Querido Antonio Navalón, somos muchos los millenials que hemos leído su flamante artículo en el que suelta bilis sobre nuestra falta de civismo y responsabilidad. Su análisis simplista basado en que tras la revolución de las nuevas tecnologías hemos perdido casi la categoría de ciudadanos, no ha dejado a nadie indiferente.

Yo me pregunto qué pasaría si El País publicara mañana un artículo de opinión en el que se criminalizara a la tercera edad de nuestro país. Una crítica basada en, por ejemplo, la huella que deja su supuesto conservadurismo en los comicios electorales o su falta de comprensión hacia las nuevas generaciones. “Los viejos de este país han perdido su capacidad de adaptación, ¿acaso no pueden, al menos, intentar usar un Smartphone? ¿Podemos modificar su ADN para que dejen de votar a la derecha?”.

Suena tan ridículo que tal cosa no saldría nunca a la luz porque seríamos conscientes de que se trata de un análisis estereotipado y reduccionista de una cuestión tan compleja como las características de ciertos ciclos vitales o de generaciones vinculadas a contextos determinados. Además, es absurdo agrupar en una misma categoría a los nacidos en dos décadas tan dispares.

Usted habla de que en nuestro ADN no se incorporó la función de la escucha y que no merece la pena que se construyan discursos alrededor de nosotros y nosotras. No merecemos ser escuchados porque nosotros no lo hacemos al estar demasiado inmersos en los likes de Instagram. Afirma que por culpa de nuestra falta de objetivos vitales, el mismísimo Donald Trump ha tomado el poder en EEUU.

Al leer semejantes afirmaciones no pude evitar evocar en mi mente al magnífico Ignacio Sanchez-Cuenca y su obra “La desfachatez intelectual” en la que evidencia cómo ciertos pseudointelectuales afirman barbaridades sin una mínima contrastación porque están legitimados socialmente para hacerlo. En su caso, Antonio Navalón, habría sido tan sencillo como buscar estadísticas de las características de los votantes de Trump. No se preocupe, se las dejo por aquí.

Usted afirma que vosotros, los de otra generación más evolucionada, debéis solicitarnos un cambio de conducta para poder otorgarnos la categoría de “condición humana” (Me resulta fascinante estar citando textualmente y no esbozando metáforas). Se defiende y se excusa de tener que mantenernos siendo parásitos que no contribuyen al bienestar de esta nuestra gran nación. Además, suplica conocer alguna idea millenial que no sea un filtro de Instagram o una app de redes sociales.

Déjeme que le explique (si merezco ser escuchada) algunas de las ideas y situaciones que rondan a nuestra generación. En nuestra generación millenial abunda la esclavitud. Y sí, le voy a dar la razón en que hay una esclavitud tecnológica vinculada a referentes virtuales o influencers que pretenden vendernos una vida perfecta por la que tenemos que esforzarnos. Son ventanas a un mundo de ideología neoliberal-Mr Wonderfull que nos dice, al igual que usted, que si no somos buenos ciudadanos es por nuestra culpa.

Su discurso es el discurso de alguien que no ha entendido nada. Alguien que reniega de las redes sociales porque sabe que es un espacio que no puede hegemonizar para influenciar a la opinión pública porque están llenas de gente que se replantea lo supuesto. Y usted no sólo da por supuestas muchas cosas, también miente.

Su línea discursiva está asociada a otro de los grandes estereotipos clasistas: los ni-ni. Jóvenes incivilizados que ni estudian ni trabajan porque no quieren. Sin embargo, también se nos bombardea constantemente con que somos la generación de la era del conocimiento, la más preparada de la historia. ¿Dónde nos quedamos? ¿Qué esconde esta falsa dicotomía clasista?

Señor Navalón, hace unos días encontré mi primer trabajo remunerado. Le confieso que me puse a llorar al pensar que, tras bastantes meses de voluntariado, podría recibir dinero por mi trabajo aunque fuera algo temporal. He visto, además, como muchos compañeros son expulsados (y recalco el verbo expulsar) de la supuesta Universidad pública por la incapacidad de pagar las tasas. Tengo demasiados amigos que están en el extranjero trabajando de Au pair y cobrando más de lo que podrían hacerlo aquí en trabajos relacionados con sus estudios. He conocido situaciones dramáticas de compañeras que no pueden permitirse tener datos en esos móviles a los que acusa de idiotizarnos. Menos mal que no ha llegado a los extremos de Teófila Martínez afirmando que tener una cuenta de Twitter cuesta dinero.

Una encuesta del CIS sobre actitudes de la juventud en España preguntaba a los jóvenes de nuestro país cuál era, a su juicio, el mayor problema para los jóvenes. Más del 50% (52,5%) de ellos afirmaba que el problema principal para ellos era el paro. Cuando se les preguntaba sobre cuál era el problema que les afectaba más, volvían a situar el paro a la cabeza (35,5%) seguido de problemas económicos (18,5%). A los jóvenes no nos preocupan los likes en Instagram. Eso es lo que, en el fondo, la gente como usted quisiera.

Venimos de una crisis económica que nos ha dejado un lastre de precariedad y semiesclavitud repleta de contratos precarios, temporales y de paro. Más de la mitad de los jóvenes trabajadores menores de 30 años, en concreto el 56%, tiene un contrato temporal, porcentaje que se eleva hasta el 73% en el caso de los menores de 25 años (El economista, 2017).

Dentro de los supuestos millenials hay una amplia gama de colores. Los hay que quisieron cumplir el sueño neoliberal en la plena burbuja de casas y coches que bancos proporcionaban. La burbuja estalló y las calles ardieron un 15 de Mayo clamando que no era una crisis, era una estafa.

También los hay más jóvenes, como la que le escribe, que está creciendo acostumbrándose a no tener derechos laborales y sin la más mínima expectativa de futuro digno. Viviendo situaciones insostenibles en las aulas, en los centros de empleo, en las formas de relacionarnos.

Análisis como los que usted ha realizado sólo refuerzan estereotipos que lastran más a una generación a la que le frustraron sus expectativas. Y las expectativas no son, como dice Susana Díaz, tener una casita en la playa. Las expectativas es tener una vida digna de oportunidades y derechos.

Habla una millenial y le pide, que antes de hablar sobre nosotras, reflexione. Y hágalo además siendo consecuente y analizando si puede verter semejantes declaraciones habiendo sido imputado, le recuerdo, en el caso Banesto por cohecho, tráfico de influencias y prevaricación.

Quizá usted sea más perjudicial para nuestra sociedad que nuestros filtros de Instagram.

Belén Martínez (@belenlynx)

Bibliografía:

“Actitudes de la juventud en España hacia la participación  y el voluntariado”, Centro de Investigaciones Sociológicas, 2014. Pregunta 1:(http://www.cis.es/cis/export/sites/default/Archivos/Marginales/3020_3039/3039/es3039mar.pdf)

García, Y. (2017) “Radiografía del paro juvenil en España: temporalidad, precariedad y exilio”, El Economista. Consultado el 12/06/2017.

(http://www.eleconomista.es/economia/noticias/8411270/06/17/Radiografia-del-paro-juvenil-en-Espana-temporalidad-precariedad-y-exilio.html)