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Shakespeare, ¿fue o no fue?

Shakespeare, ¿fue o no fue?

on Jun25

Muchas son las leyendas que circulan acerca de la existencia del mejor dramaturgo inglés de todos los tiempos cuando se cumplen 450 años de su nacimiento. Lo que sí está claro es que el escritor es un auténtico conocedor del ser humano

 Shakespeare, ¿fue o no fue? Ésa es la cuestión. Utilizando una de las frases más conocidas de una de sus tragedias, Hamlet, abordo hoy la trayectoria del mejor dramaturgo inglés de todos los tiempos. Han pasado siglos, pero desde el XVI-XVII no ha habido nadie que haya podido igualar en talento y sobre todo, en el análisis del ser humano, a este escritor del que se ha cumplido en esta pasada primavera el 450 aniversario de su nacimiento.

Quizá por esa razón los distintos expertos se han decidido a desempolvar documentos y seguir con algo que les rondaba la cabeza desde hace mucho. ¿Existió realmente Shakespeare? Lo cierto es que pocos datos hay de su biografía. Muy pocos, tan sólo una partida de bautismo del 26 de abril de 1564 (otros sospechan que su nacimiento fue el día 23 de ese mismo mes) y unas pocas palabras de su puño y letra en 52 años de existencia. Cuanto menos es algo que hace cuestionarse muchas cosas. Así, hay distintas versiones sobre quién se esconde detrás del nombre de William Shakespeare. Uno de ellos es uno de los condes de Oxford, Edward de Vere, quien pudo escribir los dramas más conocidos del escritor. Otra de las teorías apunta al mismísimo filósofo Francis Bacon, quien decidió ocultar su verdadera identidad tras ese pseudónimo en clave masónica. Otros citan a otro autor británico como posible autor de una de las tragedias shakesperianas más conocidas, la famosa Hamlet en la que las dudas que atormentan al ser humano para actuar de manera correcta son la clave de la obra. Se trata de Christopher Marlowe, a quien se ha considerado tradicionalmente como el predecesor del escritor británico más afamado. Por último está la teoría de que es una mujer la que se esconde tras las primeras obras del dramaturgo. Se trata de una conversa de origen judío, la poetisa Amelia Bassano Lanier, residente en Londres y con vínculos familiares con la ciudad de Venecia. ¿Les suena? Una de las mejores obras del autor gira precisamente entorno a esta temática. Se trata de El mercader de Venecia, en la que se cuestiona el comportamiento de los judíos a la hora de hacer negocios. Aunque esta hipótesis de John Hudson para muchos es descabellada parece que va cobrando fuerza desde hace dos años.

Los datos biográficos de Shakespeare tienen muchos puntos oscuros, de ahí que se cuestione su existencia. Su padre lo obliga a trabajar como aprendiz fuera de su casa natal de Stratford-upon-Avon. Se supone que se casa a los 18, tiene varios hijos y luego abandona a su mujer sin motivos aparentes. Antes que escritor era el que guardaba los caballos en la puerta de los teatros, luego fue actor y finalmente se lanzó a la aventura de escribir con solitario o en colaboración con otros autores (esto era muy propio de la época barroca e incluso comprar las obras que escribían otros para rubricarlas y asumirlas como propias). Todo eso es parte de la leyenda y el misterio que circula sobre el autor de El rey Lear, Julio César o El sueño de una noche de verano.

Eso sí, lo que es innegable es el talento que tiene a la hora de hacer una radiografía del ser humano. Muy pocos lo hacen como él, sobre todo, porque es precisamente en el hombre donde radica la posibilidad de cambiarlo todo. El protagonista de sus tragedias, por ejemplo, el príncipe de Dinamarca de Hamlet, puede cambiar su destino. Ya no se está en manos de los hados, de los dioses que trazan como quieren el final de los mortales. El hombre es el que toma las decisiones y eso es lo que hace que su camino sea uno u otro. Que opte por el Bien o por el Mal, con unas consecuencias u otras. Sus tragedias muestran sentimientos que afectan a todos. La envidia, las críticas a la senectud y a la chochez y el más puro interés por la ingratitud filial (El rey Lear); el amor imposible de unos jóvenes que se enfrentan al odio acérrimo de sus familias (Romeo y Julieta); los celos enfermizos que condenan de manera irrevocable una relación que se consume a diario y la manipulación encarnada por Yago (Otelo) o la ambición y el más puro horror encarnado por los protagonistas de Macbeth. Y luego está Hamlet, quien se debate de manera continua entre lo que debe hacer, lo que hace y lo que pudo hacer. Es la tragedia de la acción y la reflexión, de la duda existencial. Una joya para todo aquel que quiera hacer un tratado filosófico sobre lo que significa el tormento para el ser humano. La venganza está servida también en esta tragedia, el interés, la infidelidad en las relaciones amorosas, la muerte que abre o cierra (todo según se mire) un camino incierto y luego está el desengaño de la vida, porque ¿qué es la vida sino un cúmulo de circunstancias de distinto matiz? Luces y sombras propias de una época de desengaño. Eso es en esencia el Barroco, en la que en el teatro se ponen de manifiesto las dos caras de la moneda. La tragedia y la comedia que pone un contrapunto agridulce a lo que ocurre en escena a unos personajes que parece que cobran vida propia con sus continuos dilemas, sus sentimientos más profundos y sus temores a equivocarse sin remedio y soportar estoicamente luego las consecuencias de esos errores.

La comedia y el drama histórico también son puntos fuertes como parte de sus obras. Ricardo III; Enrique IV o Enrique VIII son algunos de esos dramas en los que refleja los caracteres de algunos de los monarcas de la Inglaterra de aquellos entonces. Pero luego está su lado más amable y gracioso con obras como La fierecilla domada, Mucho ruido y pocas nueces o La tempestad, una de sus últimas obras en las que se ve un cambio de actitud en su persona, que pasa a estar más calmado, es lo que tiene la madurez. Por eso, otras de las teorías que circula acerca de quién se esconde detrás de la firma de William Shakespeare no es otra que la de una comunidad de escritores que en parte querían cuestionar decisiones políticas y comportamientos deleznables de quienes toman el poder. Trabajo cooperativo encubierto para mover conciencias.

En definitiva, hubiese o no hubiese existido Shakespeare o fuese simplemente un seudónimo para tomar la pluma, lo importante es que ese legado ha llegado hasta nosotros y nos ha permitido recrearnos en sus páginas y en el lirismo de sus versos, dejándonos citas tan célebres que no se pueden olvidar. Ésa es la cuestión.

Noemí González

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