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Talento extravagante a las seis cuerdas y un cubilete de piezas de pollo de KFC encasquetado en la cabeza

Talento extravagante a las seis cuerdas y un cubilete de piezas de pollo de KFC encasquetado en la cabeza

on Jun2

Para todo rockero amante del sonido de una guitarra eléctrica no hacen falta más señas, seguro que ha acertado de quién se trata. Pero quizás haya que dar más pistas a los menos espabilados o a aquellos que aún no se han dado un buen baño de rock metalero.

Saltándonos las normas de lo político y correcto, este puto genio de la guitarra asombra tanto por su virtuosismo como por su extravagante presencia sobre el escenario. Imagínense el panorama: un tipo desgarbado con una máscara en la que emula al mismísimo Michael Myers (sí, sí, el que se carga a todos en cualquiera de las pelis de Halloween) y un sombrero confeccionado con un cubo de cartón de esos que se llenan de palomitas, alitas o trocitos en el KFC. Un loco, eso es lo primero que se nos puede venir a la cabeza. Nos puede dar miedo e incluso risa pero, cuando empieza a tocar, el diálogo vira inevitablemente a la música pues de su instrumento comienzan a surgir miles de notas concatenadas que nos impiden fijarnos en cualquier cosa que no sea él mismo.

Se hace llamar Buckethead y, si se entiende un poco de inglés (aunque en nuestro curriculum ponga inglés medio) sabremos el porqué de su mote. Este enigmático personaje es reacio a revelar su auténtica identidad y, por supuesto, su verdadero rostro, acciones que nos parecen secundarias cuando lo vemos encima de un escenario convirtiendo la música en el único lenguaje que importa. En cualquier caso, se sabe que se trata de Brian Patrick Carroll, músico, multi-instrumentista y compositor oriundo de California que ha llegado a dar a luz hasta 270 álbumes (bendita Wikipedia), sin contar las múltiples colaboraciones que ha realizado con bandas de gran nivel. Entre ellas destaca su puesta en escena con los mismísimos Guns ´N Roses, sustituyendo a Slash desde 2000 hasta 2004. Y eso que los astros no se alinearon para que sustituyera a John Frusciante con los Red Hot Chilli Peppers, pues se presentó al casting sin saberse los temas y deslumbró a la banda.

Sobrado de talento, ha cultivado todos los géneros y estilos habidos y por haber, si bien parece que el rock es el que mejor combina con su singular puesta en escena. En ella, además de su estrafalaria indumentaria, realiza con regularidad pasos robóticos y regala e incluso intercambia juguetes con los espectadores, los cuales lo adoran.

Buckethead es todo un personaje. Su página web, Backedheadland, es un claro ejemplo de ello. Pese a esta cibernética ventana al mundo, Brian no suele conceder entrevistas y protege una identidad que resulta del todo misteriosa para quienes quieren profundizar en el tema. Cuando se tiene la suerte de hablar con el hombre detrás de la máscara, él no duda en hablar sobre el personaje en tercera persona pues es así como prefiere referirse a su inaudita invención.

Uno, que acarrea una larga carrera rockera desde el punto de vista del melómano y que no ha dejado de escuchar composiciones de seis cuerdas desde que era un chaval, se descubre ante el talento de un virtuoso guitarrista que reconoce la influencia de un sinfín de músicos que quizás pudieran devolverle el detalle en forma de recíproco destape de sombrero (o cubo de pollo frito). Entre estas confesas influencias se encuentran artistas de la talla de Yngwie J. Malmsteen, Hendrix, Angus Young, Satriani, Van Halen y hasta el mismísimo Michael Jackson, lo que demuestra su plasticidad y su capacidad para captar en un proceso creativo sin límite. Pero su reconocimiento público alcanzó su apogeo con los Guns, con los que llegó a grabar Chinese Democracy.

Buckethead es un virtuoso, ya lo hemos dicho, pero no solo de la guitarra. Su dominio del banjo, del bajo y hasta del piano desde temprana edad son prueba de la madera de la que está hecho este estrambótico niño hecho hombre que recibió clases del mítico Paul Gilbert, con quien aprende y perfecciona la técnica del shred, y que orbita bajo la influencia de Pebber Brown. Se denomina shred a la excelencia instrumental llevada al límite tanto en técnica, velocidad y complejidad. Es el éxtasis de la composición, el momento de máxima exhibición musical y mayor admiración de quien escucha. Se trata de un término asociado al heavy metal y al rock, pero queda reflejada perfectamente en otros estilos tan dispares como el blues y el jazz.

Aunque Buckethead es uno de los grandes gurús capaces de crear shred, los orígenes del término los encontramos en tiempos pretéritos, esos en los que nacía un rock que dominaría la escena mundial y que estaba abanderado por grupos tales como Deep Purple. Estos, con Ritchie Blackmore a las seis cuerdas, implementarían un estilo peculiar que derivaría en la creación del Speed Metal o del Power Metal. En ellos la música clásica jugaba un importante papel en cuanto a su influencia, influencia más que demostrada por talentos como Randy Rhoads o el mismo Malmsteen.

Dejando de lado términos rockeros y centrándonos en nuestro peculiar rey del pollo frito (nada que ver con Ramoncín), Buckethead va absorbiendo las enseñanzas de los maestros en ejecución y composición hasta crear un estilo propio ya cultivaban y siguen cultivando grandes como Jason Becker, Vai o Satriani.

Las influencias de Buckethead no son solo musicales: las películas de terror, jugadores de baloncesto e incluso distintas sagas de comics figuran entre las raíces de este personaje inimitable que no duda en confesar que hasta Bruce Lee ha tenido parte de culpa en su invención.

Siendo aún solo un adolescente ya había abandonado la banda Class-X y, ni corto ni perezoso, sorprendió a todo un grupo de expertos de la revista Guitar Player con su tema Brazos, que los dejó sin palabras. Se gestaba su aparición en escena. Sus pinitos musicales fueron surgiendo con cuentagotas en forma de temas que concursaban en distintos certámenes o incorporándose a distintos grupos de distinto éxito. Hasta que en 1992 se une a cuatro músicos más para formar Praxis. Este cuarteto de auténticos señores del rock no eran unos desconocidos: Bill Laswell, Bernie Worrell, Bootsy Collins, y Bryan “Brain” Mantia. A partir de ese momento su fama se extiende de tal modo que la incorporación a la banda de Axel Rose no es casualidad. Sin embargo, su trayectoria no queda ahí. Muchas son las bandas en las que ha formado, muchos los discos que ha grabado (tanto como solista como de mercenario) y muchas son las películas que llevan a gala sus interpretaciones como motivo central de su acción. Pero el mejor modo de conocer a Buckethead es escuchando su música.

Imprescindible es el trabajo que vio la luz en 2015, Along the riverbank, un álbum en el que quedan patentes su excelencia y su versatilidad, así como su genio compositor. Todo ello acompañado de un sonido impecable y una perfecta producción. Es un buen punto de partida para buscar la historia (muy interesante, lo adelanto) de uno de los mejores guitarristas de la actualidad y, me atrevería a decir, que de la historia de la guitarra eléctrica.

Escuchar la música de un genio es comprender que existe algo que va más allá de nuestros sentidos. El heavy metal es un estilo musical muy rico que ha sido despreciado repetidamente por quienes se han mostrado intolerantes a las líneas marcadas por lo convencional y comercial. En contra de este imagen estereotipada, discos como los de Buckethead nos dan una lección de humildad pues la ejecución de dichos intérpretes no solo toma raíces de estilos cercanos como el de Meola sino que recogen el legado de los compositores de Música Clásica y lo reinterpretan con instrumentos de marcas icónicas como Gibson, Ibanez o Fender. Guitarras todas ellas utilizadas por nuestro robot del pollo frito para deleite de aquellos que tienen la suerte de escuchar sus temas.

Tras todo este alegato, no debería nadie comprar un cubo de pollo frito en KFC sin saber que es complemento de escenario de Buckethead, uno de los músicos vivos más prolíficos y talentosos existentes en la actualidad.

Francisco Javier Torres Gómez

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