Interinos en lucha

No soy periodista ni tengo intención de serlo, aunque tuve la vocación en su momento. Como pertenezco a ese sector de gente con pocas miras que eligen vocación en lugar de mirar por el mercado, como pedía Wert, me quedé con la Historia y el Arte. Aun así, acabé siendo profesor, y no lo fui al principio por vocación. No voy a levantar la voz bajo la idea romántica de que yo entré en esto por amor a los alumnos. Pero, una vez que entré, me di cuenta que era lo que mejor sabía hacer y, al mismo tiempo, lo que más me gustaba hacer.

La Junta de Andalucía, gobernada por PSOE e IU, decidió no contar con más de 4000 profesores interinos, lo que ha supuesto masificación en las aulas, menos atención a los alumnos, deterioro en la calidad de la enseñanza, más carga lectiva al resto de profesores y, con ello, menos tiempo para preparar las clases. Por eso, de la marcha que ha tenido lugar durante 8 días entre Antequera y Sevilla (151 kms) con gente procedente de todas las provincias, me quedo con muchos que sí tienen como sueño en su vida dar clase.

Uno de los que conozco bien es Sergio, cordobés y profesor de Matemáticas para quien dar clase es algo que forma parte de su modo de ver la vida. No sólo es bueno en su disciplina, sino que es bueno impartiéndola, comunicándola, y lo que es aún mejor, es bueno como tutor. Podría contar casos concretos pero no quiero mencionar a alumnos que tuvieron problemas familiares y escolares a los que él supo dar solución. Trabajé con él, y es uno de esos tutores que siguen al milímetro a sus alumnos para mejorar no sólo su rendimiento sino sus propias emociones, su propia vida. Por eso, además de dar clase, sin que entre en su sueldo, ni nadie le obligue, ni siquiera se lo cuestione, organiza actividades deportivas o excursiones. Entiende que es parte de su profesión. La Junta lo echó.

Conozco también muy bien a Inma, que ha estado en todas y cada una de las concentraciones desde antes incluso de que surgiera la “Marea Verde”. Amiga, por cierto, de Irene, que también ha estado en la marcha de interinos. Dar clase es un objetivo personal, porque para Inma ver a un alumno que entra en el aula sintiéndose impotente y hundido, y verlo salir como alguien que quiere luchar por su vida, y ella lo consigue, eso, para ella, es la energía que le mueve. Gracias a un sistema de selección que suele primar unos criterios escasamente pedagógicos y docentes, y en el cual el examen teórico tiene una arbitrariedad en los criterios de evaluación que lo vuelve un proceso completamente opaco, gracias a esta injusticia ella no puede dar clase. La Junta la echó.

Conozco a otros buenos, muy buenos, profesores, educadores, docentes, a los cuales no les mueve un sueldo que es cada vez menor, ni tampoco un inexistente prestigio social, ni siquiera la supuesta seguridad de la plaza. Porque llegar a ser profesor puede ser, a veces, muy duro. Pueden ser diez o doce años de oposiciones, y otros tantos o más de interinidad recorriendo ocho provincias, lejos de tu familia, tus amigos, tu entorno. Te puedes ver con más de cuarenta, al fin, con una plaza, y luego otros cinco u ocho años en los que sigues viajando. Tal vez, con suerte, poco después de los 50 estés cerca de tu casa. Y durante todo ese tiempo, nunca has tenido la seguridad de que el puesto era “para siempre”. Hay interinos que se han quedado en la calle con 43 años.

Por supuesto que hay interinos que no merecen ni estar en bolsa. Por supuesto. Igual que hay médicos negligentes, políticos corruptos y fontaneros estafadores. Y por culpa de ellos, los que sí valen tienen que soportar que una supuesta periodista como Lola Lores les diga por Twitter que son “folloneros tercermundistas, les va la bronca más que a un tonto un lápiz. La mayoría vagos de solemnidad” (@lolalores). Parte de esa culpa la tienen todos los que permiten que se cuelen en el sistema gente que no lo merece. Es más, lo que demuestra es que el sistema de selección y formación del profesorado es erróneo y hace aguas. Sin embargo, no es lo mismo echar profesores para deteriorar la enseñanza pública, que echar a los que no valen y aceptar a los que sí mediante un sistema más justo.

Lo decía también Pérez Reverte en su Twitter, “Lo que no impide que también haya maestros aborregados, incapaces o abúlicos mercenarios de la tiza. Conocemos a unos y a otros. No todos los maestros son así, ni mucho menos. Creo. Sigue siendo una profesión compuesta por gente digna y necesaria. (…) En Finlandia los colegios seleccionan mediante entrevistas a los candidatos más preparados. Se presentan con el prestigio por delante. Allí se les supone la competencia, como a un militar se le supone el valor y a un gestor la eficacia. Y los padres juzgan. En Finlandia no hay exámenes ni oposiciones para trabajar de profesores. Es inimaginable ese sistema. Pero en Finlandia los maestros cobran una pasta, se les respeta, y se les exige una altísima cualificación. En Finlandia, ser maestro es una profesión de élite. Selecta. No un recurso laboral fácil en tiempos difíciles. No es la Legión”. Y luego añade, “de todas formas, cabe plantearse una pregunta perversa. ¿Cuántos españoles superaríamos esos resultados si nos enfrentaran al mismo examen? ¿Hasta qué punto los más infames entre esos 12.197 no son reflejo exacto de la situación general en una España mal educada e inculta? ¿Qué esperaban en ese examen? ¿Nebrijas? ¿Montaignes? ¿Cervantes? ¿Newtons? ¿Erasmos de Rotterdam? ¿En una España que ni lee ni escribe, que ni sabe ni desea saber?”.

Por eso, la marcha de los interinos no era sólo por los más de 4000 despedidos, sino porque hay que reclamar que el conjunto de la sociedad se dé cuenta de que estamos destruyendo el futuro creando una sociedad de aborregados incompetentes. La manifestación no es sólo por el sueño de Sergio o de Inma, no es sólo para eliminar a quienes se merecen estar fuera con el fin de apoyar una educación basada en la excelencia y que ayude a los que tienen dificultades curriculares. No es sólo por ellos, o por mí. Es porque es inmoral para una sociedad y un país que los profesores tengan que estar caminando por las carreteras y los caminos en lugar de estar educando. Es inmoral que se les humille, se les insulte y se les someta continuamente a escarnio público. Es inmoral que se destinen grandes cantidades a rescatar el sistema financiero mientras se elabora un sistema educativo de bajo coste. Es inmoral que para garantizarnos un presente precario, sometamos a la generación que viene a un futuro de pobreza.

51 kms. Ojalá pudiera pensar que no se hará ninguno más. Ojalá.

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By | 2016-02-06T00:01:44+00:00 marzo 22nd, 2013|Uncategorized|0 Comments

Sobre el/la autor/a

Editor. Estudió Historia del Arte y se doctoró en Historia Antigua. La gente hace con su tiempo muchas cosas raras, incluso escribir novelas. A él le publicaron dos. A veces hace fotos y otras escribe artículos. Lo que le da de comer es dar clase.

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