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“Las mujeres tenemos una clase social, una posición étnica, una posición en nuestras relaciones sexuales y esto influye a la hora de vivir las desigualdades”, Assumpta Sabuco

“Las mujeres tenemos una clase social, una posición étnica, una posición en nuestras relaciones sexuales y esto influye a la hora de vivir las desigualdades”, Assumpta Sabuco

on Abr17

Una de tus conferencias se titula “Artivismo sangriento: de Pilar Albarracín a los nuevos movimientos feministas”. Hablabas en ella de la obra El origen del mundo que hizo la artista sevillana Pilar Albarracín como réplica a la famosa pintura de Coubert. En la obra había tantas bragas entrelazadas como tipos de mujeres existen. ¿Por qué esta reivindicación? ¿Se ha olvidado el arte de las mujeres?

Digamos que siempre se ha hecho una historia del arte que ha tenido a las mujeres como objetos y no como sujetos. En los sesenta, la segunda ola reivindicó cuál era el papel de las mujeres en la pintura. Chadwick tiene un libro que se llama Mujer arte y sociedad, que comienza con el momento inaugural de la Real Sociedad de Pintura en Inglaterra en el SXVIII. Cuando fueron a representar ese momento fundacional, había dos mujeres, Angelica Kauffmann y Mary Moser, una de ellas era hija de un gran pintor y la otra era muy reconocida. Pero cuando tuvieron que poner la imagen testimonial de la sociedad, el cuadro Los Académicos de la Real Academia, a ellas las representaron como dos bustos en la habitación. Eran cuadros dentro de un cuadro, objetos mientras estaban los pintores y modelos que eran hombres también. Es una forma de invisibilizar a las mujeres que han tenido una enorme contribución en el arte.

En el fondo al sistema le interesa seguir manteniendo una gran cantidad de mujeres en esa posición para no tener que cambiar ellos. Aunque también existen vínculos con artistas de otros sexos que admiran, valoran y reconozcen que existen otros tipos de feminidad y de “ser mujer” o a veces mujer artista, mucho más duras e independientes a los que también valoran estos hombres, pero con las que luego establecen un trato diferente al hegemónico.

¿Crees que Pilar Albarracín en cierto sentido reivindicaba ese tipo de feminidad?

Creo que ella iba más allá porque utiliza ese cuadro con el escándalo que suscitó, un cuadro que se basa en la vulva de las mujeres sin rostro para proponer una sororidad entre mujeres, unidas por sus ropas más íntimas, las bragas. Reivindica el proceso de conocimiento a través de las partes del cuerpo a las que se ha negado un poder simbólico por una razón, masculinizada, que reside en la cabeza. Es un saber íntimo que se expone colectivamente, con la sacralidad de los mandalas. Es una reivindicación decolonial de los otros saberes, de los conocimientos corporales.

Ahora mismo el arte del chocho, el arte-coño es un arte también muy consolidado en el que muchas artistas producen resignificaciones en torno a la vulva. Pilar Albarracín propone en su origen del nuevo mundo un cambio en las miradas. Ya no se trata de escandalizar mostrando lo que no se debe enseñar sino metonímicamente usando las bragas como parte de un todo corporal en el que las formas y los colores, los cambios generacionales en sus usos generan un nuevo diálogo, una nueva comprensión sobre el cuerpo femenino. Es mostrar y ocultar a la vez los secretos, ya no secretos de carne sino el secreto de una tela que cada vez se está minimizando. Esa evolución de las bragas de doble cuello como las que llevaba mi madre al minitanga o al no llevar siquiera nada.

Es recrear una comunicación entre las mujeres de cualquier edad, combinar los usos distintos apelando a las metáforas de los colores en el sentido de Victor Turner. El rojo, el blanco y el negro tienen una presencia ritual tan intensa porque evocan a las memorias del cuerpo, a la leche materna y al esperma, a las heces, al poder doble, de vida y muerte de la sangre.

¿Qué es el artivismo sangriento? ¿Qué papel juega la sangre menstrual en toda esta reivindicación de las mujeres en el arte?

A mí me parece que ahí está la radicalidad de la tercera ola. Va a lo más profundo, avanza más que en los años setenta donde se quemaban sujetadores en la petición de libertad sexual y social para las mujeres. El uso del rojo, de la sangre ahora es una reivindicación del dolor que, a veces, a muchas mujeres les supone la regla. Es una apropiación emocional, ya no estamos en esa nube de “me siento bien”, “te sentirás fresca y segura” con líquido azul. Están reivindicando buena parte de la anatomía que pertenecía más al último tabú, un tabú que aún sigue existiendo: el tabú de la sangre.

Además utilizar la sangre como elemento de reivindicación también es muy importante porque es una resignificación de todo el contenido con el que se ha hecho la sangre por parte de los Estados, de las empresas, del poder.

Un contenido de apropiación, es decir, la sangre en los soldados que morían en las guerras lo hacían por la madre patria. Y ahora es una madre que está pariendo y también sangrando, que sangra cada mes. Una mujer ligada a la vida y que se “recicla” mensualmente.

De hecho la copa de luna es esa conexión con el cuerpo femenino, con la grandeza que tiene sin caer en un feminismo de la diferencia que a veces ha causado una cierta deriva funcionalista en las políticas que asaltaban la feminidad y las otras maneras de llegar a una situación más igualitaria. Pero sin caer en esa igualdad formal de un tipo de feminismo institucionalizado que repetía muchos modelos de la masculinidad. Creo que el artivismo sangriento da un paso más allá, porque exhibe lo que nuestra sociedad camufla, porque reivindica el poder de las mujeres desde su propia corporalidad, otorgándole nuevas significaciones. No es la mujer reproductora o fértil, es una mujer que atraviesa diferentes etapas pero mantiene una ligazón más estrecha con la vida como concepto apartado o banalizado por la globalización.

Se ha dado un paso del espacio íntimo con las copas de luna que comentas, al espacio público asaltando los museos. ¿Crees que se ha tenido en consideración ese paso? ¿O se sigue criminalizando? ¿Está Pilar Albarracín todavía invisibilizada o se ha normalizado el artivismo sangriento?

Que se normalice el artivismo sangriento tiene una parte inevitable, porque los sistemas siempre se apropian de aquello que se opone a ellos como una forma de minimizar el carácter más subversivo. En este caso ha pasado lo mismo.

Usar la sangre para reivindicar y para crear metáforas del dolor de las mujeres y también sobre su grandeza, la capacidad de generar vida, nacer hombre y ser mujer… Sería el tercer eslogan de la tercera ola, “sí sangramos” o “no sangramos” pero tenemos un poder vital. Creo que ese poder vital es como un elemento que a la sociedad no le cuesta tanto recoger. Lo malo es que desde una mirada feminista, el modo en el que se puede apropiar de ese significado supone despojarlos de su repulsa, del carácter más de rebelión, de insurrección. El apropiarse de la protesta implica desactivarla, es el problema.

Yo creo que Pilar ha sido una mujer que siempre ha tenido un gran valor a la hora de exponer. Ella expuso la sangre de sus primeras obras en los ochenta y también durante los noventa cuando en Sevilla se celebraba la Expo y se negaba el dolor de las mujeres asesinadas por violencia machista, el temor a una sangre que en la época del sida aparecía y se representaba como un factor de contaminación. Cuando aquí se celebraba una expo 92 que era ajena a la sangre, en una Sevilla no tan remodelada como ahora, una Sevilla más dura, ella formó parte de ese temblor, de esa visibilización de lo oculto. En su obra, la sangre que es interesante porque reivindica un tipo de feminidad mucho más poliédrica. No es solamente sangre, vida o muerte o uno de los dos polos que decía Víctor Turner, es también una explosión de placer sexual, de evidenciar la hipocresía reinante.

¿Visibilizar la regla es visibilizar el cuerpo como espacio político?

Para mí, sí, sin duda. Es utilizar una metáfora mucho más potente que la carne, porque los cuerpos siempre son un arma muy intensa a la hora de crear oposiciones. La sangre nos traslada a un mundo metafórico más intenso y mucho más poderoso que la piel o la vulva. Es invertir la exterioridad de los cuerpos mostrando su interior, deviniendo y reivindicando un funcionamiento sobre el que no se tiene control, enseñando lo que formaría parte de las esferas íntimas e individuales de cada mujer. En eso radica su conversión como elemento público de lucha, de apropiación de nuestro propio cuerpo en unión con un devenir independientemente de las épocas.

Hoy es muy difícil ir a una manifestación feminista y no encontrar una pancarta donde se lea “Ojalá os diera tanto asco la violación como os lo da la menstruación”. Es algo normalizado, ¿crees que la nueva ola ha interiorizado el artivismo sangriento?

Lo creo y me gusta pensarlo.

Buena parte de estas nuevas maneras de utilizar la sangre no son sólo una forma de arte, sino también slogans o elementos recurrentes en el lenguaje. Tiene que ver con el dolor que se avecina. Es decir, hemos pasado de una aparente sensación de logros y de conquistas por parte del feminismo institucionalizado, discursos interiorizados donde las mujeres más jóvenes pensaban que ya determinadas protestas eran cosa del pasado. El ejemplo más paradigmático está con la ley del aborto, parecía que no íbamos a tener que volver a gritar que teníamos derecho al aborto libre y gratuito.

La propuesta de Gallardón, la defensa que construyó la derecha oponiendo al derecho de las mujeres, el derecho a la vida se integra en esta nueva manera de ostentar “la verdad”. Al enfrentar dos derechos, las ideologías neoconservadoras mantienen sus principios inalterados- su oposición al feminismo, a las familias diversas, a la toma de decisiones de las mujeres, su condena al aborto- pero lo legitiman al subrayar que un derecho, el derecho a la vida, está por encima del derecho al control sobre tu propio cuerpo. Se presentan como guardianes y defensores de una vida que ahora sitúan en el feto, en el no nacido, transmutándose en benefactores de la sociedad. Es muy peligroso este recurso a la oposición de derechos como estamos viendo. El peligro es dar por sentado que los logros del feminismo no tienen marcha atrás. En las últimas manifestaciones contra la ley de Gallardón hemos coincidido mujeres de mi edad que habíamos estado luchando por el aborto libre y gratuito desde principio de los ochenta, los noventa y nos mirábamos en plena menopausia, sin hijos por elección y riéndonos seguíamos entonando “Nosotras parimos, nosotras decidimos” y nos decíamos “¡Pues habrá que seguir!”

Ese es el significado de una ola, estás ahí con independencia de que te toque en ese momento luchar porque tu propio interés se vea comprometido. Lo interesante es que sigues ahí aunque ahora mismo a ti esa cuestión te pueda resultar más ajena. Creo que las metáforas de las olas remontan a esta cuestión, no puede resultarte nada ajeno. Dado el nuevo contexto ultraconservacionista que se nos presenta, quizá la metáfora de las olas implica tomar conciencia de que los derechos conseguidos, que las luchas en las que hemos vencido pueden perderse…

Son diferentes olas pero sigue siendo una marea.

Sí, si hay un movimiento constante. Y ese movimiento constante hace que resurja con más fuerza para llegar a la orilla cuando los sistemas de opresión vuelven a mostrar su repulsa hacia cualquier avance real en cuanto a las demandas feministas. Yo creo que eso es lo que está pasando. Si ahora se utiliza tanto la sangre es porque llevamos casi dos siglos ya luchando con dolor por un reconocimiento a la igualdad que se instrumentaliza y cuestiona, que sigue en peligro.

¿Notas ese retroceso como mujer que ha vivido esas luchas a partir de los ochenta?

No noto retroceso, noto un avance. Lo que pasa es que ahora vivimos en un momento que por supuesto es muy neopoconservador. Digo neo porque es conservador, con un ideario que ha variado poco, pero es una nueva forma de ejercer el poder. Pero los rechazos al feminismo han sido una constante en nuestra lucha y, por eso, prefiero subrayar y sentir la defensa de las generaciones más jóvenes que no quieren perder lo conseguido y que están siendo más conscientes de la necesidad del feminismo que otras generaciones que vivieron en la complacencia de la igualdad conseguida.

La era Trump lo demuestra con esta sustitución del papel de la primera dama por la primera hija. Esto tendría que preocuparnos porque es una manera de acercarse a mujeres mucho más jóvenes, las mujeres de una generación que como las Pussy Riot han puesto en entredicho a Putin. Es utilizar otro modelo, generar un modelo de feminidad donde no importan ya las mujeres de la generación de sus esposas. Se quiere apropiar fundamentalmente de las jóvenes porque considera que al “viejo feminismo” ya lo representaba Hillary. De modo que su fracaso es reinterpretado como una señal inequívoca del fracaso del feminismo político. Aquí vemos un terrible uso de cómo reconstruir el poder de los hombres, el dominio masculino ya no contra la afín, las esposas sino a través de su continuidad en las hijas. Unas hijas a las que se adroctrina para que reproduzcan el mandato del padre, para que evidencien la complicidad entre padre e hija como un nuevo modelo en las relaciones sociales de sexo. Y en los gobiernos esta cuestión, generar modelos de feminidad o masculinidad demuestra la importancia de las relaciones de sexo y el poder.

Si miramos hacia atrás vemos cómo Hitler o Franco lo primero que hicieron fue crear modelos de feminidad y de masculinidad que fueran afines o que se acercaran a los principios del régimen. Raquel Osborne lo analiza de forma brillante en su libro Mujeres bajo sospecha.

Siguiendo con la tercera ola y en relación con Trump, vemos últimamente cómo el movimiento feminista es muy hegemónico en las calles. Movilizaciones desde la Women´s strike a la Women´s March pasando por manifestaciones como la histórica del 8 de Marzo en ciudades como Sevilla. ¿Se está abriendo una brecha entre el feminismo más de calle y el institucional?

Nancy Fraser lleva tiempo diciéndolo, que esto significa el fracaso de los feminismos neoliberales. Creo que en parte tiene razón y en otra no estoy de acuerdo con ella. No se puede negar que todos los logros que hemos conseguido las mujeres son el resultado del esfuerzo de otras muchas que han dado hasta su vida por conseguir que votáramos, que fuéramos a la universidad, que pudiéramos sentirnos libres a la hora de tener sexo con quien quisiéramos, que han reivindicado el lesbianismo como una forma radical de escapar al control de los hombres… yo no creo que nada de lo que se haya hecho esté mal, pienso que puede ser mejorable pero sobre todo no creo que haya sido tan determinante para la emergencia de esa tercera ola con la que yo estoy emocionada, notándola y vibrando.

Es decir no creo que el feminismo institucional sea el que haya provocado una nueva emergencia del feminismo entre las más jóvenes, creo que han sido las fuerzas hegemónicas de la dominación masculina que no quieren perder nada de sus privilegios las que han impulsado esta toma de conciencia.

¿Crees que la interseccionalidad es un rasgo fundamental de esa tercera ola?

Creo que no. Es que es lo de la interseccionalidad es un nuevo nombre que debemos combatir porque estamos llamando a cosas antiguas con nombres nuevos y parece que hay nuevos problemas que no lo son.

Desde los años 70-80 millones de voces saltaron para decir que necesitábamos juntar elementos de desigualdad porque estaban funcionando conjuntamente. El cuerpo de una mujer no es solamente un cuerpo femenino, o un cuerpo más masculinizado, o un cuerpo trans… el cuerpo de las mujeres está a la vez articulado con, por ejemplo, una posición de clase.

No es lo mismo ser trans si vives en Manhattan y eres una multimillonaria ligada con las grandes familias de Hollywood donde vas a poder encontrar trabajo y vas a tener un capital social, económico y financiero que te permite situarte no en los márgenes sino donde quieras, que ser una mujer negra, lesbiana y refugiada en Dos Hermanas, exagerándolo mucho.

Pero no me gusta la terminología porque parece un nuevo descubrimiento y no es verdad, desde los ochenta hay producción feminista muy interesante donde hay voces de muchas mujeres negras, como Angela Davis por supuesto que insisten en la búsqueda de conceptos para articular las desigualdades. No es un sumatorio de exclusión sino un indicador exponencial de rechazos y expulsiones. No me parecería mal si lo llamáramos interseccionalidad por algo, pero me parece que es una nueva terminología más bien académica que quiere apropiarse de un debate que surgió en los ochenta y que sigue estando vigente para volver a darle importancia cuando nunca ha dejado de tenerla. . El problema es que sin nos quedamos debatiendo la aplicabilidad nominal o conceptual de las desigualdades estructurantes perdemos una energía que es muy necesaria para enfrentarnos a las nuevas batallas. A las nuevas formas de dominación.

Claro que las mujeres tenemos una clase social, una posición étnica, una posición en nuestras relaciones sexuales y esto influye a la hora de vivir las desigualdades. Y cuando hablamos de interseccionalidad parece que reúna a todas las maneras de desigualdad, entonces se puede convertir en una especie de cliché.

Hablando de interseccionalidad de clase, has nombrado en algunas ocasiones a la teórica feminista Cinzia Aruzza y su famoso libro “Matrimonios y divorcios entre marxismo y feminismo”. Cinzia piensa que la existencia del patriarcado va ligada hoy a la del capitalismo, están fusionados y es difícil encontrar los sistemas de forma aislada. ¿Qué opinión te merece esta teoría?

Estoy absolutamente de acuerdo. Si pensamos por ejemplo en los orígenes de la industrialización se utilizó la mano de obra de muchas mujeres, de niños y de hombres pobres. Los sistemas de desigualdad no funcionan separadamente, a veces confundimos las categorías analíticas con la realidad y la realidad es que si tú quieres entender cómo funciona un neoliberalismo y un capitalismo feroz no podemos despojarnos de qué está pasando con las mujeres, porque son la primera materia prima.

Además no convertidas en cosa, porque antes nos cosificaban, pero ya es que somos materia troceable, somos cuerpos fragmentados. Somos vientres de alquiler, como decía esta semana la tuitera Barbijaputa. Lo podemos llamar gestación subrogada y ella criticaba cómo muchos hombres con dinero que no quieren adoptar y quieren tener un niño propio pagan a una mujer pobre pero no lo dicen para tener un hijo suyo y de nadie más. Seguimos debatiendo sobre dónde encauzar la lucha o sobre el efecto causal entre factores de opresión. Hay que luchar contra todos ellos, articuladamente porque es así como funcionan.

¿En el momento en el que una mujer rica decida poner su vientre en alquiler hablaremos de una decisión libre?

El concepto de libertad está tan manoseado que nos lleva a situaciones confusas. Provoca enfrentamientos y divisiones entre personas de izquierdas que aún pretenden tener “una” verdad. La derecha en cambio no discute por ese concepto, llevan años estudiando cómo usarlo para sus propios fines. Por ejemplo cuando provocan en nombre de la libertad de expresión. Por eso prefiero el término autonomía como defiende Blanca Rodríguez. El derecho a poder elegir desde contextos donde podamos realmente ejercer nuestra toma de decisiones conscientemente, conocedoras de sus consecuencias colectivas, a largo y a corto plazo.

Es un debate muy al día. Hace poco veíamos las declaraciones de Íñigo Errejón y la polémica creada, buena parte del movimiento feminista se le echó encima.

Porque ha habido mucha ilusión en los cambios políticos, incluso en los movimientos que parecía que iban a romper definitivamente una manera muy establecida de defender a las mujeres desde un bipartidismo instrumental. Como afirma Saskia Sassen en esta pérdida de control, las mujeres en política obedecen más a un logro tastornado, el sistema de cuotas paritarias, que a las demandas feministas.

Resulta útil poner a mujeres en el ministerio de defensa como una exaltación etnocéntrica de las libertades occidentales. El problema es para quiénes es útil esta presencia femenina que no feminista. Hay más mujeres en política lo que podría dar a entender una mayor reflexión y aplicación de igualdad pero luego ha resultado que eso no era cierto y que tienen unos comportamientos e ideologías marcadamente machistas aunque las disfracen.

Los movimientos sociales feministas criticaban mucho el feminismo institucional, pero ¿y qué hay del feminismo académico? ¿Qué tienes que decir a esa crítica como doctora en Antropología de la Universidad de Sevilla? ¿Es la Universidad una burbuja que teoriza al margen de la realidad?

Creo que es una crítica necesaria, como todas, pero sin que se establezca un rechazo hacia los logros que ha materializado el feminismo institucional. No me parece tan criticable las limitaciones que ha tenido el feminismo de la academia que obviamente son fruto de un contexto muy fructífero en la producción de nuevos conceptos, nuevas metodologías de producción de lo real.

No es lo mismo ser feminista aquí, en la universidad de Sevilla, que ser feminista en otra universidad como la de Yale. La propia Judith Butler decía que se iba  a ser lesbiana a la universidad de Yale. Claro, si te vas a Yale te estás ubicando en uno de los centros de la geopolítica del conocimiento. Pero creo que ella, por ejemplo, ha sido una persona consciente de su poder, una de las primeras al darse cuenta y al asumir en un artículo donde claramente enlaza la performatividad, la precariedad y las condiciones estructurales, las aportaciones de mujeres situadas en los márgenes a  las que ella ha reivindicado desde su posición de privilegio.

Yo creo que hay una parte del feminismo académico que ha sido importantísimo: Teresa de Lauretis, Judith Butler , Amelia Valcárcel, Celia Amorós, Alicia Puleoo, Rosa Cobos, Simone de Beauvoir, Christine Delphy… muchas grandes autoras que han estado desde el pasado, un pasado corto en la academia porque las mujeres estábamos excluidas de la producción de conocimiento. Por eso la mera presencia de las mujeres en la universidad ya por sí era feminista, lo que no implica que todas las mujeres académicas lo sean.

La mayor presencia de mujeres en la academia no ha redundado después en derrocamiento de unas grandes estructuras tanto en la política académica como en la construcción de conocimiento. Ambos aspectos siguen estando dominados por hombres, las facultades que tradicionalmente hay un porcentaje mayor de mujeres como Geografía e Historia siguen teniendo cuadros masculinos. Y si lo vemos un poco a nivel plástico, tú vas a una clase donde vas a encontrarte a 35 alumnas y 2 alumnos y si tú les dices cuando los ves “no preocuparos que uno de vosotros llegara uno a rector y el otro a vicedecano” eso provocaría un revuelo entre las estudiantes mujeres. Pero no se percibe en el momento en que estas estudiando, en la ideología de la meritocracia y la igualdad de oportunidades. Es lo que pasa luego a la larga, o sea que no estamos solo ante el techo de cristal, es que pisamos un suelo enfangado, un camino establecido desde cauces machistas…

Creo que por una parte tenemos que ser conscientes de ello y por otra, como todo, hay veces que no todas las mujeres que han participado o que han intervenido en la academia han tenido planteamientos feministas, decir eso sería falso. Creo que es muy importante la participación de las mujeres pero no por ser mujer te conviertes en defensora del feminismo. Tenemos que entender el feminismo en todas las estructuras de producción de saberes.

Existe también un debate ahora, ¿son los conceptos feminizar y feministizar equivalentes?

A mí me preocupa más que mucha gente que está en la academia se apropie de discursos feministas. El problema no es que muchas de estas mujeres se dediquen a teorizar y combinarlo o no con el activismo, sino porqué el activismo se considera ajeno a la academia. En el fondo, cada vez está más relacionado porque si miras a las que teorizan desde el activismo son mujeres más jóvenes y generalmente universitarias.

Lo queer es muy interesante porque marcaba en el Estado español una línea divisoria entre el feminismo institucional y de la academia, de unas mujeres de cierta generación con luchas que cada vez se estaban cerrando en ciertos aspectos. El movimiento queer fue como una manera de apertura, de relajación, búsqueda de otros mecanismos mucho más performativos, de implicarse en una lucha directa… pero el problema es cuando caemos en el silogismo semántico, en el juego de las palabras y no tanto en los objetivos de una acción revolucionaria. Una de las críticas que recibió el feminismo queer fue el empleo de ese lenguaje excesivamente sofisticado. Y en el estado español, llegó tarde y despojado de sus vinculaciones activistas con la ruptura de dicotomías, con el compromiso – sin etiquetas de la lucha contra la estigmatización del SIDA.

¿Crees que ahora mismo el feminismo está siendo políticamente correcto? ¿Hay que hablar de la igualdad cuando sigue habiendo mucha legitimación de otras opresiones detrás?

Desde el SXIX, convertir la igualdad entre hombres y mujeres en un indicador de desarrollo apoyado en la monogamia heterosexual reproductiva y legitimada por el matrimonio, fue un elemento legitimador del colonialismo y sigue pasando en nuestros días.

Se sigue reproduciendo la opresión de las mujeres como un elemento de desigualdad. Ser poligámica, la cuestión del burka, de la opresión de las mujeres allí en otros contextos culturales o en la reproducción de un identidad política en nuestras sociedades llamadas occidentales… siguen sirviendo para legitimar su aparente lucha por el poder sobre el mundo aunque lo llamen “extensión de la libertad”.

Yo creo que ahí tenemos un problema grave porque necesitamos pensarlo con mucha más distancia. ¿Crees que es casualidad que ahora los matrimonios entre personas del mismo sexo –logro importante- sean más sencillos que derrocar o ampliar las leyes restrictivas del aborto? Seguimos estando reproduciendo la estructura matrimonial reproductiva aceptando que, bueno, ahora pueden ser dos hombres o dos mujeres porque lo hemos convertido en el icono de nuestra “evolución social”, porque reproduce un modelo básico en la configuración social. Se acepta el matrimonio entre dos personas y se le llama igualitario pero no aceptamos el reconocimiento al aborto libre y gratuito.

Volviendo a la Universidad, ahora mismo vivimos un austericidio de recortes en todos los ámbitos que desmontan nuestros servicios públicos. ¿Cómo está afectando esto a la Universidad? ¿Y en la visión de género? Hemos visto en Sevilla la polémica charla de VOX y el boicot, el caso del profesor machista acosador…

Creo que son malos tiempos para la Universidad pública. Los medios de comunicación están sacando a la luz muchas de las estructuras que, como todas las estructuras, tienen elementos claramente perniciosos y el machismo es uno de ellos. Pero vamos, está en la Universidad y en la fábrica, en la Iglesia… lo único es que ahora interesa poner el foco muy atentamente sobre qué está pasando con la Universidad pública porque estamos en un momento de privatización y de desmantelamiento de ese servicio a la ciudadanía. Y tienen que legitimar eso mostrando que ha habido situaciones de acoso. Aunque es cierto que la Universidad no ha actuado y tenemos que hacer una lectura y poner remedios mucho más contundentes a lo que se está haciendo. De hecho la Unidad de Igualdad ha elaborado un protocalo para detectar y controlar las situaciones de acoso.

En el caso de la facultad de Educación, este hombre llevaba desde hace mucho tiempo haciendo esto, con denuncias de hace seis años y casualmente sale ahora con una gran publicidad y una repulsa masiva. Y bueno, hace seis años con sus compañeras que eran profesoras ya, pero ¿y con las alumnas no lo hacía nunca? ¿Y esto nadie lo sabía? Yo creo que no. Él se mantuvo en su puesto mientras que las profesoras acosadas dejaron la Universidad y sufrieron graves secuelas en su carrera académica.

Pero hay que tener cuidado con elementos que los medios de comunicación publicitan y que tienen otros intereses porque es una forma de legitimar lo privado y ese garante de libertades individuales que es la presunción de inocencia.  Esto ya es el colmo de la hipocresía y el sarcasmo.

Vamos, que crees que se ha utilizado el machismo para deslegitimar a la escuela pública.

Totalmente. Es otro de los pilares en los que se va a acrecentar el prestigio de las universidades privadas desde un ideario claramente machista pero camuflado.

¿Qué te parece la respuesta que dieron estudiantes a esa charla de VOX sobre ideología de género?

Esto fue una provocación programada, querían convertir el género no en una categoría estructural sino en una ideología y que si hay una ideología feminista radical y feminazi, hay otra que es la buena. Al relativizar los logros del feminismo y reducirlo a “una ideología” se sitúan en un mismo plano, por supuesto aparente, desde el que formular y extender “su ideología de género”.

Me recuerda mucho a cuando mi madre me contaba que en los tiempos de Franco había dos tipos de guateques: los guateques de las que se portaban mal y las buenas, pues esto es parecido. Con el mismo argumento católico, y tampoco podemos olvidar que la Universidad, aunque sea laica, tiene muchos lazos con la religión se trata de revitalizar las construcciones de género que le interesan a la derecha. Entonces este tipo de libros y de formatos creo que se inscriben de lleno en la misma óptica que te comentaba antes. El desacreditar, el mostrar que el feminismo es una ideología más pero hay otras, es bastante peligroso.

Me parece peligroso no porque no puedan escribir libros, que sí pueden por supuesto pero explicitando lo que silencian: el retorno a la honra de las mujeres y al honor masculino del nacionalcatolicismo. Las feministas no tenemos tanto poder como para que no escriban libros, los escriben perfectamente financiados y subvencionados. Yo hice un trabajo aún no publicado sobre la cantidad de artículos que previamente están potenciados por la Iglesia católica con las universidades privadas y que abogaban precisamente por la dirección de ese cambio en los derechos que hizo Gallardón en el caso del aborto.

¿Qué opinas del protagonismo que están teniendo ahora todas estas organizaciones católicas? Ahora mismo tenemos un ejemplo claro con Hazte Oír y su bus tránsobo…

Creo que la solución es ignorarlos. Boicotear su ruta del odio.

¿No censurarías el autobús?

No, porque es precisamente la irritación lo que pretenden. Y si manifiestas la ira que te suscita esa provocación entonces inmediatamente  vuelve a aparecer “otro derecho”: la libertad de expresión. Lo que quieren es que los boicoteen. ¿Para qué van a montar sino un autobús que dice que las niñas tienen pene y los niños vulva? ¿Alguien no sabe eso?

Con ello quiero subrayar la eficacia de su estrategia para que podamos boicotearla de raíz. Usan la opinión popular para convertirla en una afirmación de derecho a la libertad de expresión. No es un autobús donde explícitamente se declaren en contra de la transexualidad o del feminismo. Parten de enunciar bajo la queja de que no se les escucha – hazte oír- lo que está arraigado en la opinión popular: la división dicotomizada de los sexos y los géneros como si fuera algo que necesita ser dicho.  ¿De verdad hay que montar un autobús para expresar que los niños tienen pena y las niñas, vagina? Es un discurso normativo y popular. Es lo que piensa la mayoría de la gente y han logrado tener un enorme eco en los medios de comunicación por las protestas que suscita, por el poder de irritar.

Es una ruta de la provocación en la que las opciones políticas adoptadas a nivel local pasan desapercibidas. Lo que consiguen es evidenciar el rechazo de las y los que protestan como un ejemplo de su intolerancia. Es un juego simbólico perverso pero muy eficaz. Los que parecen intolerantes, emocionales y llenos de rabia son los que protestan. Los que tienen el control sobre esa emoción y difunden un mensaje implícito de intolerancia parecen los perjudicados. Tenemos que romper esa red de inversiones.

Una de las estrategias de la derecha es enarbolar como verdadero y como mucho más importante la esencia de los derechos. Frente a los derechos de la mujer, los derechos del ser humano que no ha nacido, frente al derecho trans,el derecho a la “libertad”. Lo que intentan es convertir sus verdades en verdades sagradas, permanentes y universales. Demostrar que las otras verdades son verdades a medias, verdades solo para un grupo de gente, coyunturales, no eternas como las suyas.

Otro fenómeno que sobrevuela la Universidad tampoco exento de polémicas es el de los plagios. ¿Qué opinas de esta legitimación que hay con grandes cargos de la Universidad que plagian con impunidad?

Es lo mismo. Es cierto que la Universidad necesitaba reformarse desde hace mucho tiempo, y que hemos tenido reformas. El problema es hacia qué dirección han adoptado esas reformas. Porque no podemos decir que no ha habido reformas, ha habido muchas antes del 2000 y en avalancha desde entonces.  Estamos saltando a la comba con las reformas, cada dos por tres años, LOU, LOUM, en fin, ese reinado de acrónimos feroces. Y no solamente en la Universidad: en educación infantil, primaria, en secundaria… y lo único que se consigue es perjudicar al profesorado, al alumnado, a la enseñanza pública.

Han paralizado la vida académica, han convertido los salarios en salarios casi irrisorios, han incrementado los costes y la frustración en la formación, ha habido una precarización y luego han endurecido las condiciones en las que tú te conviertes en docente, en TFG, TFM, en egresado o masterizado. Han devaluado la formación, antes eras licenciado. Antiguamente el Bachiller Cervantes, tenía un prestigio vinculado a su nivel de formación lo tenías y pocos tenían ese título. Para muchas mujeres que nacieron en la posguerra suel sueño era que sus hijas e hijos fueran universitarios. Tuneaban el televisor y el salón con fotos de licenciatura, con las orlas. Y ahora lo han convertido en egresadas, que es que el nombre sin valor es… cuando acabas el grado ya no eres graduada, eres egresada. El nombre ya indica un poco esa falta de consideración social que se le está dando a realizar estudios y esto es horrible. Están devaluando la formación igualitaria.

Gran parte del alumnado está desmotivado, tiene que pagar más dinero por hacer el grado, después tiene que hacer un máster… y los tiempos para cumplir los trámites a veces son totalmente imposibles. Poder terminar el TFG, TFM –todo acrónimos- implica pagar más dinero… éste es el problema. Y otro es la  frustración en la docencia y en la formación. A los docentes nos reconocen 2,5 créditos de carga en los 6 créditos que cuesta una asignatura para el alumnado.

Las reformas se han ido hacia un lado estructural que dificulta y empobrece la eficacia de la enseñanza en lugar de ir hacia quienes están adoptando esas decisiones, quienes tienen esa autonomía universitaria… al final ha quedado en una cuestión más formal que efectiva.

¿Está haciendo el 3+2 y demás reformas que la gente salga menos preparada? Nos venden que somos la generación más preparada de la historia, ¿es cierto?

Se está notando cada vez más quién puede estudiar y quién no. Se está notando una mayor feminización pero también que muchos hombres lo que prefieren es ganar dinero cuanto antes porque es una manera de hacerse con el control de sus vidas.

Esto tendría que preocuparnos porque si unimos todo lo que estamos señalando, vemos que aunque seamos más mujeres en la Universidad, si se devalúa el contenido de lo que estudiamos, salimos perdiendo. La conexión entre las universidades y el mercado laboral que se supone que es el objetivo, se está viendo truncado por una realidad económica que convierte esto es una mentira.

¿A qué retos se enfrenta la Universidad hoy?

Creo que mantener buena parte de los principios que forjó una Universidad pública y democrática con muchísimo esfuerzo en los ochenta y en los noventa. Volver a recuperar una autonomía universitaria que ahora mismo está estrechamente vigilada, condicionada y sometida a juicio por parte del mundo exterior. Están condenando a muchas generaciones a la precariedad. Han paralizado la carrera académica. Hay que volver a dignificar el papel de la formación porque quieren asignarla al campo de lo privado, quieren asegurar la reproducción creciente de pobres y ricos. Recuperar la dignidad y la autonomía de lo realizado, de los saberes públicos es fundamental.

Y, por último, ¿qué retos tiene también el feminismo y esa tercera ola?

Yo soy muy optimista. Creo que son mujeres muy valientes, muy concienciadas, con muchas ganas, con una fuerte capacidad de crítica. Creo que es muy importante que sigamos generando esos lazos intergeneracionales, esos lazos de unión política y que no nos fragmentemos. Pero creo que el principal reto es el aguante.

Pero ahí las feministas siempre hemos sido fuertes.

Entrevista: Belén Martínez González (@belenlynx)

Fotografía: Alejandra Segovia (@voragine__)

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