Searching for a God Man

En estas fechas primaverales, con el Sol pegando de lo lindo y bañando alegremente las terrazas de nuestras ciudades, y el olor del azahar que inunda nuestros sentidos, las tradiciones más centenarias de nuestra Andalucía (en la que un servidor vive) vuelven, con el eterno retorno que, a pesar de todo, se vive de forma diferente, nueva… como el milagro de otra primavera.

Los cafés, las torrijas y la Semana Santa llenarán de bullicio y días de fiesta nuestras calles y plazas; y entonces, y solo entonces, las televisiones abrirán sus archivos, desempolvarán algunos largometrajes y, efectivamente, nos volverán a invitar a ver algún que otro péplum como el año anterior, como el que viene… porque las películas de romanos y de la vida de Jesús vuelven, como el azahar, como el buen tiempo, como la Semana Santa…

Les invitamos a hacer un breve recorrido por algunas de las más conocidas películas que toman a Jesús como protagonista. No están aquí, ni mucho menos, todas las que son, pero a buen seguro que la mayoría las han visto, cuanto menos, anunciar alguna que otra vez.

Recuerden sus tardes primaverales de niñez viendo algunos de los clásicos más conocidos sobre la figura de Jesucristo y, por qué no, elijan su favorita entre las seleccionadas, si es que la tienen.

El inicio de una era: Vida y Pasión de Nuestro Señor Jesucristo (Ferdinand Zecca y Lucien Nonguet, 1903).

Si bien es cierto que Vida y Pasión de Nuestro Señor Jesucristo no es la primera obra que trataba de narrar la vida de Jesús, hay que reconocerle a sus directores (Zecca y Nonguet) que fueron los primeros en basarse en los relatos del Evangelio (en este caso que nos ocupa de San Juan) para rodar treinta y dos escenas fijas con las principales escenas de la vida de Cristo, desde el Nacimiento hasta los hechos ocurridos en Jerusalén, tomando como referencia ilustraciones de Doré. Sus fotogramas, pintados a mano uno por uno, se expusieron como material didáctico y catequético durante los primeros años del siglo XX. El propio Zecca dirigió cuatro años más tarde (1907) otra versión con el mismo título, esta vez acompañado de Segundo de Chomón.

Para la historia quedan obras como La Pasión de Cristo (Léar y Basile, 1897), Le Christ marchant sur flots (George Mèliés, 1900) o la hollywoodiense Del pesebre a la Cruz (Sydney Olcott, 1912) que ya en su título hacía un tremendo spoiler de su obra; quizá esta última podría recibir el título de la primera superproducción de este subgénero que es el de la vida de Jesús, puesto que se rodó en exteriores de Egipto y Palestina. Todo un logro para la fecha.

Un Jesucristo parlante para el período de entreguerras: Gólgota (Julien Duvivier, 1930)

El año 1930 sería el escogido para que oyésemos, por primera vez, las palabras de Cristo en pantalla grande. Bajo la dirección y el guion del propio Julien Duvivier, se rodó Gólgota, una película realizada a caballo entre París y Argelia que se centra únicamente en los últimos días del Nazareno. Se nos presenta a un Jesús menos místico que en otras películas (a ello ayudó, y mucho, la sonoridad del film), pero es destacable el recurso de Duvivier de no mostrar en demasía al protagonista, sino centrarse muchas veces en la reacción que provocaba Jesús en los demás. No nos cabe duda alguna de que en este tipo de recurso, que llena la película de espiritualidad, algo tuvo que ver el hecho de que Joseph Raymond, sacerdote y director del Centre Catholique du Cinéma, colaborase en la factura del guion.

Un Jesucristo casi desapercibido: Ben-Hur (William Wyler, 1959)

En todo recuento de películas de Semana Santa que se precie no puede faltar la más mítica de todas, que no es otra que esta auténtica obra de arte con mayúsculas de la que ya tuvimos la oportunidad de hablar en un artículo. Dejando atrás la espectacularidad, la mítica, los numerosos premios o todo lo que la historia de Judá Ben-Hur nos hace sentir, hay un secundario de lujo que, a pesar de cruzarse dos veces únicamente con el protagonista del film, tiene un papel fundamental fuera de la historia principal: el mismísimo Jesucristo. Como detalle curioso, recordemos que no se le ve la cara, puesto que Wyler prefirió que los espectadores recreasen ellos mismos la cara de Cristo, mientras las miradas de Charlton Heston eran capaces de expresarlo todo. A pesar de las pocas palabras que cruzan en las tres horas de película, el encuentro de Ben-Hur con Jesucristo es factor clave en el desarrollo de una historia que nos encanta cada vez que la vemos.

La década de los sesenta: Hollywood y la moda de Jesús

Desde los años cincuenta, el péplum se convirtió en asunto recurrente en las producciones estadounidenses; y más aún el péplum centrado en las vicisitudes no solamente de Jesucristo, sino también de los primeros cristianos. Los grandes estudios vieron un filón en tocar “la fibra religiosa” de los espectadores, y no tuvieron objeción en abrir la caja y la mano para darle a los directores presupuestos millonarios que se verían multiplicados por pingües beneficios una vez estrenadas las historias en las salas de cine. Prueba de ello son películas como Barrabás (Richard Fleischer, 1961) o La túnica sagrada (Henry Koster, 1953) y Quo Vadis (Mervyn LeRoy, 1951), por citar algunas de la década anterior.

Pero, sin duda alguna, la década de los sesenta quedará marcada a fuego en el subgénero del cine religioso por el estreno de tres de las películas más míticas que se rodaron en torno a la figura de Jesús de Nazaret.

Pronto se comenzaron a tratar los temas religiosos en esta época, y el primero en estrenarse de los tres grandes títulos de esta década corrió a cargo de Nicholas Ray en 1961, y producida nada más y nada menos que por un mito como Samuel Bronston. El hecho de que Bronston fuese judío otorga una de sus principales características a la película Rey de Reyes: la culpabilidad del Sanedrín (tribunal religioso judío) en la condena de Jesús es casi pasada por alto. En esta película, los verdaderos causantes de la condena son los romanos; todo ello hizo que sea de las pocas películas que dejaba satisfechos tanto a los cristianos más escrupulosos como a los más acérrimos judíos. En la película, además del dato mencionado anteriormente, varias cosas a destacar: la voz en off de la historia, que en la versión original corría a cargo del gigantesco Orson Welles; la espectacularidad de algunas imágenes, como la del Sermón de la Montaña; y, por supuesto, el “arrojo” de mostrar la cara de Cristo, nada normal hasta entonces. El actor Jeffrey Hunter sería el escogido para convertirse en uno de los mesías más recordados de la historia del Cine.

Poco tardaría un gran director ateo, como Pier Paolo Pasolini, en ofrecer su propia versión de la vida de Cristo; de hecho, solo tres años más tarde del estreno de Rey de Reyes, Pasolini daba a luz El Evangelio según San Mateo (1964). Cuenta la mitología que la idea de rodar dicho film le llegó al director en Asís, leyendo los Evangelios. El realizador, de ideas ateas y cercanas al comunismo, se sintió atraído por el retrato que Mateo realiza de un Jesús al que vio cercano, personal… sin detenerse mucho en aspectos milagrosos. Si a esto le unimos la fe de su madre (Susana Pasolini) que, incluso, interpreta a la madre de Jesús en una parte de la película; nos da como resultado una aproximación muy serena y respetuosa a la figura de Cristo. Tanto es así que el estreno de la película, al que acudieron numerosos cardenales (se estaba celebrando el Concilio Vaticano II en esos momentos) dejó más que satisfecha a la Iglesia Católica (la película está dedicada al Papa Juan XXIII) y un poco perpleja a la izquierda italiana. Como datos destacables, no podemos olvidar el tono blanco y negro en el que está rodado el film, huyendo de espectacularidades y excentricidades; la banda sonora, llena de fragmentos de Mozart o Bach (entre otros) y la interpretación del papel principal, que recayó en el español Enrique Irazoqui, que había acudido a conocer a Pasolini por motivos y afinidades políticas. Juntos lograron un Jesús más revolucionario, pero también una obra poética y llena de una profunda búsqueda espiritual.

La tercera gran película de esta década con Jesús como protagonista sería una gran superproducción que estaba dispuesta a “tirar la casa por la ventana” para ser una adaptación definitiva de la vida de Cristo. Para ello no se escatimaron gastos ni presupuestos, contratando a la flor y nata del Hollywood de aquella época para los papeles principales. Y es que su título La historia más grande jamás contada ya anticipaba la grandilocuencia del proyecto.

Charlton Heston, Sidney Poitier, José Ferrer, Martin Landau, Shelley Winters, Donald Pleasance, Angela Lansbury, Telly Savalas, Claude Rains… hasta el mismísimo John Wayne desfilan por las casi cuatro horas que repasan la vida de Jesús (interpretado por el “bergmaniano” y casi desconocido para el público estadounidense Max von Sydow) dirigidos por George Stevens.

Pese a lo grandioso del reparto y de los medios, no logró hacerse el hueco que esperaba tanto en la taquilla como entre la crítica, y pasó de largo sin destacar tanto como se intuía antes del estreno de la película. A destacar la interpretación del sueco Max von Sydow, que mostraba a un Jesús más distante, más frío (para eso el actor es escandinavo) que sus predecesores.

Un Jesús de los setenta: Jesucristo Superstar (Norman Jewison, 1973)

Los años setenta dieron para mucho; y entre otras cosas, para presentarnos hasta una ópera rock basada, libremente, en la vida de Jesús. Para ello, Norman Jewison se puso al mando de una nave que, con un libreto de Andrew Lloyd Webber (casi nada) le daba una vuelta de tuerca casi definitiva a la vida de Jesús, porque original, lo que se dice original, la película es un rato… Romanos que no visten de romanos, un Judas de raza negra, unos seguidores vestidos como hippies y varios números musicales con canciones inolvidables hicieron de Jesucristo Superstar una obra que si no hubiera nacido en los setenta tendría que haber sido inventada. Como curiosidad, no podemos olvidar que la versión española de la obra, estrenada en 1975, encumbró a nuestro Camilo Sesto, que junto con Ángela Carrasco y Teddy Bautista en los papeles principales, lograron que el musical (y la película) se convirtieran en todo un fenómeno en nuestro país.

A finales de esa misma década, se acometió el que posiblemente haya sido, hasta el momento, el proyecto más ambicioso en torno a la adaptación de los Evangelios para narrar la vida de Jesús. Proyecto que desarrolló el católico Franco Zeffirelli con su obra Jesús de Nazaret (1977). Ya hablamos largo y tendido de la obra de Zeffirelli en esta sección, pero merece la pena recordar el tremendo elenco que rodeaba a Robert Powell, un desconocido actor que se convirtió con sus profundos ojos azules en el Jesucristo más icónico del Cine; actores tales como Fernando Rey, James Earl Jones, Anthony Quinn o Laurence Olivier estuvieron inmersos en el rodaje de una película que se convirtió en un mito por mérito propio. Parece mentira que una película que Zeffirelli se negó en un principio a rodar, fuese una de las más recordadas de su filmografía. Añádanle la música de Maurice Jarre y tendrán uno de los más grandes clásicos de nuestra historia.

El Jesús más polémico: La última tentación de Cristo (Martin Scorsese, 1988)

¿Qué hubiera ocurrido si Jesús crucificado, hubiera deseado, en su inmenso sufrimiento, otro final? Esto es lo que el novelista Nikos Kazantzakis se planteaba en su novela La última tentación de Cristo (1954). Treinta años más tarde, la novela llegó a manos de Martin Scorsese y éste, fascinado por el argumento, decidió llevarlo a la gran pantalla. Más de cuatro años hubo de esperar para que le dieran luz verde a su proyecto; así que con un guion que era capaz de no perder un ápice de la complejidad argumental de la obra, con Willen Dafoe como Jesucristo (a pesar de que las primeras opciones eran Aidan Quinn y Christopher Walken) y con un presupuesto muy ajustado, Scorsese estrenó en 1988 su película más polémica. En ella vemos a un Jesús fieramente humano que lucha, sobre todo, contra sí mismo y duda sobre su papel de Mesías. Esas dudas lo llevarán a tener miedo y plantearse el deseo de haber escogido otra vida… la película estuvo inmersa en un mar de polémicas que lo único que consiguieron fue avivar las ganas del público por verla. No es la mejor obra de Scorsese, ni mucho menos, pero el director italoamericano consiguió un notable ejercicio teológico y filosófico que va más allá de la pura polémica.

El siglo XXI y otra nueva polémica: La Pasión de Cristo (Mel Gibson, 2004)

Desde el mismo momento en que el extremadamente conservador Mel Gibson anunció su propósito de rodar una película acerca de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, los aficionados al Cine nos esperábamos una película dura. No es este señor un tipo que se ande con medias tintas a la hora de mostrarnos ciertas imágenes en sus películas. Gibson es un tipo duro, tanto en su faceta de actor como en la de director. Y ahí radica quizá su mejor virtud y su peor defecto: desde el punto de vista cinematográfico, La Pasión es una película bien facturada: los decorados, el diseño de vestuario, la fotografía… nos acercan a una Jerusalén y a una época de la que todos tenemos un cliché, pero que se asemeja a lo que sería la realidad de hace unos dos mil años. A esto ayudan los diálogos de la película, que nos hacen entrar un poco más en la historia que el director desea narrar. A veces lenta en algunos tramos, desde el punto de vista formal no es una mala película.

Pero decíamos que en la virtud de Gibson está el vicio; y declarar que La Pasión es una película “dura” se queda bastante corto… la idea del director era huir de esas películas de sobremesa típicas de Jesucristo (cosa que ya había conseguido Scorsese años antes), mostrando lo que para él era el auténtico sacrificio de Jesucristo, la Redención para los creyentes; pero Mel Gibson peca de autenticidad o, mejor dicho, de voyeurismo sobre la violencia. Se crea excesivamente en los latigazos, la crucifixión… dejando escenas realmente desagradables que olvidan que muchas veces la sangre en las imágenes es puramente simbólica, metafórica.

Con todo ello, Mel Gibson buscó realizar una obra que fuese directa a las entrañas, y vaya si lo consiguió…

Desde el cine mudo hasta los mejores efectos especiales, pasando por obras más personales mientras que otras fueron más ortodoxas… todas, en el fondo, buscaban aportar la particular visión de unos creadores acerca de unos hechos que mueven a millones de personas en todo el mundo. Tengan fe en Jesús o no (es tan respetable una opción como otra) es innegable que la figura del Nazareno ha sido y continuará siendo tema recurrente dentro del Séptimo Arte. Escojan la versión que más les guste; desde luego, en la variedad está el gusto y hay suficiente para elegir…

Carlos Corredera (@carloscr82)

Share on FacebookTweet about this on TwitterEmail this to someone
By | 2017-04-07T00:34:16+00:00 Abril 7th, 2017|Cine Clásico|0 Comments

Sobre el/la autor/a

Estudió en Sevilla. Allí aprendió algo sobre Historia y algo sobre la vida; cosa que utiliza en su día a día como profesor. Es coautor de algún que otro libro, tanto de ficción como de historia. Una de sus grandes pasiones es el cine, que descubrió verdaderamente cuando era un adolescente y todavía lo sigue encandilando. Si quieren que no moleste, pónganle una película de Hitchcock y no hará ruido en dos horas al menos.

Deja tu comentario