Antonio García: "El poder envilece al hombre, lo defenestra, le roba el alma"

Antonio García (Coria del Río, 1961) lleva su forma de escribir grabada en la voz. Sin imposiciones, con formas de seda, su tono amable guarda un fuerte compromiso con sus creencias y una enorme firmeza al expresar sus ideas. No es hombre de imposiciones. Su conversación (como su prosa) prefiere convencer e hilvana un discurso coherente donde la literatura y los sentimientos son el centro. Ventajas de la libertad y la retórica. Esta noche vienen a por ti (Jirones de Azul, 2014) es su última novela, una historia que mezcla realidad y ficción en la Sevilla de la II República.  

 

Esta noche vienen a por ti es la segunda novela que publica en poco más de un año. ¿Eso cómo se hace?

Eso se hace trabajando mucho y dedicándole muchas horas. En esta nueva obra, sobre todo, al trabajo de documentación. Realmente, esta segunda novela me ha llevado dos meses y medio escribirla. He tardado más en buscar información que en otra cosa. La labor con uno de los personajes principales, que era guardia civil en los años veinte y treinta, me ha retrasado mucho. Al final son muchas horas de estudio, casi catorce o quince horas diarias, trabajando en mi despacho.

Principalmente ha sido todo trabajo de documentación. Una novela es un ente de ficción pero en mi libro se mezclan personajes de históricos e imaginarios. He querido documentarme para conocer cómo era la ciudad al principio de la II República, en qué entorno se movían los personajes, quienes vivieron un momento tan crucial de nuestra historia reciente para tener una base sobre la que edificar la novela.

Todo debió resultarle más llevadero después del éxito de El secreto de la Esperanza (Jirones de Azul, 2013), obra que funcionó muy bien.

El secreto de la Esperanza es una historia emocional donde se describe la relación entre la gente de la Macarena con la Hermandad desde el vínculo existente entre una familia y la Virgen. Tengo que decir que esa obra surge de una antigua idea mía que mis editoras, Rosa y Esperanza García Perea, acogieron como suya y me alentaron a escribirla aunque se aleja de mi idea literaria como escritor. Mis gustos literarios y mi forma de entender la creación narrativa van por otros sitios. Tampoco quería yo mezclar algo tan importante para mí como la Virgen de la Esperanza en una trama. El caso es que yo le llevaba dándole vueltas un tiempo porque hay mucha información sobre la Hermandad de la Macarena y sobre la Virgen pero nadie había novelado nada sobre ello. Las circunstancias se dieron así y al final ha tenido mucha aceptación, traspasando las fronteras andaluzas para recalar en lugares tan exigentes como Madrid o Barcelona.

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En ambas novelas las emociones juegan un papel muy importante. De hecho, al principio de algunos capítulos de Hoy vienen a por ti los personajes reflexionan sobre cómo se sienten.

Para mí es primordial que el personaje mantenga vida propia, que sienta lo que yo estoy escribiendo. Esa es la forma de llegar al lector, transmitir a través de hechos circunstanciales y jugar con el ritmo literario para que empatice con el personaje y con la historia. El lector debe sentir y descubrir lo que el personaje va a experimentar, lo que va vivir en ese capítulo, por ejemplo, en el quinto, cohabitar con la angustia del perseguido y que la vida se le va escapando poco a poco. Esa es la sensación que quiero implantar en el lector.

Como ejemplo, cuando concebí al personaje de Eduardo Solís, se me ocurrió que ante la incertidumbre de la muerte, la principal preocupación no está en lo trascendente del fallecimiento, sino en cosas más cotidianas como el dolor reciente por una caída o añorar al rostro de su esposa. En este caso, aparece la necesidad del instinto humano de preocuparse por las cosas más básicas, como el dolor, el amor o la ausencia. Y eso traté de transmitir precisamente, la importancia de las pequeñas cosas en momentos fundamentales de la vida humana.

Existe una profunda reflexión en su obra sobre la bondad y la maldad humana. Un tema complejo, cuanto menos.

Los que escribimos tenemos la responsabilidad de transmitir los valores que se están perdiendo, aquéllos con los que fuimos instruidos los de nuestra generación. Uno de ellos es la bondad. Nadie se para a pensar en la necesidad de poseerla. Estamos más preocupados de que nos funcione el móvil o de un mensaje de whatsapps que en estos valores. Es una propuesta que intento difundir cuando me enfrento a un folio en blanco: Frente al mal, y las fuerzas malignas del universo, se subleva el bien. Mis personajes luchan contra la perversidad con denuedo, en una confrontación mortal por defender unos ideales muy concretos.

En la presentación del libro, por ejemplo, hice hincapié en un hecho histórico olvidado como el sacrificio del batallón de Caballería Alcántara XIV, en los tristes días del desastre de Annual. Fue una muestra de heroicidad tremenda y que el gobierno de la época y la historia casi han ignorado. Valores así son los que quiero transmitir.

Usted ensalza la figura de Fernando Primo de Rivera pero también otras teóricamente opuestas como José Díaz o Saturnino Barneto. ¿Cómo se casan estos nombres dentro de los mismos valores?

La Historia de España tiende a ensalzar a personajes mediocres, que se preocuparon de utilizar la bizarría de aquéllos, mientras ningunea a quienes han hecho méritos para figurar en ella. Defender unos ideales frente a la gran mayoría, aunque yo no los comparta, e intentar humanizar el socialismo de la época tiene un gran valor. Díaz y Barneto eran vecinos de la Macarena y, por tradiciones orales que han llegado a mí, participaban de la realidad del entorno y compatibilizaban su labor social y política admirando la belleza y la devoción del pueblo hacía la Virgen de la Esperanza. Pero la Historia la escriben los vencedores y estos hombres fueron víctimas de su derrota y de los extremismos. También de los de su propia gente, que desarrollaron una revolución propia que muchas veces no entendían.

¿Cómo encajan estos personajes históricos con los de ficción?

Ese ha sido el gran trabajo de investigación que he querido hacer. Acoplar a los personajes históricos, como en el caso de Lecherito, que por cierto era abuelo de mi mujer, y adaptarlos a los tiempos convulsos en los que vivían, haciéndolos después partícipes de la trama.

El barrio de la Feria y Coria, su pueblo, tienen un lugar destacado en la novela. ¿Por qué son tan importantes las localizaciones?

La Macarena era el Moscú sevillano, un lugar donde se mezclan, aún hoy, muchos sentimientos contrapuestos. La primera frase de la obra, que da título al libro, es real y se sitúa en este entorno. La Macarena era el principal foco revolucionario de la ciudad. Allí nacieron José Díaz y Saturnino Barneto, allí vivían los obreros que trabajaban en las fábricas cercanas y los hortelanos que mantenían sus campos como vergeles, y allí se producía el enfrentamiento ideológico entre los señoritos que residían en la Alameda y los habitantes de los corrales de vecinos de la calle Feria. La pobreza extrema, la peculiar forma de entender la vida de una hermandad tan importante como la Macarena, el nacimiento de nuevas corrientes políticas… todo convivía allí. La República llegó incluso a bombardear a cañonazos Casa Cornelio, centro donde se congregaban los activistas políticos para conspirar. Aquello era un hervidero de confabulaciones donde se mezclaban los más extremos idearios políticos.

También aparece Berlín…

Eso es un juego literario que hago en el último capítulo. Yo creo que el mundo está manipulado y dirigido por unos cuantos seres que orientan nuestras vidas y el resto somos marionetas que nos movemos a su capricho y conforme a sus intereses. Detrás de nuestra soberbia, y del hecho de considerarnos imprescindibles, están esos intereses que utilizan el mal para lograr lo que desean. Las fechas son suficientemente significativas para entender el truco… El mal es como el Ave Fénix que siempre se regenera.

Uno de los temas principales de su libro es el poder pero, ¿qué es el poder?

El poder es querer conseguir lo que es inalcanzable para el hombre, ansiar aquello que sólo está al alcance del Ser Supremo y que el género humano sólo puede llegar a intuir. El ego que sobresale en unas personas (en algunas mucho más que otras) para dominar los hilos y sentirse Dios. El poder desentraña los más bajos instintos y mueve a las personas a utilizar cualquier medio, llegando a degradar al ser humano, para alcanzar sus propósitos. El poder envilece al hombre, lo defenestra, le roba el alma. Por eso hay poca gente que sea poderosa, porque la gran mayoría de la gente rige su vida por la bondad y la inocencia con la que fue concebido.

Por cambiar el tono y por su vinculación con la misma. ¿Qué es la esperanza?

¿La esperanza? (Sonríe alegre, cambiando el tono). Parece mentira pero es algo que yo nunca he podido describir. Es una ilusión, es tener vida, es levantarte cada mañana y ver el sol… Es un conglomerado de sentimientos que no se puede describir.

Por otro lado, la esperanza es el rumbo por el que Dios guía mi vida. Sin esa virtud teologal y humana yo no sería la persona que soy. La Esperanza es la esencia principal del ser humano, la que le guía. Sin esperanza no tendríamos vida, no veríamos más allá del dolor.

Las dos novelas que ha escrito en el último año se ambientan, como hemos hablado, en Sevilla, una ciudad que se ha convertido en un género literario. ¿Sevilla vende?

Tenemos que tratar que venda. Tenemos un marco sentimental, literario, artístico e histórico excelente. Muchos de los mejores escritores, escultores y pintores nacieron aquí. Tenemos que desprendernos de esa lacra, que nos lastra, de no haber resuelto la supremacía del barroco, de su inmovilidad provinciana que decelera el avance de esta ciudad, que mantiene un importante patrimonio cultural y un pasado y una historia tan brillante como pisoteada por sus hijos postmodernos.

Mi idea, más allá de críticas, es crear un mundo literario en torno a Sevilla. Salvando diferencias, como hacen Faulkner o Muñoz Molina, pretendo que Sevilla sea el lugar donde se desarrollen mis narraciones, mis escritos y mis novelas. Pienso que es necesario. Historia tenemos para ello.

Me ha hablado de Faulkner y Muñoz Molina. Como filólogo y escritor, ¿cuáles son sus referentes?

Yo soy un apasionado de la Literatura contemporánea española, sobre todo de los últimos años. Tengo que decir también que Cervantes es un genio. Yo he leído El Quijote en dos ocasiones. La primera vez comencé a leerlo obligado, y por ello con recelo, pero una vez fui enfrascando en las historias se me acabó presentando como una obra maravillosa. Pero me siento más atraído por la Literatura contemporánea española. Sé que hay autores extranjeros muy buenos, excelentes, pero yo prefiero vivir en mi entorno y participar del mismo. En este sentido, disfruto con Antonio Muñoz Molina. Hay otro autor a quien también admiro mucho que es Luis Landero. Me parece que escribe muy bien, que trabaja excelentemente sus historias y expresa bien lo que escribe. Su libro Juegos de la edad tardía es un punto de inflexión en la Literatura actual.

Por último, tengo que nombrar a William Faulkner, el único autor extranjero que me ha apasionado. La gente me dice que es muy difícil pero las cosas difíciles hay que leerlas también. Yo llegué a Faulkner por recomendación de un amigo. Cuando empecé a leer ¡Absalón, Absalón! me  ocurrió como con El Quijote, no me enganché de salida. Ahora tengo casi toda su obra e investigado sobre él. Me apasionó que fuera guionista de Hollywood y compartiera mesa y mantel, y alguna que otra juerga, con los grandes actores del Hollywood dorado.      

Sin embargo, y hablando como alguien que ha ganado premios a nivel local y autonómico, la vida del escritor no es tan ideal como en el cine.

Con el trabajo, con el día a día, es muy complicado. Si te soy sincero, yo lo he dejado todo por escribir. Era mi ilusión desde los cinco años, siempre he sido un fervoroso lector y un apasionado de la escritura. Ahora, con el apoyo de mi familia, puedo cumplir ese sueño. Ha sido una decisión dura y no lo he pasado demasiado bien en estos últimos años, pero no siento ningún desasosiego por haber dejado en el camino algunas cosas. No me voy a morir sin desarrollar esta pasión, sin cumplir ese sueño.

Desde la libertad que le da hacer lo que quiere, para terminar, me gustaría que me hablara como lector: ¿Por qué hay que escoger Esta noche vienen a por ti entre los más de 80.000 títulos que se publican al año en España?

(Se ríe) Yo le diría al lector que va a encontrar muchas cosas de él mismo. Se puede redescubrir sus raíces emocionales, cosas que uno cree que uno tiene. Va a retomar valores que la sociedad actual intenta disfrazar con preocupaciones menores. El otro día recibí una crítica de un amigo mío, que se asustó inicialmente cuando le conté que había una reliquia por medio de la obra. “Otro libro de Templarios y esas cosas…”, me dijo con desánimo antes de leerla, opinión que cambió cuando la terminó de leer. Pero eso es un artificio, un pretexto. Esto no es una novela pseudo-histórica sino un referente de la Verdad. Lo que hay en la novela son nuestros sentimientos.

Voy a contar una anécdota al hilo de la pregunta. El otro día estaba en la Casa del Libro hablando con el responsable de comunicación y se presentó en ese momento un cliente. Me invitó a venderle mi libro y el señor, que llevaba otro libro en la mano, me preguntó que por qué el mío y no otro. Yo le respondí “porque ese es ficción y este es sentimiento”. Se llevó el libro.

 Francisco Huesa (@currohuesa)

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By | 2015-03-08T17:04:24+00:00 diciembre 26th, 2014|Entrevistas|0 Comments

Sobre el/la autor/a

Si somos lo que estudiamos, me debo definir como historiador y gestor cultural. Si somos lo que hacemos entonces soy profesor, autor de un puñado de artículos y de algún que otro libro y director de una Revista llamada Distopía. Mi filosofía es bética, por eso vivo de la Esperanza y me educo en la desilusión. Y sobre todo lo anterior, aprendiz de mí mismo, que por algo somos el único error que podemos permitirnos

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