53+00:00 mayo 22nd, 2013|Política y Sociedad|0 Comments

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