Yo, terrorista

Mi amigo Ismael tenía una novia, una chica que le quería mucho y se prometían cosas y decían abiertamente, o sea, en público, para que todos lo oyésemos, decían: nos vamos a casar y vamos a tener cuatro hijos.

A ella le dieron una beca en Finlandia, se fue, empezaron a prometerse mantener vivas y a temperatura ambiente las promesas y a los seis meses ella le dejó. Por whatsapp. Palo del quince.

Se quedó hecho polvo, el pobre Ismael.

Yo creo que rompió con él, en parte, porque es pobre.

Sus padres no lo son, pero si lo sacas de su casa de dos plantas, jardín, altarcito y piscina y jaima de doscientos metros cuadrados para fiestas, lo colocas en mitad de la Vida Adulta y te paras a echarle un buen vistazo, Ismael es un marginado, un eterno aspirante a cualquier empleo, cualificado o no. Si sus padres toman la distancia suficiente, ¿qué ven? Un hijo medio inútil (duele decirlo) sin oficio ni beneficio y, además, con más cachimbas escondidas debajo de la cama que currículums ha echado este año. Así que lo que me da en la napia (duele decirlo) es que su novia tomó esa misma distancia (¡Jobar si la tomó! Un poco más y se encaja en el Ártico), se dio cuenta de la clase de fracasado con quien mantenía una relación y le enseñó la puerta de salida.

Metafóricamente hablando, porque en realidad lo que le enseñó cuando le escribió Esto No Funciona fue un emoticono de cara llorando.
Este :_(
A mí eso no me va a pasar.

Vaya que no.

¿Cuántas veces había vuelto a casa cerrando los puños tan fuerte que se me ponían los nudillos blancos, blanquísimos, murmurando palabras muy feas y muy desagradables sobre la amiga de mi novia, la del tío superricachón-tan-podrido-de-pasta-que-caga-euros que la colocó en un periódico, sobre mi ex compañero del instituto amigo de facultad del hijo de un conocido de Nintendo y, en fin, maldiciendo y escupiendo sobre la tumba imaginaria de todas esas personas a las que envidiaba cosa fina?

Pues al final fue mi tío por parte de padre el que le comentó a un amigo de la oficina que su sobrino favorito, o sea, yo, andaba de capa caída. Que hay que ver que alguien con tanto talento y una carrera y esas ganas de comerse el mundo no tenga trabajo.

Total, que la cosa terminó en entrevista para un curro.

De esta agua no beberé, suele decirse. Pero al final…

Andaba yo un poco quemado esos días, incluso con el enchufe de mi tío de por medio. No sé. Después de dos años recibiendo correos rechazándome de aquí y allá, de arañar ofertas de trabajo donde te prometen el salario mínimo si tienes suerte de que te renueven dos años, de acudir a reuniones colectivas de candidatos donde todos están superpreparados y quieren superdarlo todo por la empresa y yo, en fin, a mí me da un poco de urticaria lamerle el culo a un entrevistador que tampoco cobra el sueldo mínimo interprofesional; después de que mi novia decidiera quedarse más tiempo en la ciudad para ver si nos salía algo a los dos, después de que un tío con la cara de Kris Kristofferson como si Kris Kristofferson fuera de cera me robara la beca a París, en fin, yo estaba tela de quemado.

Quemado a tope.

Y todos los días, lo de la corrupción. Y todos los días, que la gente jodida ya no estaba tan jodida. Y en fin, todo eso.

Me cogieron. Pasé la entrevista. A tope con eso.

Nada de esas memeces de experiencias de grupo. Al grano. Un tío con el uniforme de la empresa le pregunta a otro tío sin el uniforme de la empresa (o sea, tío más importante, con más responsabilidad, etc.) si le parece que doy el perfil. Así, a lo loco. Sin Buenos Días, ni Hola Me Llamo Tal Pascual. El tío importante sin uniforme se mesa la barba, echándome un vistazo, como valorando el género.

-Sí. Pero tenemos que preguntárselo a él.

¿A mí? ¿Qué iba a decir yo? Que a tope, que adelante, que me muero de ganas por currar de lo lindo, que (y esto era verdad, no como en las otras entrevistas donde mentía como un autobús repleto de bellacos) la filosofía de La Empresa (no reproducible por motivos legales) iba a tope conmigo, que no tenía que engañarles como en Starbucks o en McDonalds o en la FNAC, donde cantidad de conocidos se presentan casi llorando de la emoción. ¿Quién sueña con dedicarse a estrujar botes de kétchup de mayor?

Yo no, desde luego.

Pero en La Empresa era diferente. Es diferente. A mí estos tíos me habían calado desde el primer momento. Sabían dónde me dolía, sabía lo que me sacaba de quicio de un trabajo y de la situación del país y, en fin, habíamos conectado.

-El sueldo no es gran cosa-me dijo el de uniforme- pero los incentivos y los méritos en Nuestra Empresa son reales. Por eso no podemos concretarte un salario base mínimo, porque estrictamente hablando, aquí el salario se lo fabrica uno, ¿sabes? Si quieres ganar mucho, si quieres ganar no tanto, eso es decisión exclusivamente tuya.

A tope con eso, dije.

Siempre me he preguntado cómo sería conseguir un trabajo superando al resto de candidatos y tener que ver a los rechazados comprando en tu tienda o pidiendo un bocata en tu sandwichería. Las miradas de rencor, la tensión, esas cosas.

Por suerte este trabajo no era exactamente de cara al público. Así que nada de rollos de esos.

A tope.

Sabía yo que había gato encerrado.

Ahora resulta que tenía que irme al quinto pino a realizar un cursillo de formación complementaria “indispensable” para “cubrir eficientemente el puesto designado.” No veas tú que bajón.

No veas tú cómo se me puso la chavala.

Que si para esto se había quedado, que si para esto no se fue a Bristol al hospital aquel donde ofrecían chorrocientosmil plazas de enfermería, que si ni siquiera sé dónde está ese país. Ahí le ha dado. La verdad es que cuando lo puse en Google se me torció el ombligo un rato. Encima tenía que pagarme los billetes de avión. O sea, préstamo de mis padres al canto. Por lo menos están encantadísimos con esto de que por fin vaya a prosperar en la vida. Más mi madre que mi padre. Mi padre se cree que vivimos en su época, donde podías entrar a currar para aprender y terminabas con sueldo fijo.

Pues no.

O sea, si fuera por un Starbucks le iban a ir dando por culo bien fuerte, pero me place pagarme el vuelo por este curro.

Mi padre y mi novia de acuerdo. Vivir para ver.

Está claro que tenía que salir de España para saber cómo se trabaja de verdad.

La cantidad de cosas que he aprendido. La virgen.

¿Para vivir? Hombre, para vivir el país aquel, pues como que para un rato no está mal. Ahora, a largo plazo, casi que no.

He hecho cantidad de amigos, conocido a gente a la que no voy a olvidar nunca. Clavados en el alma. Ya te digo.

Por no hablar de los expertos, de los trucos, de meterse de lleno en La Empresa y ser consciente (porque si te quedas en España, ya te lo digo yo, no te enteras de la misa la mitad) de qué forma parte uno, de qué puede dar uno por La Empresa y qué espera La Empresa de ti.

Daba un poco de pena ver cómo algunos (muy pocos, los que menos) se habían gastado un pastizal en ir hasta allí para al final no quedarse muy convencidos del asunto.

Marxistas todos.

Decían: bueno, ¿y por qué en Esta Empresa el trabajo sucio lo hacen la mayoría de los empleados, hasta los profesores, pero los jefazos y no tan jefazos se pasan el día meneando el dedo y dando discursos y moviendo el dinero y diciendo “No, ahora no, ahora tenemos una cena”? Y yo, la verdad, no sabía qué decirles. Esa gente venía sobre todo de Bulgaria y sitios así. Los más civilizados, como yo, como Heinrik, como Ahmed, sabíamos cómo funcionan las empresas en Occidente y, en fin, no nos hacíamos ilusiones, ¿por qué ésta iba a funcionar de forma diferente? La clave estaba en para quién se quema uno las pestañas diez, doce, catorce horas diarias.

Y esta gente, la verdad, se lo merece.

Recuerdo más bonito del viaje: una versión reducida y explicada por nuestro Jefe de Campo y SubSección del Manual. El Manual, tocho infumable. El Manual Revisado, tela de adictivo. Me lo leí dos veces, DOS, de vuelta a casa.

Seis meses desde regreso. Menos mal que nos va medianamente bien, porque, adivina, la chavala se ha quedado preñada. Nadie se ha vuelto loco, ni siquiera mi padre. Es más, ni siquiera ella. Es como si ahora que tengo curro me tomasen un poco más en serio, incluso cuando te vienen dobladas sin quererlo, como con este crío. Quiero no pensar que la chavala me la ha dado con queso.

Catorce horas currando. Molido. Tengo la sensación de dedicarme a esto todos los días, a todas horas, los festivos, las vacaciones de verano. Sin progreso. De los alicientes, ni hablamos. Cada dos por tres me llama el Jefe Local para preguntar si todo va bien, o sea, si estoy siendo Super Eficiente y Super Productivo a pesar de que nadie está siendo Super Generoso Super Valorando Mi Super Sueldo.

Una vez por semana nos reunimos los empleados locales con el Jefe Local para valorar la situación de la División Regional de La Empresa. Casi siempre es lo mismo. Casi siempre un: “Puede que la semana que viene por fin den la orden y esta División Regional por fin reciba la recompensa que se merece.”

Que no es dinero, por supuesto.

La recompensa es que los Jefes Supremos, los de las cenas y el dinero y el meneo de dedos y los discursos, te tengan en cuenta.

Una vez pregunté sobre cómo se asciende aquí. Me dieron largas. La chavala dice que debería importarme más informarme sobre ese tipo de cosas, que así no voy a llegar a nada, que para un crío está bien pero, ¿qué pasa si viene el segundo?

Y por qué va a venir el segundo?, le digo yo. Esa pregunta es igual a otra semana sin mojar el churro. En fin.

Noticias de Ismael: se ha sacado un curso de técnico en ventas y ahora, jefe de equipo en nosequédedónde en Madrid. Bien por él. Bueno, en el fondo me cabrea un poco. Sé que ha habido chanchullo de por medio. Tampoco se lo ha currado como yo. Y ahí está, jefe de equipo. Sin hijos. Le pregunté, por preguntar, que a quién tiene pensado votar este año. Eso fue ya lo último. Menudo rebote me pillé. ¿Cómo se puede cambiar tanto en menos de un año? ¿Por un puto sueldo? ¿Por un nombre así, todo rimbombante, en una tarjeta? Venga ya.

Ahora las reuniones son a dos por semana. Una de revisión y otra de algo que se llama Reforzar la Conciencia de Empresa. Como broma, solté: a mí no me hace falta reforzar nada, sigo igual de quemado que el primer día.

Risas.

Para el que no lo sepa, estar quemado, harto, deseando aspirar a algo más, algo superior a uno mismo y a toda esa basura de la que es cómplice mí en otro tiempo mejor amigo Ismael, eso es importantísimo en Esta Empresa.

Vale que los horarios sean feudales. Vale que el salario dé para comprar pañales y gracias. Vale que las posibilidades de escalar en la jerarquía, vamos a admitirlo de una vez, son nulas o muy, muy, muy difíciles. Incluso teniendo mano dentro de la cúpula de los jefazos. Incluso siendo de la familia, como son la mayoría de los jefazos. Primos, sobrinos.

En fin.

Que vale todo eso, porque en el fondo los valores de Esta Empresa se mean y se mofan de todos esos correos que mandan a los de la FNAC diciéndoles que les quieren, que son engranajes imprescindibles de un motor oxidado sin el entusiasmo de sus trabajadores.
No se lo creen ni ellos.

A mi mujer empieza a caerle en gracia La Empresa. Antes solo me animaba por lo que me animaba, por un poquito de pena, por apoyarme en esto de ganarme la vida. Ahora ella está tan convencida como yo de los valores que representamos siendo una Familia de La Empresa.
A tope. Mi padre, en cambio, igual de suspicaz con todo el asunto. Se huele a dónde fui realmente cuando le conté que me mandaban a Nueva York a un curso de entrenamiento. Por lo menos ahora sé que la chavala no va a abrir la boca. Esto es importante.

Notición: se ha quedado una plaza libre de asistente en el círculo de los jefazos. Problema: habría que mudarse a aquel país. Ventajas: ascenso del quince.

Nos lo ha contado el Jefe de Campo, para incentivarnos a producir un poco más.

Dice: “Es ahora o nunca, chicos. Si le demostráis a los de arriba que podéis sacar adelante un PdGE (Proyecto de Grupo Europeo) se fijarán en vosotros, más incluso que en los de la Sección Africana o la Sección de Oriente Medio. Aquí los PdGE valen el doble y eso se tiene muy en cuenta donde vale la pena que estas cosas se tengan en cuenta. Ya me entendéis.”

Jobar si le entendíamos. Nos pusimos manos a la obra en seguida.

La chavala me ha llamado tontolnabo. Dice: ¿Pero tú te crees que si realmente quedara una plaza libre allí te lo iba a contar tu jefe así, tan alegremente? En eso tiene razón. Y también me hace pensar que no está del todo convencida de los valores de La Empresa. Normal. Viene de mejor familia, casi todo regalado, quemada, sí, pero menos que uno. Ahora me ha dejado en la duda.

Muchas preguntas.

Como por ejemplo: ¿se habrán leído los Jefazos la edición no abreviada del Manual, la tocho, la de ahora digo esto y luego digo lo contrario? Porque yo lo he intentado y no hay forma.

Como por ejemplo: ¿por qué ninguno de los Jefazos (barra) Mano Derecha de Jefazos (barra) Enlace Internacional de Jefazos nunca aclaran si alguna vez se han desgañitado como nosotros, si es verdad que han empezado tan desde abajo y se puede prosperar?  ¿Es una flaqueza imperdonable dudar del currículum de los Jefazos solo porque disfruten de una posición mucho más cómoda que nosotros, humildes pero esforzados obreros de una causa más grande que lo jamás creado?

Dita sea con la chavala.

Es el día.

Al final lo vamos a hacer. Sin fisuras en el grupo, con el beneplácito total y definitivo del Jefe Local, que por cierto nos ha estado triplicando las sesiones de Lectura y Estudio del Manual este último mes por el bien del máximo rendimiento de nuestro PdGE. La cabeza, como un bombo.

Ella me apoya. No confía en que vaya a mejorar dentro de la Empresa, pero me apoya. Jobar, cómo la quiero. A ella y al crío, que ya va por ahí dando bandazos y tenemos que echarle mil ojos para que no se abra la cocorota con una silla.

Si todo sale bien, quien sabe. Mañana no, claro. Quizás dentro de un mes, de dos, cuando todo se haya calmado un poco, mi decisión y emprendimiento sea justamente considerada donde merece la pena que se considere.

Quizás, una Mano Derecha de un Jefazo ponga una ceja así, como en arco, y salga corriendo a comentarle a ese Jefazo lo eficiente y lo entregado y lo bravo que he sido, muy por encima de mis eficientes y entregados y bravos compañeros de División Regional de la Empresa.

-Pero fíjese-dirá-¡En Europa! Que no estamos hablando de un Entorno de Productividad menos complicado, como Siria. O Irak.

-Arrea-dirá el Jefazo.

La chavala verá mundo, nos pondrán una casa en ese país que verdaderamente solo nos importa a nosotros, criaremos al pequeño en un entorno sano y libre de gente poco fiel a sus principios como Ismael, como, en fin, todo lo que me ha venido quemando desde hace ya la tira.
Y si no sale bien, no importa.

Porque como bien dice nuestro Jefe Local (del que sospecho se va a llevar todo el mérito, fijo), ¿para qué desvelarnos noche sí, noche también, dándole vueltas a la mollera con el tema de los ascensos y los privilegios de los Jefazos y las jornadas de 24 horas 365 días al año y si en la cúpula todos son primos, hermanos, sobrinos y padres y si no hay derecho a que a uno lo vayan a empapelar o a desintegrar en plena flor de la vida?

Al final, si por lo que sea hoy no vuelvo a casa, si por lo que sea termino tirado en la acera con un balazo infiel dentro del cerebro, sabré que ha sido por una causa mayor que yo mismo.

A ver si Ismael puede decir lo mismo.

A tope.

Isaac Reyes

 

 

 

 

 

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By | 2015-03-08T17:02:52+00:00 Enero 14th, 2015|Escritos|0 Comments

Sobre el/la autor/a

Nacido la semana antes de acabar la Guerra Fría. Se le da mejor hacer tartas de queso que escribir. Se le da mejor escribir que el kickboxing. Nunca ha practicado kickboxing. Por Dios, si hasta se asusta de su sombra.

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