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Mr. Grey… Oh Mr. Machote… – Amalia T. Cocco

Mr. Grey… Oh Mr. Machote… – Amalia T. Cocco

on Feb16
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A unas horas del famosísimo -y comercial- día de los enamorados, se estrena la polémica película 50 Sombras de Grey lo que vuelve a llevar a la trilogía y a su autora, E. L. James a estar en los Trending Topic y en los tropecientos medios de comunicación existentes. Sí, en nuestra revista también, no podíamos ser menos, oye. Todo este boom mediático imposibilita hacer oídos sordos y hacer caso omiso a su estreno; al parecer muchas personas han decidido hacer la coña en Internet con respecto a las escenas de BDSM[1],sin contar con la cantidad de artículos publicados en algunos de los más importantes periódicos nacionales, como El País o El Mundo y que consiguen sacarme de quicio. No me puedo quitar de la cabeza la frase de El País donde dice que la novela “ha supuesto la primera experiencia en el BDSM para muchas lectoras”[2]. Já. Para eso la obra debería ser realmente una representación del BDSM y sinceramente E. L. James lo deja por los suelos y como una práctica solo llevada a cabo por personas con problemas emocionales, como si el BDSM fuese algo turbio, perverso y repetitivo, porque el increíble Mr. Grey se repite más que la carne mechada de los 100 Montaditos. Pero no me olvido de El Mundo y su alusión a la liberación de la mujer en la obra de James[3]. ¿Cuál liberación? Es indignante ver como la publicidad que se le ha hecho intenta venderla como una obra novedosa y que ha ayudado a liberar la sexualidad femenina solo porque haya escenas explicitas y porque la protagonista, Anastasia Steele, se deje hacer cosas que una “chica buena y decente” no haría en su vida intima en nuestra sociedad. La autora, algunos periodistas y muchas de sus lectoras olvidan -o pretenden hacerlo- que la novela representa una serie de ideas que hace que el machismo y los estereotipos hacia las mujeres prevalezcan y que apoya un determinado tipo de relación romántica como si esta fuera la buena, a la que todos nos tenemos que dirigir.

Anastasia Steele es una buena chica, tranquila, tímida, sumisa… que aspira a que un hombre la mantenga y que obviamente tiene la autoestima por los suelos por lo que necesita de un hombre para que se la suba, porque ella solita no se basta para quererse y respetarse. Christian Grey, en cambio, es todo lo contrario. Tiene mucha clase, dinero y poder; es extremadamente atractivo, dominante, controlador, celoso y lo mejor de todo, es un malote al que le gusta hacerle cosas malas a las chicas -en la cama, por supuesto- que necesita que una buena chica lo lleve por el camino adecuado, que mira tú por donde resulta que ese buen camino es el matrimonio y un reluciente y estable hogar donde no pueden faltar los niños. A lo largo de la trilogía podemos ver como Anastasia se deja llevar por el torbellino de emociones que Mr. Grey le provoca y los increíbles orgasmos que tiene, porque claro, hasta entonces había sido casta y pura y él es tan machote que le saca orgasmos siempre. Siempre, señoras y señores: siempre. Y también somos espectadores de la trágica historia de Christian -tranquilos, no os haré spam- por la cual a él le va el BDSM (o eso que E. L. James considera BDSM) y a su transformación en un hombre honorable y futuro padre de familia. Una obra que se ha vendido y que ha sido defendida a diestro y siniestro como una novela erótica se transforma en una obra romanticona – de las malas, además- y con una fuerte carga moral: las mujeres son seres sexuales, sí, pero a merced de un hombre dominante al que quieren transformar en su idea de príncipe azul. El amor ya no es respeto, comprensión, tolerancia, si no un proceso por el cual intentan transformarse el uno al otro en su prototipo de “media naranja”.

Esta es la idea que se ha vendido y que se transmite a todas las personas que han leído la trilogía y que irán a verla en el cine. Aunque al principio muchos se referían a ella como “porno para mamás”, gran parte de su publico son adolescentes que sueñan con tener a un Mr. Grey en sus vidas que las haga sentir especiales comprándoles vestidos carísimos, paseandolas en coches hipermegacaros y que les saquen siempre orgasmos. Se les vende unas ideas sobre lo que implica una relación de pareja y sobre lo que es el amor que no es sana. No nos engañemos, los celos no son buenos, el control sobre la otra persona la puede anular como ser individual y libre que es, el dinero no hace que la relación sea más espectacular, y en la cama no todo es dominación – sumisión y humillación: las mujeres no tenemos porque doblegarnos a los gustos de nuestras parejas y amantes, no tenemos porque hacer todo lo que ellos quieran en la cama. El sexo tiene que ser algo consentido, divertido, sano tanto para ellos como para nosotras.

 Amalia T. Cocco (@AmaliaCocco)

[1]     Bondage, Disciplina y Dominación, Sumisión y Sadismo, y Masoquismo.

[2]     http://cultura.elpais.com/cultura/2015/02/11/actualidad/1423683579_775922.html

[3]     http://www.elmundo.es/cultura/2015/02/12/54dbc609268e3ecb678b457f.html

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