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La Semana Santa en la literatura

La Semana Santa en la literatura

on Dic19

Sugerente título ¿verdad? Puede que muchos penséis que sí, otros muchos opinéis que no y a todavía más lectores les resulte indiferente el tema pero es un hecho comprobado que esta semana única ha suscitado variopintas reacciones en escritores de distinto pelo y en los consiguientes lectores que han apostado por su lectura, sobreviviendo con un heterogéneo cúmulo de sensaciones al dar concluida y justa lectura al manuscrito que, exhausto, queda rendido a su veredicto.

Son muchas las compilaciones de textos “semanasanteros” de siglos pretéritos, algunas de ellas llevadas a término con gusto, y hasta con éxito si tenemos en cuenta el público al que van dirigidos. Un buen ejemplo de ello es la obra de María Rosa Requejo Conde titulada La Semana Santa sevillana en la Literatura de los siglos XIX y XX, tesis convertida con acierto en libro cofrade en la colección Guadalquivir, libro que tendremos la oportunidad de tratar en posteriores entregas.

Quiero en la presente, traer a cartelera obras que no merecen pertenecer al género, al menos en el modo en que han entrado en el mismo y suscitan resquemores entre quienes quisieran, como yo, que el género conservara la pureza de la que es merecedor.

Sin más preámbulo paso a comentar un libro titulado nada más y nada menos que SEMANA SANTA, en mayúsculas, una novela de David Hewson editada por Martínez Roca en 1997 si bien el texto quedó finiquitado en 1996. En la cubierta, que se adjunta para comprobar la veracidad de los hechos, se anuncia que se trata del Thriller del año y, como gancho para el lector incauto, se añade una sentencia que no deja indiferente a nadie: Penitentes y asesinos en Sevilla.

Bien, vaya ante todo mi juramento de que no pertenezco al grupo de rancios sevillanos que se escandalizan porque la Semana Santa no sea tratada del modo tradicional, entendiendo este como el populista o folclórico que muchos desean e incluso esperan. Pero es que es imposible resistirse a criticar este libro que cayó en mis manos por casualidad, en un mercadillo, un libro en el que se aprecia en la portada la imagen de un nazareno. Antes de empezar la lectura de esta novela, que bien podría encuadrarse en el género negro sin más pena ni gloria que la que merecen sus entresijos y vericuetos, me encontré con una nota del editor que, explícitamente ponía, anticipándose a críticas como la que me preparo a acometer, lo siguiente:

“Pese a que el autor ha incurrido en diversas incorrecciones históricas y de ambientación, algunas ya subsanadas en la traducción, el editor ha decidido conservarlas en bien de la estructura narrativa de la historia. Esperamos que los lectores sepan disculpar estas pequeñas licencias, que enriquecen y consolidan la progresión dramática de la narración”

Corto, el comentario se queda corto. Es una manera educada de justificar lo injustificable. El libro no trata de Semana Santa; es más, esta ni se intuye. El autor, que probablemente no tenga ni puta idea de nuestro folclore, ha querido utilizarlo como reclamo de ventas y, lo peor de todo, la editorial se lo ha permitido. Y si nos ponemos a hablar de la Fiesta Nacional, sí, sí, de los toros, nos echamos a llorar. De eso sí que hay algo, deslavazado e incomprendido pero con la mala fortuna que es utilizado como modus operando del asesino, circunstancia que hubiese bastado para tomar otros derroteros y crear una historia totalmente diferente que, quizás, pudiera haber encandilado.

La visión de un nazareno en la portada de un libro que se titula Semana Santa no debe llevar a engaño y yo, que me he leído hasta la última letra de las 345 páginas de este bodrio me siento engañado y comprendo, claro que lo comprendo, que este libro, este autodenominado thriller del año haya desaparecido de las librerías y de las secciones de libros cofrades. El término “penitente” aparece exclusivamente en la portada del libro y su concepto, seguramente desconocido por el autor, es imposible de identificar a lo largo de las páginas. Recordemos que la palabra penitente procede de una palabra tan llena de significado como es penitencia. Mejor no seguir por aquí, que si no…

El lector se confunde con la trama. Vale, yo me distraigo. Sevilla no se reconoce como tal, menos mal, es un detalle. No aparece ninguna imagen, un milagro y el único “encapuchado” que viste túnica colorada debe de preocupar a los hermanos de La Lanzada o a los del Cerro pero confío en que ya hayan  perdonado esta mamarrachada literaria de un autor del que dicen en la contraportada “un excelente novelista inglés, que ha aprendido muy bien la lección durante sus reiteradas estancias en Andalucía, demuestra que todo es posible en Sevilla, en Semana Santa”… con dos cojones.

Para terminar, recomiendo no leer este libro como libro cofrade y si alguien conoce a este visitante de nuestra tierra, que le regale un libro de los del Padre Federico Gutiérrez que puede que haga sus delicias y le permita aprender un poquito de lo que es nuestra Semana Santa.

Propongo, ruego… a la revista Distopía que me permita coordinar una sección sobre este rico género literario como es la literatura cofrade, un género menor pero que se hace grande en una ciudad tan digna como la propia Sevilla. Si ello es posible, en breve verá la luz el segundo capítulo.

Francisco Javier Torres Gómez

 

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