Manuel Jesús Roldán Salgueiro (Sevilla, 1970) es un hombre polifacético. Historiador del Arte, profesor de instituto, colaborador en televisión, escritor de relatos eróticos y autor de numerosos libros de Historia, ahora reedita Historia de Sevilla (Almuzara, 2014) en un formato mucho más manejable. Hábil conversador, persona coherente y profunda, Manuel Jesús personifica la voz de dos ciencias que nunca son suficientemente escuchadas: la Historia y la Educación.

 

-Historiador del Arte y profesor, ha escrito usted numerosos libros sobre Sevilla y su Historia. Me gustaría preguntarle, ¿Sevilla conoce realmente su historia?

-En mi opinión no. Creo que se tienen ideas básicas llenas de estereotipos y en gran medida descontextualizadas. Son ideas que no se ponen en relación ni con la Historia Universal ni con la del resto de España. Esta falta de contextualización provoca que no se valore en su justa medida ni se le otorgue la importancia que realmente tiene para la sociedad. Porque lo que no se conoce no se valora.

Manuel Jesús Roldán_Abec editores

-Ahora reedita Historia de Sevilla. ¿Cuál es la intención de esta obra y de su reedición?

-Desde un inicio, Historia de Sevilla tiene una intención divulgativa. La historia de Sevilla debe darse a conocer a todos los niveles. Pero sobre todo necesita ser divulgada desde un punto de vista didáctico. Sobre el tema hay muchas obras de carácter universitario, pero en su mayoría no llegan al gran público. Historia de Sevilla pretendía hacer llevar la historia de la ciudad a más gente. Pero también buscaba darle un rigor científico, pues tradicionalmente la Historia de Sevilla ha estado muy ligada a la leyenda y a lo legendario. La obra, en definitiva, pretendía unir lo divulgativo con lo científico.

Con la reedición, realizada en un formato más reducido, se pretende hacer llegar el libro a más gente, precisamente para que responda mejor a ese carácter divulgativo que antes he mencionado.

 Portada Historia de Sevilla

-Muchos le achacan a la ciudad su inmovilismo y su incapacidad para progresar. ¿Es Sevilla una ciudad estancada y sin proyecto de sí misma?

-Sí, me temo que sí. Desgraciadamente Sevilla es presa del desconocimiento propio y el maniqueísmo. Actualmente se encuentra enfrascada en un falso debate entre progreso y conservacionismo totalmente inútil. La ciudad debe enfrentarse al futuro teniendo en cuenta su pasado, algo que debería resultarnos perfectamente lógico.

Sobre el proyecto de ciudad, probablemente por su gran pasado y amplio patrimonio, Sevilla siempre ha vivido demasiado pendiente de su historia. Además, siempre ha volcado demasiadas expectativas en los grandes proyectos frente a una evolución más continua. Prueba de ello son las dos exposiciones de 1929 y 1992.

-Como dice, Sevilla es una ciudad que vive en continuo conflicto con su patrimonio artístico, en gran parte olvidado u oculto. Pero, ¿Sevilla está concienciada la ciudad del valor de este patrimonio? ¿Sabe cuidarlo?

-No. Una muestra evidente de ello es que una iglesia como Santa Catalina se haya llevado cerrada diez años. Eso en un país civilizado no ocurre. Y no ocurre porque hay otra consciencia social pero, sobre todo, no hay ese profundo desconocimiento de su Historia. En Sevilla hay 120 iglesias y la gente conocerá, como mucho, el 10%. A mí me sorprende mucho que los turistas vengan a Sevilla al convento de Santa Paula y la mayoría de los sevillanos no sepa ni siquiera donde está.

-Al hilo de esta dualidad, y poniéndose en historiador del arte que ha escrito muchas obras sobre historia local. ¿Qué aportan estas historias locales a una supuesta historia general?

La historia de Sevilla no puede entenderse de una forma independiente. A lo mejor la de otro lugar sí, pero la de Sevilla es imposible. Por su papel protagonista, no se puede entender la Historia de España o incluso la Historia de Europa sin conocer la de Sevilla. Pero tampoco se puede entender la Historia del Arte en Sevilla sin insertarla dentro del contexto Europeo. Esto hace que una Historia de Sevilla nunca pueda ser una historia localista.

 

-Sin embargo, resulta curioso ver como hay gente que conoce la fecha de restauración de los bordados del faldón de un paso y no conoce el “Apolo y Dafne” de Bernini. ¿Sería capaz de explicarme esto?

-Realmente eso resulta increíble y forma parte de esta Sevilla friki que es capaz de identificar cien candelerías de paso de palio pero no sabe qué es el baldaquino de San Pedro. Y luego se da también el fenómeno contrario: el que alardea de haber ido a Madrid a ver el Museo Thyssen o el Museo del Prado y no conoce el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo o tiene olvidado el Museo de Bellas Artes. Aquí están desde el especialista en temas locales hasta el desconocedor de general que da más valor a lo de fuera por el mero hecho de serlo. La verdad que es un tema digno de estudio para el que no tengo respuesta.

-La Historia, especialmente a nivel divulgativo, ¿vive todavía en la acumulación positivista de datos?

-Es muy posible que a nivel divulgativo se caiga simplemente en dar datos. En el mundo de la Semana Santa, por ejemplo, se encuentra precisamente muchas publicaciones de ese tipo. En cualquier caso, yo por lo menos así lo he intentado, cada vez más hay más interpretación y contextualización de datos, habiéndose superado esa historiografía que mezclaba Positivismo y leyendas a partes iguales.

-En una sociedad tan práctica y utilitarista como la actual, ¿qué provecho puede sacarse del conocimiento de la Historia?

-Hoy en día necesitamos la Historia. Yo estoy seguro que el radicalismo político y las posturas sesgadas nacen del desconocimiento de la Historia. El debate entre Monarquía y República, por ejemplo, está lleno de ideas vacías y sin fundamento, alejándose del espíritu crítico y de la discusión inteligente. Una comprensión más exhaustiva de la Historia ayudaría a conocer el origen de las cosas, huyendo de las manipulaciones, polémicas y sentencias planas. Hay gente que piensa que el mundo se acaba con una frase brillante. Si supiéramos más historia la sociedad sería más moderada y relativizaríamos más las cosas, dándole importancia a lo que realmente lo tiene.

-Sabemos también su interés por la literatura erótica, habiendo publicado libros sobre el tema y gestionando el blog Palabras como Labios. ¿Qué tiene la Historia del erotismo?

-En un paralelismo curioso, la historia siempre insinúa algo detrás. En contraposición a la pornografía, que muestra todo descaradamente, el erotismo tiene una apariencia y algo que no se ve. La historia muestra el hecho, el dato positivo… pero siempre esconde algo.

-En su faceta como profesor, más allá de los programas, ¿tienen la Historia y la Historia del Arte el papel que se merecen en la Educación?

-Me temo que no. Después de dieciséis trabajando de profesor he visto que existe una tendencia a marginar los estudios llamados de Humanidades. Se intenta encauzar a los alumnos con mejores calificaciones a las ramas de Ciencias. A ello hay que sumarle el problema de los contenidos. La Historia Antigua, algo tan difícil de entender, se da únicamente en primero de ESO, con alumnos que difícilmente pueden asimilar conceptos muy complejos. Existen contenidos de Geografía que se repiten sin mucho sentido. Y luego está la Historia del Arte, arrinconada a final de algunos temas y a una optativa de segundo de bachillerato. Esto último resulta especialmente curioso en una sociedad tan visual como la nuestra, teniendo los alumnos dificultades a la hora de interpretar las imágenes.

-Hace poco salía un borrador de la Junta de Andalucía imponiendo un pliego de condiciones para poder suspender a un alumno. Muchos profesores, entre ellos usted, han puesto el grito en el cielo por esta y otras medidas que consideran que degradan la Educación. Con este panorama, ¿qué futuro espera a las próximas generaciones y a la propia sociedad?

-No me gusta ser radical ni pesimista pero creo que en este caso hay que serlo. El gran fracaso de España en el último cuarto de siglo es la Educación. Se ha hecho bandera política de un tema que nunca debió serlo. Llevamos años recortando contenidos y conceptos fundamentales, olvidándose el esfuerzo y el progreso personal. Hoy se dan situaciones impensables en una clase de hace veinte años: hay que enseñar a los niños a sentarse bien o a tener el mínimo respeto. En el momento en que la sociedad coloca al profesor en el último escalón de la sociedad a un profesor y en la cima a un futbolista o a una señora que se ha acostado con un torero, tenemos la magnitud del fracaso de la Educación es España.

A esto hay que sumar que la política, probablemente de una manera interesada, ha impuesto una pedagogía falsa que no ha hecho ningún bien a la Educación, basada en la falsa igualdad y en una atención a la diversidad embustera. Estamos en un medio donde se persigue al profesor en lugar de darle el valor que tiene como enseñante, estando los centros en manos de “comisarios políticos”, inspectores y trámites burocráticos que controlan la actividad y que reducen la Educación a un mero conjunto de consignas vacías. Y el mayor problema de esto es que las generaciones futuras van a perderse en la falta de competitividad, con alumnos excelentes que pierden oportunidades en favor de los que no quieren hacer absolutamente nada.

-Con la situación que nos describe, ¿tiene solución la Educación?

-Es una batalla perdida. En cualquier sociedad del mundo, al primero que se escucha es al profesor. Aquí la consigna es discutir al profesor. Así no se pueden solucionar los problemas, entre otras cosas porque no se aborda la raíz del problema.

 

Francisco Huesa (@currohuesa)