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La seducción de las palabras: Un viejo que leía novelas de amor – Noemí González

La seducción de las palabras: Un viejo que leía novelas de amor – Noemí González

on Dic26

Un viejo que leía novelas de amor es una novela corta en la que se da cuenta de la pasión por la lectura, una afición que llega a embaucar al más pintado

He de confersarles que no soy una apasionada de la novela hispanoamericana. No. He leído a García Márquez, a Vargas Llosa, a Sábato, pero ninguno de ellos me llega a conquistar del todo. Hay cosas que me gustan y otras no. No soy una fanática ni devoro todo lo que cae en mis manos de lo que provenga del otro lado del Charco. Cortázar es otra cosa, pero eso ya formará parte de otro artículo. Quizá por eso me ha sorprendido la novela corta de un autor chileno, Luis Sepúlveda, que ha sabido removerme movimientos como la ternura, el honor o el concepto de amistad con la lectura de Un viejo que leía novelas de amor.  En apenas 135 páginas es capaz de hacer una radiografía de la selva amazónica y de tribus que viven en ellas como los shuar. Hombres ‘primitivos’, sujetos a la ley impuesta de manera ancestral en la que prima sobre todo el respeto a la selva y a la Madre Naturaleza. La amenaza del hombre blanco y del progreso acaba por irse abriendo paso en medio de la espesura, pese a los intentos por conservar lo de antaño, lo de siempre, lo ‘eterno’.

No obstante, esa Naturaleza de vez en cuando se rebela y se cobra sus víctimas, aunque sea con forma de un animal herido como madre, como hembra, una hembra a la que se le arrebata todo de un solo disparo. Un golpe y zas. Se acabó. Luego tocará reclamar lo propio a zarparzos. Ésa es una de las enseñanzas que invitan a reflexionar tras la lectura de esta novela protagonizada por Antonio José Bolívar Proaño. Un hombre ya mayor que se ha tenido que hacer a la selva sí o sí tras huir de fantasmas del pasado como la infertilidad de su esposa, el qué dirán de su pueblo natal. Proaño no será ya de ninguna parte, pero pertenecerá a la selva. Vive como un shuar, caza como un shuar, pero no es uno de ellos. El Idilio será su refugio, aunque se trata de un pueblo controlado por un alcalde de los que impone su ley sí o sí. De los que hace y deshace a su antaño, un cacique en toda regla, vamos.

Pero nuestro viejo protagonista, que debe sobrevivir haciendo lo que sabe, cazar, descubre una distracción nueva, diferente: la lectura. Ese aspecto es lo más interesante de esta obra donde Sepúlveda, conocedor del Amazonas en profundidad,  hace un alegato en favor de la cultura. Saber leer conlleva algo tan material como el poder votar (algo que se refleja en el libro)  o poder descubrir nuevos mundos, otras culturas o países que no conoceríamos en ningún caso o meternos en la piel de un protagonista de una historia de amor que nunca hemos vivido. ¿Qué es el amor? ¿Qué es la pasión? ¿Qué es besar ardorosamente? Todas estas cuestiones se las plantea en una deliciosa prosa (sencilla, clara, con indigenismos en algunos casos) el personaje principal de esta novela en la que se retrata un pedazo de selva majestuosa, tierna, madre y enemiga a la vez. No se la pierdan.

Noemí González

Título: Un viejo que leía novelas de amor

Autor: Luis Sepúlveda

Fecha de publicación:1989. Quinta edición en colección Maxi: julio 2010

Editorial: Tusquets Editores. Colección ‘Maxi’

Número de páginas: 135

ISBN: 978-84-8383-530-2

Curiosidades: traducida a treinta y tres idiomas. Más de cinco millones de ejemplares se han vendido de esta novela

 

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