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“El exorcismo cuando se hace por primera vez, tiene una cosa que es verdaderamente apasionante que es que piensas que puede suceder cualquier cosa”, Padre Fortea

“El exorcismo cuando se hace por primera vez, tiene una cosa que es verdaderamente apasionante que es que piensas que puede suceder cualquier cosa”, Padre Fortea

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José Antonio Fortea Cucurull (Barbastro, 1968) más conocido como Padre Fortea, es un sacerdote y teólogo especializado en la práctica exorcística. Hombre de elevada formación, ha estado durante un largo periodo de tiempo realizando su doctorado en Roma, objetivo que consiguió hace apenas un año con la tesis titulada Problemas teológicos de la práctica del exorcismo. Es importante destacar también su labor como escritor, cuyas obras pueden descargarse gratuitamente en su página web[1]. Actualmente ejerce su labor pastoral en la diócesis de Alcalá de Henares (Madrid).

El padre Fortea, como veremos, es un ser humano complejo, a veces hasta cierto punto contradictorio, debido sobre todo a la compleja labor que realiza. Muy criticado tanto dentro como fuera de la Iglesia Católica, lo cierto es que ha alcanzado una importancia relevante dentro del estudio del rito exorcístico. Su obra Summa Demoniaca es un compendio teológico sobre la naturaleza del mal que narra diversos casos a los que se ha enfrentado a lo largo de su prolija carrera.

He de reconocer a los lectores que he leído parte de este libro. Y cuando digo parte es porque no he tenido la suficiente fortaleza mental como para terminarlo. Cualquier persona, sea creyente o no, cuando se sumerge en la lectura de este “manual” se enfrenta a argumentos que chocarán muy probablemente con su concepción vital. Afirmaciones e historias que le llevarán a más de uno a enarcar una ceja sobre los mismos. Sin embargo, un sentimiento casi patológico de duda se inyecta dentro del lector, llevándole casi sin esperarlo a hacerse la pregunta obsesiva acerca de “¿y si fuese real lo que allí se cuenta?”.

Por ello, honestamente y por mi propia estabilidad mental decidí remitir con la lectura. Por estas razones supongo que muchos obispos se oponen a la práctica exorcística en sus diócesis, ya que la consideran una actividad contraproducente que provoca mala prensa a una Iglesia Católica que siempre se halla, a veces sin quererlo, en el punto de mira de la sociedad. No obstante, el Padre Fortea siempre ha defendido que “el buen conocimiento del mal lleva a Dios, del mismo modo un conocimiento deformado del bien nos aleja de este”.

Sin embargo, esta es mi experiencia como lector y mi opinión como persona, no una crítica hacia el Padre Fortea quien tan amablemente me atendió. Así mismo, después de conocerle posteriormente en persona, puedo afirmar sin temor a equivocarme que muchas acusaciones que se vierten sobre él (radical, homófobo, etc) son falsas. Se puede ser cristiano, musulmán, hebreo, budista o de cualquier otra confesión o simplemente ateo y diferir con su mensaje en parte o en su totalidad, pero uno se da cuenta que se encuentra ante una persona sorprendentemente abierta, respetuosa y sencilla.

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¿Cómo transcurre una jornada cotidiana en su vida y cuáles son sus aficiones?

Antes de responderte, quiero decirte que ya no me dedico al exorcismo. Desde que volví de Roma, me dedico a la escritura. Un día normal me levanto, desayuno y me voy al hospital para hacer guardia como capellán, allí lo que hago primero son mis oraciones. Rezo el breviario, después voy visitando las habitaciones para dar la comunión a los enfermos que me lo piden. También atiendo la petición de los enfermos que pidan la unción porque estén muriéndose y el resto de la mañana estoy en mi despacho trabajando en el libro que en ese momento esté escribiendo. Luego llego a casa, dejando siempre él “busca” para que me avisen si hay algún tipo de emergencia, y después de comer subo de nuevo [al Hospital] por si hay alguna persona más que quiera ser atendida. Después celebro misa y bajo al convento de las Úrsulas donde celebro la segunda misa y hago el rato de oración de la tarde antes de ir a mi casa a cenar.

Mi afición, antes de nada, tanto los días que tengo hospital como los que especialmente no los tengo, es la escritura, escribir los libros que se pueden ver en biblioteca forteniana online. Si bien es cierto que los días de hospital a veces no puedo escribir absolutamente nada ya que tengo muchas llamadas. Me gusta mucho leer novela, sobre todo postmoderna. Me gusta mucho la música clásica, aunque desde hace bastantes años lo que más escucho son bandas sonoras de tipo sinfónico. Me gusta mucho pasear, siempre tengo una persona u otra con la que me doy un paseo, y soy muy cinéfilo aunque prácticamente no voy al cine. Todos los días miro la programación de televisión y grabo los documentales que me puedan interesar y las películas y los voy viendo a trozos de unos veinte entre el almuerzo y la cena. Pero siempre estoy viendo eso, o documentales o películas.

¿A qué edad recibió la llamada espiritual? ¿Cuándo decidió usted que su vida debía de encaminarse hacia la religión?

Bien, yo no estoy del todo seguro. No sé si fue a los 15 o a los 16 años.

¿En la adolescencia?

Sí, fue en alguno de esos dos años. Pero no lo recuerdo con seguridad porque la primera vez que se me ocurrió pensé bueno va, veremos dentro de una semana. Habrá sido un pensamiento que me ha venido a la mente. Y la siguiente semana pensé lo mismo. Y entonces estuve durante un cierto tiempo en que, digámoslo así, la idea me rondaba la cabeza pero creía creer que no me iba a tocar un destino tan poco halagüeño. Y solamente poco a poco, muy lentamente, lo único que comprobé es que la idea permanecía y no se evaporaba como yo había pensado al principio.

Entonces, ¿fue en ese momento, con el pasar del tiempo, cuando usted comprobó que sentía vocación?

Sí, la aparición de la idea no tuvo caracteres demasiado extraordinarios. Simplemente fue una idea que me vino a la mente. Y mi pensamiento fue, ¿querrá el señor que yo me haga sacerdote? Eso fue todo, un pensamiento que a mí se me ocurrió. No oí ninguna voz, ni tuve una visión. Fue un pensamiento que yo pensé que era mío y me llamó la atención porque no se me había ocurrido antes. Y dije: “bueno va, dentro de una semana me habré olvidado de este asunto”. Bueno, yo creo que la primera vez pensé, ¡mañana ya me habré olvidado! Pero lo cierto es que no, que el pensamiento continuó no como algo angustioso, simplemente estaba allí. Por eso no puedo decir que fue una llamada demasiado extraordinaria. Fue después cuando ya entro en el seminario, sin ninguna ilusión, ya que yo entré en el seminario como el que no quiere decir que no a Dios. Simplemente eso. Yo había tenido mi conversión a los quince o dieciséis años, antes ni siquiera iba a misa y entonces me parecía mal decir que no a Dios de forma tan expresa. Pero al final, cuando decido ir al seminario, no voy con algún tipo de alegría, voy como el que va renunciando a toda una vida de muchas cosas placenteras para convertirme en un sacerdote que en ese momento simplemente me parecía un sacrificio total.

Fue cuando entré en el seminario, cuando comencé a sentir una alegría y un gozo que no había sentido nunca. Me llamó mucho la atención.

A pesar de que usted  acaba de decir que ha abandonado su práctica como exorcista, me gustaría saber cómo se inició en ese camino. ¿Fue por mandato de la Iglesia o fue usted mismo quién lo decidió así?

Bueno, la historia fue, como podría yo decirlo… un paso llevó a otro paso. Cuando yo me pongo a hacer la tesis de licenciatura, yo pensaba dedicarme después a la literatura y no al exorcismo. Para mí en ese momento, solo tenía que hacer la tesis de licenciatura y se acabó. Sin embargo, cuando acabo la tesis comenzaron a llegarme algunos casos sueltos. Y ahí fue cuando yo, con mucha reticencia, le dije a la persona que viniese a verme. Solo y exclusivamente la acepté porque yo sabía que en España en ese momento no había ningún exorcista. Si hubiese habido uno, aunque hubiese estado a 500 kilómetros, le hubiese dicho “no, no, vaya a ver a ese exorcista”. Sin embargo, yo sabía que no había ninguno en esa época. Entonces lo acepté. Después de esto, hubo un segundo caso, un tercero, un cuarto, un quinto… Tardé años, un par, en entender que eso no era una fase temporal sino que el exorcismo había venido para quedarse en mi vida.

Entiendo, ¿Cómo le marcó este hecho a usted? ¿Le ha influido a lo largo de su trayectoria como sacerdote?

Sí, realmente es algo que no se puede hacer sin que eso no tenga consecuencias. Puedo decir que el exorcismo continuado hizo que yo dedicara mucho más tiempo a la oración y que entendiera en toda su profundidad lo que es el más allá. La existencia de la condenación eterna. Todo eso fue desde un punto de vista religioso bueno porque siempre lo tuve muy claro, hay que ser consecuentes. No cabe el dedicarse al sacerdocio con medias tintas.

¿Usted recuerda su primera experiencia como exorcista?

En mi primer exorcismo realmente no tuve miedo porque estuve acompañado por varias personas. Un psiquiatra y su amigo, el marido de aquella mujer. Yo tenía una curiosidad científica por ver que sucedía. Sí que es cierto que la primera vez de todas me preguntaba. “¿y qué puede ocurrir?”. Porque como había escuchado tantas cosas… pero al mismo tiempo no tuve miedo, tuve más bien interés por estudiar ese fenómeno. O sea, el exorcismo cuando se hace por primera vez, tiene una cosa que es verdaderamente apasionante, que es que piensas que puede suceder cualquier cosa.

En su opinión, ¿por qué la Iglesia Católica pretende ocultar esta actividad?

Bueno, yo siempre he seguido la política de la mayor apertura posible dado que esto es una cosa buena, por lo que no hay porqué ocultarla. Si que no se puede traer a los medios de comunicación, porque se convertiría en un espectáculo, en un mal espectáculo. La confesión puede ser una cosa muy noble, pero no traemos a los medios de comunicación al confesionario. Pues esto es algo parecido, pero fuera de ese aspecto, yo considero que la apertura es algo bueno puesto que a nadie se le obliga, ni se cobra nada. Lo que estamos haciendo es ayudarle y si la persona considera que no le estamos ayudando, no hay una obligación de seguir viniendo. Es más, vienen mientras quieren, nunca se hace un exorcismo contra la voluntad del poseso. Otra cosa es que, queriendo que se le haga el exorcismo, una vez que empiece el ritual, el demonio se manifieste y no quiera que continuemos con ello.

Aprovechando que usted ha mencionado que gracias a la práctica del exorcismo usted pudo comprender mejor “el más allá”, la pregunta es evidente, ¿usted cree en la existencia del infierno como un lugar físico?

La Iglesia siempre ha defendido la existencia del infierno, pero el infierno como un estado de condenación. La Iglesia nunca ha dicho el infierno está aquí o está allá, siempre ha hablado del infierno como un estado de condenación y la Iglesia ha dicho eso, porque sabe que los cuerpos se destruyen aquí en la tierra y lo que va al más allá son las almas. Y puesto que las almas no ocupan ningún espacio, el infierno no puede ser un lugar físico. Ni los autores medievales hicieron nunca descripciones geográficas, físicas, de dónde estaba el infierno. O cómo era físicamente el infierno. Eso lo harán los creadores de literatura ya a partir de Dante, pero antes siempre se había hablado del infierno bajo términos estrictamente teológicos. Y aunque después la literatura, como digo, sí que se va a dedicar a plasmar todo aquello, la Iglesia siempre habló de estados de condenación.

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¿Qué podría hacer el ciudadano común para combatir el mal existente en la actualidad?

Eso es muy sencillo. Lo que tenemos que hacer para combatir el mal, es cambiarnos a nosotros mismos. Hay que tratar de ser lo mejor que podamos. Y en la medida en que uno tenga más poder e influencia en la sociedad, debe tratar de mejorarla. Evidentemente no tiene el mismo poder Bill Gates, que un pobre señor jubilado. Cada uno que haga lo que pueda. Pero lo esencial es que primero nos cambiemos a nosotros, que nosotros nos hagamos mejores.

Como usted sabrá, a día de hoy estamos asistiendo a la reaparición de antiguos paganismos que ya creíamos extinguidos. ¿Por qué cree que actualmente la gente prefiere acudir a estas religiones tan antiguas, abandonando así el culto a la Iglesia Católica? ¿A qué se puede deber?

Efectivamente, por poner un ejemplo, que se pueden poner muchos otros, yo estaba viendo un reportaje sobre Islandia y allí aparecía que las parejas que querían casarse, además del rito cristiano, tenían un sacerdote de las viejas divinidades paganas que les oficiaba la boda. Frente a la belleza del evangelio, frente a la profundidad de las palabras de Jesús, contraponer los cuentos, las mitologías romanas, griegas, escandinavas… Realmente no hay punto de comparación.

Por eso los paganos se convirtieron al cristianismo. Cuando ellos escuchaban el mensaje de Cristo, se daban cuenta de que allí estaba la verdad. Todos los pueblos de Europa se convirtieron, simplemente a base de emplear misioneros. ¿Por qué ahora hay gente que vuelve a aquello? Bueno, yo creo que en el fondo es un modo de decir “creo en algo”, pero en algo que no me exige unos mandamientos. No me exige un cambio de vida, simplemente creo en algo más allá de la materia, pero sin darle mucha importancia porque realmente si alguien que se lo toma muy en serio, se pregunta de dónde han salido todas las cosas, de dónde han salido esas entidades etc. Evidentemente no va a lograr hallar las respuestas que esos cuentos, que esas mitologías antiguas ofrecen. Al final, si existen seres espirituales el único lugar del que pueden salir es de Dios.

Yo entiendo a la gente que dice, “soy ateo”. Vale, solo hay moléculas, átomos, electrones. Pero si uno cree que existen espíritus, estos solo pueden salir de Dios. Los espíritus, no pueden salir de ningún otro lado.

Aprovechando que está diciendo esto, lo cual resulta muy interesante, ¿también pueden salir de Dios espíritus malignos?

Si Dios existe, solo pueden salir de él espíritus buenos. Lo que pasa es que Dios nos otorgó el libre albedrío, tanto a nosotros como a los espíritus angélicos. Y con el libre albedrío podemos convertirnos en seres muy buenos o irnos empeorando. Y algunos acaban empeorándose mucho. Aunque otros acaban mejorándose mucho gracias a la gracia de Dios.

¿Cómo definiría el mal?

Bueno, la definición clásica del mal, procedente del neoplatonismo a finales del Imperio Romano, está acuñada de forma definitiva. Según esta, el mal es la carencia de un bien debido.

¿Y el bien?

Buena cuestión [risas]. El bien es lo apetecible.

¿Qué visión tienen dentro de la Iglesia del demonio? ¿El demonio como un espíritu maligno? ¿Un ser real físico en forma de carnero?

El demonio es una entidad espiritual que libremente escogió el camino del mal. Y en ese camino de transformación llegó un momento en que se convirtió de forma irrevocable en un ser maligno. Por lo tanto no tiene cuerpo, no tiene una forma visual. Es una entidad espiritual maligna para la que no cabe ya redención.

¿Podríamos decir que es el único “ser” que jamás se podrá redimir?

Bueno, no existe un solo demonio. Existen muchos demonios y también es de suponer que existen almas condenadas. Almas humanas [silencio].

¿Cuál es el lugar en el que usted ha sentido mayor nivel de energías negativas? ¿Y al contrario, en el que haya sentido una mayor paz?

Yo no siento nada negativo en ningún lado. Yo no.

Me sorprende que me diga usted eso [risas].

Sí, hay gente que me lo dice. No siento una dignidad maligna ni he visto nunca un espíritu. Sin embargo, donde sí que me encanta orar, donde sí que siento una devoción, unas ganas de recogerme en la oración, es en las grandes catedrales góticas. Allí sí que siento muchos deseos de hacer oración. Me siento embargado por esa belleza.

¿Por qué ha decidido dejar de lado su labor como exorcista y dedicarse a la escritura?

Yo atendía antes todos los días, u cuando digo todos los días, digo todos los días de la semana durante años. Pero en un momento dado, cuando volví de hacer mi tesis doctoral en Roma, yo sentí con claridad que el Señor me pedía que me dedicara ahora más a los libros. Siendo que ahora mismo ya hay un buen número de exorcistas en España.

¿Podemos encontrar un mensaje de esperanza en el panorama actual?

Yo creo que Europa, ha escogido un camino de alejamiento de Dios. Eso es evidente que cada vez menos gente en Europa cree en Dios, menos gente ora, menos gente adora al Dios cristiano y a cualquier Dios único y todopoderoso. Europa sí que sigue en bloque un camino de alejamiento del creador. Para los que somos creyentes, creemos que eso a la larga acabará produciendo gravísimas consecuencias. Como ahora mismo la tendencia es muy clara, pues aunque no veamos ningún castigo divino, sí que estoy seguro que en el futuro, el camino que hemos escogido producirá frutos muy negativos.

¿Qué consecuencias creé que puede acarrear esto?

Las consecuencias de alejarse de Dios, no es que caiga el fuego directamente desde el cielo. Sino que conforme la gente va más alejándose de Dios, reina más el pecado y al final el hombre se acaba convirtiendo en un lobo para el hombre. Casi siempre el castigo de Dios consiste en dejar que los frutos malos que nosotros estamos plantando y cultivando florezcan plenamente.

Aprovechando que usted ha mencionado anteriormente que estuvo un largo periodo de tiempo en Roma realizando su tesis doctoral, si tuviese que elegir un lugar de Roma en el cual pasar horas y horas, ¿cuál sería?

 [Largo silencio de reflexión]. Es complicado ya que realmente yo iba a celebrar misa cada día en un lugar, realizaba la oración en otro… por lo que realmente tenía varias Iglesias cada una con una función. Pero yo creo que la Iglesia más bonita del centro de Roma, está en el Trastevere, y es Santa Maria in Trastevere. Esa es mi favorita, de las del centro de Roma. Allí he ido muchas veces a misa y es una preciosidad.

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Habrá que acudir [risas]. Puesto que estamos concluyendo la entrevista Padre Fortea, me gustaría preguntarle, ya que tiene una faceta como escritor importante, ¿cuál es su obra literaria favorita?

Bueno, eso te lo digo rápidamente. Mi libro favorito, el libro que he necesitado toda la vida para escribir lo que he escrito es una novela sobre la creación de los ángeles y se titula, Historia del mundo angélico.

Por último, si le pregunto acerca de su frase favorita en latín, ¿cuál me diría?

¿En latín? Uhm no, no tengo una máxima favorita. Al igual que no la tengo ni en inglés ni en italiano, que es otro idioma que hablo.

Yo también, veo que compartimos gustos. ¿Qué le ha parecido esta entrevista, con sinceridad?

Muy bien, si la pones por escrito vas a tener para varios artículos. Ya verás como luego esto da mucho de sí.

José María García Núñez (@artal92)

[1] http://bibliotecaforteniana.blogspot.com.es/

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