“Moralizar o inculcar valores debería ser una tarea de políticos y educadores, no de los autores”, Toni Hill

Conocer a Toni Hill es tan apasionante como descubrir a los personajes que nacen de su imaginación. Embelesado con la lectura de sus libros, comencé a indagar aquello que permanecía semioculto detrás del escritor y me sorprendí cuando, como en sus propias novelas, encontré al verdadero protagonista, delator, asesino, olvidado, bondadoso o malvado, disfraces con los que se disfraza su intelecto al sufrir la metamorfosis que convierte el sueño en novela, el pensamiento en letras sobre el papel…

Sin duda, Toni Hill se encuentra dentro del privilegiado (y envidiado) grupo de los escritores más leídos en nuestro país y, si bien se nos antoja evidente preguntarle por su famosa trilogía protagonizada por el inspector Héctor Salgado, su biografía permite realizar muchas más preguntas que nada tienen que ver con el personaje que terminó de catapultarlo a la fama.

Toni Hill Gambao (Barcelona, 1966) es un barcelonés accesible al que no se le ha subido la fama a la cabeza. O al menos disimula muy bien. No queremos lanzarnos sobre él para hablar de su última novela, ni tan siquiera acerca de la trilogía ya mencionada. Queremos profundizar un poco en ese trabajador nato y traductor infatigable que tanto nos ha facilitado la lectura de autores extranjeros.

 ¿Cuántos años llevas traduciendo y cómo surgió la oportunidad de entrar en tan fascinante mundo?

La oportunidad de entrar en el mundo de la traducción me la dio Silvia Querini, hasta hace poco directora de editorial de Lumen. Tenemos que remontarnos al año 1999, si no recuerdo mal, y a un curso que realicé con ella. En esos momentos yo trabajaba dando clases de inglés y Silvia me ofreció la posibilidad de estrenarme como lector profesional y, más adelante, como traductor. Hice una prueba y terminé traduciendo un libro muy sencillo, una memoria de una alpinista, que me devolvieron porque estaba fatal. A partir de ahí, fui mejorando.

Has traducido a Meter May, a Rosie Alison, David Sedaris y un largo etcétera de autores, muchos de los cuales te han debido de fascinar. Cuéntanos cuáles han sido aquellos con los que más te has identificado y cuáles los que más te han fascinado.

A pesar de esa primera experiencia siguieron confiando en mí (conste que volví a trabajar todo el texto y quedó bien) y con el tiempo logré traducir a autores fantásticos. Has citado a algunos. Yo siempre destaco a David Sedaris, cuyos relatos humorísticos me fascinaban; a Jonathan Safran-Foer, porque su Todo está iluminado es de mis trabajos más difíciles y más agradecidos; a Glenway Wescott, por los elogios que cosechó la traducción de El halcón peregrino y a Charlotte Brontë, ya que creo que nunca hice, ni haré, nada tan complejo como Jane Eyre. Hubo muchos otros y, salvo raras excepciones, siempre terminas apreciando el trabajo del autor o autora original.

En general, el público sabe muy poco del oficio de traductor literario. Cuéntanos un poco cómo os movéis en ese mundo.

Antes que nada, debo aclararte que ahora hace siete años que no traduzco así que quizá las cosas hayan cambiado. En mis años, desde el 2000 al 2012 aproximadamente, había bastante trabajo. Prácticamente ibas enlazando un libro con otro, proyectos que variaban en interés y complejidad. Si hablamos ya del trabajo en sí, la verdad es que resulta tan fascinante como estresante en algunos momentos, porque en ocasiones luchas contra una fecha de entrega que se encuentra en los límites de lo razonable o porque necesitas una gran autodisciplina para sentarte cada mañana a trabajar. Yo decidí marcarme un horario, como si tuviera que fichar en algún sitio y me acostumbré bastante rápido a quedarme quietecito delante del ordenador las horas que me había propuesto. Es también un trabajo muy solitario (tú contra el texto, a veces contra unas intenciones del autor que no siempre están claras) y frustrante o gratificante según el día… Me gustaba mucho, de hecho me gusta, aunque ahora llevo tiempo sin dedicarme a ello.

Foto: Laura Muñoz

Pero Toni Hill es psicólogo. ¿Hasta qué punto te han influido los estudios de psicología en la creación de tus personajes?

-Es una pregunta difícil. La psicología, como carrera, tampoco tiene una aplicación tan práctica como la gente puede creer. Pienso que lo que me ayuda, en el fondo, es la razón por la que estudié esa carrera: la voluntad de entender la conducta de los demás, la curiosidad por todo lo que son emociones, actitudes y contradicciones que se encuentran en el ser humano. La psicología no dio respuesta a muchas de mis preguntas, así que indago en ellas a través de los personajes de mis novelas.

Leer la obra de Toni Hill es, si me lo permites, acurrucarse en el corazón de la novela negra clásica aunque no hay dudas de que la ambientación y la personalidad del autor hacen de sus títulos un fruto maduro en el que muy posiblemente haya macerado su experiencia como traductor y lector. Corrige lo que leas en este párrafo que te parezca falso.

La verdad es que no corregiría nada; al revés, agradezco cada palabra. Sí creo que mis tres primeras novelas se movían en las aguas del noir clásico (policía, crimen, etc.), pero con una reformulación de conceptos que lo volvía todo muy creíble, muy actual. Y estoy seguro de que mis aciertos o desaciertos proceden en gran parte de mis lecturas, más que de las traducciones, aunque estas también dejaron huella. Ahí está el gusto por el estilo, por intentar que los diálogos suenen con naturalidad, por intercalar pasajes descriptivos con otros de más acción, son cosas que vas aprendiendo e incorporando a tu memoria casi sin darte cuenta.

Debutas como novelista en 2011 con la primera entrega protagonizada por el inspector Salgado, El verano de los juguetes muertos. Tenías 45 años (permítenos esta licencia) y el libro se convierte en un fenómenos de ventas. Se ve a un Toni Hill maduro y experimentado, totalmente preparado para hacer lo que sabe y esa es una de las claves del éxito. Cuéntanos cómo fue y qué significó este debut. También queremos saber cuánto tiempo llevabas queriendo dar ese paso y qué se te pasaba por la cabeza antes de lograrlo.

Fue toda una sorpresa, la verdad. Llevaba años pensando en una novela policíaco-criminal ambientada en Barcelona, y nunca encontraba el momento de ponerme a escribirla. Cuando te pasas el día leyendo y traduciendo profesionalmente, no te quedan demasiadas ganas de seguir delante del ordenador aunque sea con un proyecto propio y que te hace ilusión. Por fin tuve un periodo de tranquilidad laboral y me lancé a ello, pero nunca me imaginé el éxito que tendría. Las ventas a siete países antes de que fuera publicada aquí, la tirada enorme que se hizo. Los derechos que siguieron vendiéndose hasta alcanzar los veinte países… Nadie podía prever algo así.

Las dos siguientes novelas protagonizadas por Salgado, Los buenos suicidas y Los amantes de Hiroshima, ¿son una consecuencia del éxito de la primera o ya rondaban tu mente antes del salto a la fama que supuso la primera entrega?

La verdad es que en el policial hay una tradición de serializar, así que intenté crear un personaje que pudiera tener proyección, pero mientras escribía sólo pensaba en terminar la que estaba haciendo. Luego, cuando estalló el éxito, sí planeé las otras dos, con la idea de llegar a una trilogía, no a una serie interminable.

¿Qué hay de Toni Hill en Salgado?

Pues algo debe haber, aunque uno no se dé cuenta. Salgado es más melancólico que yo (o lo demuestra más), ambos jugamos con la ironía y tenemos problemas con la autoridad… Yo no salgo a correr, pero sí hago deporte, y me encanta el cine clásico. Y los dos tenemos, en general, más preguntas que respuestas aunque nos esforcemos por conseguir las segundas.

Tus novelas se ambientan en Barcelona, en tu Barcelona, la que conoces, la que has vivido, aquella con la que te has sincerado. ¿Existió la posibilidad de escoger otro escenario?

En su momento no, ni siquiera se me ocurrió la posibilidad. Escribir una novela ya es bastante complicado para añadir un escenario que no conoces bien.

Además de contar las historias, en tus novelas se ponen sobre la mesa problemas sociales, pasados y presentes. ¿Se trata de algún tipo de reivindicación?

Yo no lo llamaría “reivindicación” exactamente, sólo temas que a mí me inquietan o me preocupan. Temas en los que deseo indagar… Una novela siempre es una oportunidad de profundizar en aspectos concretos de la sociedad, más allá de temas genéricos (como la venganza, la justicia, el crimen). Intento dejarme llevar por temas que me plantean interrogantes, como las relaciones laborales de Los buenos suicidas o una institución como la familia vista desde la perspectiva actual, que es la base de El verano de los juguetes muertos.

Foto: Laura Muñoz

Aupado al podio de los escritores más leídos, te sacas de la chistera una novela gótica, Los ángeles de hielo, ambientada, cómo no, en Barcelona. Pero miras atrás en el tiempo y descubres secretos de un sanatorio a principios del siglo XX y das vida a personajes y a situaciones que pueden incluso inducir el escalofrío. No nos debe extrañar tu apetito por lo oscuro pero queremos saber qué te hizo realizar este viraje en tu trayectoria.

-La primera motivación fueron las ganas de cambiar, de alejarme del policial y, de paso, de la época actual, con sus móviles, ordenadores, ADNs, etcétera. A mí me encanta la novela negra, pero no es lo único que he leído y me gusta. Las novelas góticas, como Otra vuelta de tuerca o Cumbres borrascosas siempre me han parecido fascinantes. Adoro esas atmósferas. Era todo un reto llevar ese género a mi mundo, así que tuve pocas dudas. Me permitía saltar de época, retroceder un siglo y plantear una intriga plagada de giros y sorpresas. La verdad es que disfruté muchísimo escribiéndola.

Actualmente, no hay librería que se precie en la que no se exponga al público tu última novela, Tigres de cristal, en la que vuelves a sorprender urdiendo una trama negra en los años de la transición. Trasladas el decorado a Cornellá. Cuéntanos un poco el porqué.

Cornellà es mi ciudad, mi barrio casi, y después del gótico oscuro tenía ganas de volver a cambiar y de regresar a una historia más realista, más apegada a mis experiencias. Quizá sea mi novela más personal, en la que reflexiono sobre mi infancia y adolescencia, sobre esa violencia soterrada que nos rodeaba en los años setenta y que ni siquiera nos extrañaba. Quería, aquí sí, reivindicar a una generación: la de hombres y mujeres que tuvieron que abandonar sus pueblos de origen en busca de un futuro mejor; los mismos que convirtieron el barrio de San Ildefonso (la Ciudad Satélite) en un espacio humano y habitable, que lucharon por conseguir unos servicios que nunca llegaban… Creo que es importante señalar los cambios que se produjeron en esos años de la transición, que, aunque no fueron perfectos, sí supusieron un avance enorme, y al mismo tiempo señalar que ahora, cuarenta años después, deberíamos ser capaces de honrar ese recuerdo y al mismo tiempo evaluar lo que no ha terminado de funcionar para replantearlo y mejorarlo si es posible.

Se habla de un crimen cometido por unos niños pero estos niños parecen victimas del sistema

A mí no termina de gustarme eso de echar siempre la culpa hacia arriba, o hacia un lado. Juanpe y Víctor, los protagonistas de la novela, esos niños que cometen un crimen, fueron verdugos de su víctima (un acosador escolar) y decidieron darle un escarmiento. Claro que su historia no se entiende fuera del contexto de esos años, en que los castigos eran físicos y no de otra índole. Es obvio que sus circunstancias personales y sociales explican parte de su decisión y de sus consecuencias, pero yo no los llamaría víctimas del sistema, sino víctimas de su tiempo, como lo somos todos en definitiva. Antes y ahora.

¿Cuáles son las verdaderas intenciones de Toni Hill con la publicación de esta novela?

Existía la intención de reivindicar el barrio, eso es verdad. También de reflexionar sobre varios aspectos: ¿Qué fue de esa izquierda de sindicalistas que promovía las huelgas? ¿En qué momento se tranquilizaron? ¿Qué pactos se establecieron alrededor de ese crimen, una vez cometido? ¿Qué sucede con unos niños que tienen en su pasado un acto como ese? ¿En qué hemos cambiado alrededor del bullying? Entre muchas otras cosas…

Desde tu situación privilegiada como escritor de moda, y sabiendo que tus palabras pueden llegar a mucha gente dentro y fuera de Cataluña ¿te sientes capaz de aconsejar, moralizar o inculcar valores a los que se enfrentan ahora mismo los miembros de la sociedad catalana?

La verdad es que moralizar o inculcar valores debería ser una tarea de políticos y educadores, no de los autores. No creo que mi misión sea aconsejar a nadie, y menos a un colectivo tan amplio. Si le preguntas al Toni Hill persona, no autor, te contestaría que lo que hemos vivido en el último año ha sido muy estresante y que me da la impresión de que pocos se han parado a reflexionar sobre el verdadero alcance de lo sucedido. Una parte de la sociedad ha ido avanzando en un proyecto que otros veíamos condenado al fracaso y aún ahora se mueven en una indefinición que empieza a agotar a sus propios seguidores. Por otro lado, la judicialización del tema ha generado nuevos rencores… Yo diría que hacen falta políticos de alto nivel, en ambos lados, dispuestos a asumir las críticas de sus votantes, menos pendientes de los clicks y retweets, y con un proyecto de diálogo serio. Me temo que no son fáciles de encontrar.

¿Has pensado escribir una novela que tenga por bandera el problema de división social que se vive en estos momentos en Cataluña?

Creo que este tema está demasiado cerca como para poder abordarlo con la tranquilidad necesaria. Me temo que cualquier intento de ficción se vería desbordado por los acontecimientos que irán sucediendo a medida que se escriba.

¿Por qué el inspector Salgado no ha saltado a la pantalla aún?

Hubo un intento serio, pero se frustró. La verdad es que es una pena porque creo que la trilogía entera sería un buen material para una serie.

¿Podrías adelantarnos información sobre algún plato que esté en cocina en estos momentos?

Ahora mismo aún estoy pendiente de los “Tigres”… La cocina está aún vacía, excepto en mi cabeza, donde siempre hay proyectos.

Toni Hill, escritor es…

Esto es muy difícil… Creo que deberían decirlo los demás. Yo sólo podría definirme como “entusiasta” cuando tengo un proyecto (casi obsesivo a ratos) y “honesto”, en el sentido de que intento profundizar en los temas y en el estilo tanto como puedo. Intento, por respeto al lector, que cada novela sea siempre la mejor versión de esa historia que yo puedo escribir en ese momento y no me importa reescribir, replantear, o demorarme el tiempo necesario para que así sea.

Toni Hill, traductor es…

Más bien era… Creo que era fiel al original y con un punto de chispa para captar el tono general y resolver diálogos o frases difíciles.

Toni Hill es…

Alguien que se toma su trabajo muy en serio y la vida con mucho sentido del humor (aunque a veces se cambien las tornas y lo haga al revés); también es un lector, fundamentalmente, y un autor hasta que sus ganas de escribir y las ganas del público de leer sus novelas no se agoten.

Javier Torres Gómez

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By | 2018-10-19T18:30:39+00:00 octubre 23rd, 2018|Entrevistas|0 Comments

Sobre el/la autor/a

Francisco Javier Torres Gómez (Sevilla 1975) es médico especialista en Anatomía Patológica, ávido lector, y escritor por afición que no duda en describirse como un enamorado de la Semana Santa de Sevilla, de la Historia y de la Novela Negra, géneros todos ellos presentes en sus escritos. De su mano han nacido títulos de gran calado local tales como A la Sombra de Morgagni. (Jirones de Azul 2010), Historias de cámara en ristre (Jirones de Azul 2012), Más Historias de cámara en ristre (Jirones de Azul 2013), Relatos cortos curiosos sobre la célula (Lantia 2014), El Aliento de Satán (Tagus 2014), El Amargo Sabor de la Muerte (Kindle 2015), Cuentos y relatos inéditos de Semana Santa (Punto Rojo 2015) y Más cuentos y relatos inéditos de Semana Santa (BABIDIBÚ-Mirahadas 2016).

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