Ésta es una entrevista que lleva gestándose meses. La intensidad de la vida política en nuestro país empieza a medirse en la dificultad para encajar en la agenda de quienes son o aspiran a ser representantes de la ciudadanía. Si he de serles sincero, llegó un momento en el que ya perdí la esperanza de poder entrevistar al candidato del PSOE a la alcaldía de Sevila, Juan Espadas. Pero la primera promesa la ha cumplido, y hemos conseguido entrevistarle. A 48 horas de empezar la campaña que él espera pueda llevarle al gobierno municipal de la cuarta ciudad en número de habitantes de España.

En el fondo hemos tenido suerte, porque en vez de entrevistarlo en los meses de invierno, cuando la ciudad hiberna, lo tuvimos para nosotros en mayo. Nos encontramos en Las Setas y desde allí, mientras íbamos hacia un lugar para sentarnos y charlar, una cosa me sorprendió enormemente: la cantidad de gente que se paraba a saludarlo. Y no lo saludaban como quien saluda a alguien que simplemente es conocido, sino como saludas a alguien que realmente conoces de cerca. Me sorprendió porque si ustedes no son de Sevilla quizá no sepan que nos encaminábamos hacia una parte de la ciudad donde se ha articulado un eje de tiendas, cafeterías, restaurantes, galerías de arte, que llevan mucho tiempo ya cambiando la visión de la ciudad. Era gente de esos ámbitos quienes se paraban a saludar a Juan Espadas.

«Hasta aquí perfecto», pensé. «Ahora, veamos si el candidato del PSOE tiene un plan cultural para Sevilla.»

Hay una Sevilla que parece separada en dos pero en la que se ve mucha vitalidad. Las Setas ha articulado la ciudad.

Esto le ha dado la vida. Estamos en un día laborable y sin embargo esto está lleno. Ésta es una apuesta segura, pero tenemos que ser capaces de darle más masa crítica y darle más personalidad a esta zona. Determinadas zonas, como ha pasado en otras ciudades europeas, en las que hay una vocación natural, en las que se hace una apuesta muy concreta, hay que sabe mantenerlas en el tiempo, ayudar a quien se instala a que esto no sea que cada uno se busque la vida. Hay un elemento de espontaneidad que es puro, esto no es artificial, pero es cierto que esto no se puede dejar sin apoyo. Si te cierran dos locales en un sitio determinado te genera un efecto determinado, parece que la zona está decayendo. En cambio, si te abren dos, te crea el efecto contrario.

Nosotros queremos revisar el tema del callejero desde el punto de vista de la fiscalidad para favorecer la reactivación económica.

Eso nos han comentado desde determinados comercios culturales de esta zona, que se sentían aislados del resto de políticas de la ciudad. La cultura como Plan B, especialmente en cosas como el arte contemporáneo en las que se hacen concursos de arte joven y poco más. ¿Hay un plan más allá de eso?

Hay mucho más que una simple agenda de eventos para llamarse una ciudad con una oferta cultural potente. Ése es uno de los elementos llamativos en los que podríamos analizar el balance de este mandato municipal. Alguien se ha preocupado de tener un par de eventos de importancia al año para justificar que tiene una política cultural, pero no la tiene. Una política cultural es un plan, y este gobierno no la tiene ni para esto ni para nada, porque eso es algo más rico. Hablábamos viniendo aquí del Plan Director de Marset, ahí había una filosofía, que se puede compartir o no, yo la comparto, había un plan de descentralización de la cultura en los barrios, había filosofía, música, y luego tenían que acompañar los recursos. Y luego agentes propios capaces de generar eso y consumidores de cultura que lo hagan vivo.

Si no, tú has generado un escenario y luego resulta que es ficticio, que la gente no lo quiere, no le interesa, deja las salas vacías o determinados tipos de certámenes, de perfopoesía, pues no tienen atractivo o son muy minoritarios. Hace falta un plan, y dejar de usar la cultura como un programa de políticas adicionales que van al final del programa y plantearlo al lado de la economía. Si quieres un salto de calidad en lo que la cultura suponga a tu ciudad, tienes que introducirlo en la toma de decisiones económicas de la ciudad. Si es un sector estratégico tienes que tratarlo como tratarías a los constructores en el urbanismo o a los operadores turísticos, y ligarlos en una estrategia integral: la cultura con el turismo, con el ocio alternativo, con una oferta diversa. La cultura o es vanguardia o es permanentemente innovación, pero la cultura no puede ser solo tradición. Al final, si tú te fijas, Sevilla vive de su patrimonio, de sus tradiciones, de elementos muy potentes de identidad, pero complementa ese patrimonio con una oferta cultural bastante más discreta, por no decir otros términos. No ha conseguido ser una ciudad en donde haya tendencias, y sin embargo en moda tenemos gente muy interesante, en artes escénicas, en cine, y eso hay que animarlo, hay que apoyar a esos promotores.

Parece que no es un problema de partidos sino de voluntades. En Málaga gobierna el PP y sin embargo se mueve.

Eso es lo que yo llamo ejercer desde el Ayuntamiento y desde su máximo responsable un liderazgo con un proyecto de ciudad. Lo podrás compartir o no, pero tiene un relato, tiene unos fundamentos, y además se ejerce. El alcalde de Málaga ejerce. Hay cosas que se comparten con él y otras en las que sencillamente podemos discrepar. Pero todo el mundo reconoce que el casco antiguo de la ciudad de Málaga y las apuestas que se han hecho para que en Málaga haya determinado tipo de equipamientos culturales, determinado tipo de iniciativas, son apuestas que se han concebido liderándolas desde el propio ayuntamiento.

Eso aquí no se ha hecho en cuatro años. Aquí se ha cogido lo que había y se ha continuado en su gestión con más o menor resultado. Una Bienal de Flamenco, unas exposiciones temporales más o menos acertadas y tal… eso es muy poca ambición. Y mientras tanto el panorama de apoyos a quienes tienen que ir construyendo, el sector, ha podido hacer lo que ha podido hacer pero no porque lo público le haya dado una cierta seguridad de red, de apoyo, de cierto cariño en estos cuatro años. Pero sobre todo no hay un plan, no hay una filosofía de trabajo, un proyecto sobre qué queremos que sea Sevilla. El eje San Luis, calle Feria, las propias Setas están muy por debajo de su capacidad de explotación turística. Esto tenía que ser un sitio de vanguardia permanente. En esa plaza deberíamos tener cada mes un referente de cosas nuevas, de vanguardia.

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Cuando llegan las elecciones siempre hay un ramillete de grandes proyectos como el de la Fábrica de Artillería, que usted trajo hace cuatro años, ¿ese proyecto sigue en pie? 

Nosotros empezamos a tener un grave problema porque tenemos un patrimonio tan importante, y cuando eso sucede se tiene también una gran responsabilidad. No saber qué hacer con ello es un síntoma de que no estamos bien gobernados. Hay mucho margen de mejora posible. Nos pasa con el patrimonio natural, el río, áreas verdes importantes, mal conservadas, sin un proyecto propio de gestión de esos espacios. Y nos está pasando con el patrimonio cultural y con otros equipamientos que ha recuperado la ciudad y que resulta que no tienen uso, cuesta mucho dinero, es decir, la perspectiva primero de que cuestión de este tipo, cuando había inversión pública, concurso de ideas internacionales porque había dinero, en el momento que te falta el dinero público no nos planteamos otros mecanismos de financiación de proyectos y otras maneras de gestionarla.

Mientras tanto, ¿qué se hace fuera? En primer lugar, lo convertir equipamientos en grandes destinatarios de inversión pública no es así en todos los sitios. Hay equipamientos donde las rehabilitaciones que se han llevado a cabo son bastante modestas y austeras, otras no, otras son proyectos megalómanos. Pero, sin embargo, donde la novedad ha estado, la innovación ha estado en lo que utilizas en el contenedor, en cómo lo utilizas y quién la opera. Es decir, la gestión de espacios es la gran innovación desde el punto de vista del uso de los inmuebles, del patrimonio. Sevilla tiene ahora mismo una oportunidad espectacular con equipamientos como la Fábrica de Artillería para tomar decisiones acertadas.

Yo no concibo decisiones acertadas de una sola persona. No confío ni en las mías. Yo creo que lo mejor cuando estamos ante una decisión de tal envergadura es generar un proceso de debate y de participación con gente de mucho nivel, interna y externa, pero empezando siempre por la interna, para analizar cuántas posibilidades tenemos. Así podemos descartar las menos productivas, las que generen menos valor añadido para la ciudad. Y desde ahí buscar quién tiene que invertir, a quién habría que buscar.

Una oportunidad del próximo mandato clara… mira he tenido una reunión con Antonio Muñoz y con un profesor de la Universidad, Julián Sobrino, experto en Patrimonio Industrial, que nos hacía no una, sino veinte propuestas. Pero es que en el curso de la reunión surgieron tres más. Tenemos la oportunidad tremenda de generar un proceso de debate, de ideas, de inteligencia colectiva, ser capaces de generar y darnos un plazo para decir “vamos a estar durante dos meses reflexionando todos los días, muchas jornadas trayendo aquí otras experiencias de otros lugares, analizándolas, trayendo a los mejores técnicos que tengan una idea y la quieran contar y lo único que le vamos a pedir es que digan cuánto cuesta, cómo se financiarían, quién las gestionarían”.

Quiero construcción de proyectos. Requisitos que pondríamos: creemos que iríamos a la cogestión, queremos poner en valor esos espacios con la oportunidad coparticipada, es decir, yo nunca quitaría a la administración local de ahí. Hay un modelo en Nantes de una fórmula de cogestión entre el ayuntamiento y diez u once asociaciones para un espacio cultural. Por ejemplo, también en Matadero en Madrid.

Me contaba Julián que van a haciéndolo por fases. Ése sería un objetivo muy realista en Fábrica de Artillería: no hablar de todo a la vez sino coger y decir “una nave, una experiencia”. Qué hacemos con esa nave, empezar a ver opciones que no nos hipotequen otras opciones de crecimiento como en Matadero en Madrid. Unas tienen un desarrollo, y otras, otro.

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Pero con las Atarazanas, con la Caixa, se tuvo una buena opción de inversión cultural y eso no salió adelante. 

Eso es justo la diferencia entre un modelo anterior y el nuevo. Hemos saltado con la crisis de un modelo a otro. El modelo antiguo era el que tenía un gran equipamiento que requería de una gran inversión pública y donde se busca un gran y único patrocinador para hacer una gran operación detrás. Ése es un modelo en el que nos hemos instalado históricamente. Yo creo que ese modelo, de momento a medio plazo, no se va a reeditar. No va a haber grandes financiaciones públicas, y si vuelve a haber mucho presupuesto público habrá otras prioridades.

Sí debe haber gente interesada en invertir en cultura, y también desde el punto de vista privado. Pero donde está la novedad es que esos espacios sean concebidos desde la idea de un arquitecto y para el diseño, en este caso la ejecución de una administración a su leal saber y entender, y la riqueza de saber operar mucha gente distinta, de manera conjunta en un proyecto colectivo, es enormemente más rica y moderna. Estamos en un momento histórico en donde vamos a eso y hemos dejado lo anterior.

Lo que pasó en las Atarazanas fue sencillamente que alguien que dice “me meto, tengo mucho dinero, invierto”. Luego cambia el ciclo económico, cambia la entidad, que tiene otra prioridad porque ha comprado, o le ha tocado, otro lugar, que es la Torre [Pelli]. La Cáixa tiene un proyecto cultural detrás, que es Cáixa Forum, pero lo mismo podría haber llegado otra entidad sin actividad cultural.

Yo creo que es mucho más rico el nuevo modelo. Siempre he sido muy crítico con la decisión de qué va dentro de las cosas o por qué tomamos determinadas decisiones, incluida ésta [Las Setas]. Es decir, hay que revisar los concursos de ideas internacionales donde una gran firma o un gran arquitecto decide, y así lo hace porque gana o porque lo decide una comisión de siete personas. Y la gente lo acepta porque un alcalde decidió que esto fue un concurso de ideas internacionales y porque un arquitecto ha resultado ganador. Frente a eso hay catorce mil que piensan de otra forma y a los ciudadanos nadie les ha preguntado.

Y hay cosas y cosas. En espacios grandes como éste [Las Setas], o grandes equipamientos a los que deberíamos acostumbrarnos a hacer consultas ciudadanas, hay que analizar muy bien qué opina la gente. Luego nos llevamos grandes sorpresas. La gente entiende que se gobierna diciendo “te han dado la responsabilidad, haces, quitas, pones”, pero hay otra forma de gobernar.

¿Habría que haber consultado a los ciudadanos por las Setas? 

Sí. Yo lo hubiera hecho. ¿Una inversión de esta envergadura? Sí.

Además, da la sensación de a nivel económico va a ser imposible rentabilizarlo, pero ¿a nivel social? 

Seguro, incluso a nivel económico. Depende del período de amortización. Todos los grandes proyectos de ciudad han duplicado su presupuesto. Cuando se inauguraron las Setas yo estaba en Londres. El mismo día o un día después leía una polémica tremenda que había en la ciudad sobre la Biblioteca Municipal que había multiplicado por dos o tres su presupuesto inicial. Había una bronca… como aquí.

Eso tiene una explicación: el planteamiento, la solución técnica, el que no había precedentes… era una apuesta arriesgada. Está claro que con los presupuestos públicos hay que arriesgar lo justo. Lo pienso no solo porque sea una persona austera sino porque hay que poner límites. Yo lo que no voy a hacer es tomar decisiones extemporáneas, quien la tuvo que tomar en un momento determinado, y ahora la obligación de los que hemos venido por detrás es sacarle el máximo partido. [Las Setas] es un icono de la ciudad, tiene fuerza y potencia como para cambiar la realidad de un área urbana y su coste es muy alto.

La responsabilidad es convertirlo en un ámbito capaz de crear una revolución económica y cultural detrás de esto. ¿Seremos capaces de hacerlo? Eso va a depender solo de nosotros. Quien le preguntara a Eiffel al cabo de los cinco años… transcurridos cien ahí está.

Al mencionar el tema de inversión pública, una cosa que llama la atención que salió a colación al entrevistar a María del Mar Sánchez, es que Sevilla es una de las ciudades y en algún caso “la” ciudad que menor dinero recibe tanto del Estado (PP) como de la Junta (PSOE). 

Tenemos un mal modelo de gestión de los museos. Planteamos en la propuesta un plan museístico porque tenemos un problema de definición en el modelo de gestión. Tenemos un problema de compromiso de inversión por parte de las administraciones. Es intolerable lo que se ha hecho con el Arqueológico donde se han puesto y quitado partidas presupuestarias.

Hace tres años estuve con Mercedes de Pablos allí, y ya nos decía directora que tenía problemas… me parece absolutamente intolerable. Debería haber una asignación presupuestaria por su responsabilidad.

Luego, el Museo de Bellas Artes, hace muchos años que se tenía que haber creado un Patronato como se ha hecho en otros lugares que tuviera capacidad de incorporar financiación privada. Tiene potencial, tiene recursos, tiene un patrimonio que no es capaz de exhibir porque no tiene espacio.

Es muy significativo que no se haya sido capaz de avanzar en ese sentido. Quedan muchas cosas por hacer.

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Como el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. 

Es un museo que tiene los almacenes llenos de obras que no es capaz de exponer porque si expone todo lo que tiene se queda sin sitio para exposiciones temporales. Lo que demuestra que tendríamos que reformular nuestra oferta museística, cómo conectar Cartuja con Bellas Artes, cómo generar itinerarios que sean atractivos y tengan una explicación.

El CAAC está aislado. 

Como toda la Cartuja, porque está aislada de la trama de la ciudad. Si conectáramos el museo de arte contemporáneo con el Bellas Artes, con el Arqueológico, con el de Artes y Costumbres, con la oferta museística, y es que sigo insistiendo en que falta un contenedor potente en la parte de la ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Por eso he planteado que una parte de la Universidad, de la antigua Fábrica de Tabacos, sin hablar del Rectorado o la universidad que seguiría allí, pero con un uso docente a mi juicio infrautilizado… deberíamos poder hablar de estas cosas. Si llegamos a la conclusión de que no, vale. Pero hay quien dice que ahí tenemos un Louvre en potencia y que deberíamos poder utilizarlo, y el Rectorado podría ser compatible con un uso museístico.

Da la sensación de que hay en Sevilla mucho patrimonio mal gestionado, como las iglesias o conventos que están cerrados o son difíciles de acceder.

Hace unos años tuve una responsabilidad en la Junta, era Consejero de Vivienda, y recuerdo que me tocó algunos de los últimos preparativos de la conmemoración de la Constitución de Cádiz. Era 2010 y recuerdo que tuve oportunidad de analizar qué se había hecho antes de llegar yo. Llevaba cuatro o cinco años funcionando un convenio entre la Archidiócesis y la ciudad de Cádiz para analizar todo ese patrimonio de conventos, residencias, y cómo generar distintos equipamientos públicos para la ciudad, o de tipo turístico, o ver cómo se mantenía el equipamiento religioso con algún apoyo porque si no no había fondo para mantenerlos.

Hay que ser capaces de sentarnos en una mesa con la Archidiócesis y analizar el tema de los conventos en el casco antiguo. Ver hasta dónde está dispuesta la Iglesia a hablar del tema, a ver cómo mantener el patrimonio, ver cómo en algunos casos podemos tener dos o tres monjas, que es un problema para la Iglesia, hasta qué punto podríamos usar esos espacios para otra cosa… Hay que ver cómo firmar un convenio.

Después hay cada vez más ofertas de promotores culturales con rutas, un producto en expansión que sólo hay que ver que cuando se organizan las visitas y actividades son un éxito.

Hay producto y hay demanda, y eso es lo que haría que Sevilla tuviera capacidad de ofertar una estancia mayor a la de 1’2 días que es la estancia media de turistas aquí. Necesitamos un tercer día. Y eso es posible si tienes patrimonio y tienes oferta. La tenemos pero no la tenemos bien gestionada. Lo que no es de recibo es que estemos perdiendo alguna financiación extra de Fondos Europeos y no la estemos aprovechando por la negligencia de no articular equipos.

Claro, pero luego hay patrimonio inaccesible, como el Hospital de las Cinco Llagas o el Palacio de San Telmo, que parecen vedados al público por su uso administrativo. 

Hay que asegurar al menos dos días de uso público, sí o sí, con rutas perfectamente establecidas. Tanto en San Telmo como desde luego en el Parlamento no hay dificultad para que haya visitas. Los dos los conozco bien, en los dos he trabajado, y estoy seguro que no alteran el funcionamiento de la administración

Hablábamos de ampliar el número de pernoctaciones pero si alguien viene a la ciudad y no puede acceder a los edificios, que además no se promocionan, eso se está desperdiciando.

Ha pasado en el Ayuntamiento, que ha abierto a las visitas guiadas por las tardes. Los edificios administrativos por las tardes tienen un uso menor. Se podrían abrir en ese horario. Es verdad que te obligar a un sobrecoste de seguridad y vigilancia, pero el coste de la visita te podría financiar el refuerzo de seguridad. 

Todas estas propuestas están muy bien, pero le voy a hacer una pregunta obvia, ¿se ve usted alcalde para poder llevarlas a cabo? 

Me veo a 18 días de ser alcalde.

Y no le pesa o puede pesarle la “herencia recibida” de la etapa anterior del PSOE, de lo que sucede ahora mismo a nivel autonómico… 

Yo no voy a hacer como Zoido [el actual alcalde] de echarle la culpa a todo lo que había antes. Él llevaba cuatro años en la oposición como yo y si no estaba en el mundo, no estaba espabilado, es su problema. Yo tengo que conocer las cuentas del ayuntamiento. Yo me he sentado con el interventor a enterarme de las cosas, me leo los papeles. He hecho cuatro años de trabajos y deberes para que esto no me coja diciendo “¿y ahora qué hago?”. Yo sé que una administración es un organismo vivo con dificultades, no sabes lo que te va a pasar mañana, la envergadura de la inversión que tengas que acometer en un momento dado: mira la sentencia de Sacyr con 36 millones de euros. Eso te hace polvo un presupuesto.

En la vida si queremos seguir avanzando tenemos que arriesgar e invertir. Lo que no se puede justificar es el no hacer cosas porque lo que me encontré me impedía hacer. Todo es complicado y, salvo elementos que tengas que dar a conocer a la opinión pública que ha habido un obstáculo insalvable, lo que no puedes es justificar tu incapacidad, o tu insolvencia, o tu falta de ideas, como consecuencia de que los demás te lo han puesto muy complicado. El primer año, a lo mejor se respeta, pero ¿los cuatro años así? La música ya no le gusta a nadie.

Me sorprenden sus palabras porque en los medios se le ha tachado de hacer una oposición demasiado blanda. Esto que usted cuenta ¿no podría haberse ido planteado a lo largo del tiempo y haber hecho una oposición más dura? 

La oposición ha sido gradual y progresiva. La gente tiene mala memoria, pero en 2011 la sensación en la calle era de un respaldo absoluto a una mayoría absolutísima en donde aquí no había espacio para la crítica. No había espacio para decir en el primer año de gestión “esto no se ha hecho bien”. Aquí había un absoluto convencimiento de que el gobierno que acababa de salir de las elecciones tenía el respaldo de todo el mundo, y que todo lo que hacía estaba bien hecho y estaba ungido de esa mayoría. Lo que se hacía, estuviera bien o mal, era por el mandato absolutísimo que le habían dado los ciudadanos, por lo cual nadie tosía, nada opinaba.

La opinión pública se genera en primer lugar por la opinión publicada. La opinión publicada en estos cuatro años ha sido mayoritariamente de defensa de un gobierno de mayoría absoluta. La oposición ha tenido muy poco espacio para plantear críticas, dudas o sombras sobre la gestión. Nos ha costado muchísimo introducir determinados temas en el debate. Pero, por otro lado no he visto una gran movilización de rechazo en ninguno de los sectores que en otros momentos, cuando ha gobernado la izquierda en la ciudad, sí han salido de manera enérgica.

Esto lo conozco bien. Yo he trabajado muchos años en Medio Ambiente, y cuando el movimiento ecologista ha sido menos activo ha sido cuando ha tenido gobiernos de la derecha en el gobierno de la Nación.

¿Y eso por qué? 

Porque parece que nos arrugamos o nos allanamos cuando lo que hay no nos gusta, pero “como la derecha es así”, “¿qué vamos a hacer? ¿qué vamos a esperar de?”. Esto es una leyenda urbana pero yo lo compruebo cada día. Ahora que está terminando, todo el mundo que no le gustaba, que era obvio que lo que estaba haciendo este gobierno era rancio… y la culpa resulta que es de la oposición que ha sido demasiado blanda como dice algún medio. Curiosamente, ese medio, cuando lo dice, tampoco nos daba opción jamás de darnos algún espacio a la crítica cuando planteábamos alguna opción.

Nosotros hemos hecho propuestas en todos los plenos. Y ¿sabes cuál era la conclusión después de los plenos? Que había sido muy aburrido. ¿Te digo cuántos días después de plenos me he amargado diciendo “con todo lo que hemos dicho allí y parece que lo que hemos dicho no era de interés”? ¿Te digo cuántas propuestas hemos llevado allí Mercedes de Pablos antes y luego yo y Antonio Muñoz?

La política cultural va muy ligada a la identidad de la ciudad. Como el gobierno municipal lo único que ha hecho es algunos eventos o y algunas cuestiones de continuidad a lo que ya existía, hacer críticas muy duras respecto a determinados temas afecta a la imagen de la ciudad.

Y ahí tienes al portavoz Espadas, probablemente uno de los políticos más responsables, más prudentes y más serios que conozco. Que antes que generar un problema de imagen en la ciudad, frente a terceros, prefiere hacer una crítica prudente, atinada, y no de trazo grueso. Yo salí en defensa del gobierno municipal con la campaña de la Bienal [de Flamenco] cuando una parte se dedicó a darle a Farruquito, porque yo decía ojo que la imagen de la ciudad… he tenido muchas críticas que poder hacerle a la Bienal pero hemos sido ponderados, hemos dejado que terminen los eventos y luego hemos hecho la crítica.

Nos hemos tirado cuatro años en los que Zoido nos ha ido engañando diciendo que tenía un paquete de proyectos con gran financiación europea, y nosotros dijimos “pues habrá alguien preparando los proyectos”. Y pasaban los meses, los años, y ni había ni proyectos ni financiación. Muchos globos sondas como el último, que para justificar que la Fábrica de Artillería se le da un uso se ha organizado una exposicioncilla y ya está. Sin embargo, no ha habido una gran revolución de críticas.

Es verdad que ojalá hubiéramos tenido más recursos, más voces, un equipo y un grupo  municipal que hubiésemos sido un coro permanente, tengo que reconocer que hemos tenido pocos recursos. Que quizá nuestra voz teníamos que haberla desplegado más, si a lo mejor hubiésemos sido más habríamos sido más potentes.

Dos asuntos que se plantea la gente precisamente es que al final ambos partidos convierten a Sevilla, al centro de la ciudad, en un parque temático. 

Te soy totalmente sincero. Tanto el PP como el PSOE, somos gobiernos porque hemos gobernado. Hay otras fuerzas políticas que no han gobernado nunca. Para una fuerza muy minoritaria a veces los planteamientos son más sencillos…

…pero ese ejemplo, el PSOE no gobernó hasta 1982 y por esa regla de tres Felipe González no habría gobernado nunca. 

Hablo de la historia democrática. Dentro de la historia democrática, hay fuerzas que han sido gobierno, y para ser gobierno hay que gobernar para la mayoría. He ahí donde quería llegar. Pongo un ejemplo: IU sabe que tiene un volumen de votantes, y sabe que tiene el mismo número de votantes, un poco más allá o más acá. Su público siempre espera un tipo de planteamientos. Nuestro público es más amplio, nuestra franja va desde gente más al centro hasta gente más a la izquierda de la izquierda. Según nosotros nos movemos con decisiones cuando gobernemos perdemos de una parte u otra. Pero siempre vamos a un espectro más amplio.

Sevilla tiene sociológicamente unas características. Yo quiero gobernar para la mayoría, un gobernante tiene que generar la tranquilidad de que cuando toma decisiones, las consulta, las analiza, sus decisiones no tienen que tener efectos necesariamente perversos para colectivos.

Creo que es compatible una interpretación de la ciudad en la que las tradiciones, que la ocupación del espacio en determinados momentos por determinadas personas sea compatible con no sesgar, segmentar y a veces casi anular la diversidad, las otras orientaciones, otras propuestas, las vanguardias. No estoy, y además me parece abominable, con aquellas personas que sencillamente se apropian del patrimonio, de la etiqueta y de la identidad de la ciudad, y expulsan a otros. Ni creo que sea posible que sectores que quieren que esta ciudad fuese mucho más moderna, más vanguardista, pero que para ello estarían dispuestos a que sencillamente cambiaran determinadas tradiciones. Eso generaría un efecto rechazo que probablemente y sociológicamente sería mayoritario.

Yo soy una persona que cree que la coexistencia es posible.

¿Pueden convivir las dos o tres o cuatro ciudades? 

Tienen que convivir. Aquí han convivido tres culturas, ¿cómo no van a convivir dos ciudades? En Semana Santa hay que pactar las reglas de juego, si no ocurren cosas como las que han pasado este año.

¿Os acordáis la primera Semana Santa con las Setas? Que prácticamente decían “no puedo pasar por ahí que eso es una cosa rara, un sacrilegio”. Y ahora se apuntan todas las hermandades. La gente evoluciona. Hay que permanentemente hacer evolucionar a la gente, pincharla un poquito. El rancio, la primera vez que pase por aquí, lo mismo no lo ve. La cuarta se para y se sienta. Y cuando lleve un rato le gusta. Y si no le gusta tiene que respetar a otros que le guste, así de claro.

Pactemos las reglas de juego. Durante la Semana Santa hay convulsiones. Hay una apropiación del espacio, que supera en algunos casos lo razonable, para los vecinos, para los que quieran hacer otras cosas.

Da la sensación que ya no es que haya una tradición durante un tiempo, sino que se ha ampliado esa tradición a casi todo el año. ¿Cómo lo conciliamos? ¿reducimos el número de salidas? 

Sí. No es un problema de reducción, es que no puede ser un coto sin veda. Yo tengo un amigo que padece en el Polígono San Pablo una banda que toca allí todos los días del año y está el hombre que está para irse al psiquiátrico directamente. Eso, o los cortes de tráfico permanentes sin ton ni son. Aquí debemos preestablecer unos calendarios, tenemos que hablar, esto no puede ser un coto sin vallar. Porque se generan daños a otras personas que piensen de otra manera. Estamos en un estado aconfesional, no puede haber culturas que asfixien a otras. A mí me puede gustar, pero el abuso es de volverse loco.

Si son los propios consejos de hermandades los que estás parando esa proliferación. Si el Arzobispo tuvo que salir un día a decir que ya no había más salidas extraordinarias. Vamos a poner el sentido común, el raciocinio. Yo tengo que poder salir de mi casa, de mi garaje, y volver a entrar.

Precisamente en esa cuestión de la conciliación para poder vivir en el centro, ¿hay alguna alternativa a los problemas de zonas como la Alfalfa? Porque parece que lo único que hay es un Estado Policial. 

El caso de la Alfalfa es emblemático. Vamos a crear equipo de mediación. El gobierno municipal dice “eso ya lo he hecho yo”. No, mire usted lo que ha creado es un programa para ir a los centros educativos a decirle a los niños lo importante que es ponerse de acuerdo.

Hay que coger a los vecinos, a la policía, a los bares, sentarse con los jóvenes, y analizar horarios, aislamientos, tipo de actividad que se desarrolla, descanso de los vecinos, costumbres y usos del lugar, vamos a poner todo encima de la mesa. Eso lo tienen que hacer profesionales, no solo la policía. Es la cultura del pacto.

En relación con eso, parece que detrás de ello hay el interés de grupos hosteleros concretos para transformar esa zona en gastrobares turísticos más amables en horarios. Y sobre todo para generar activos inmobiliarios…

No lo sé, como hay un problema no resuelto no sé si eso resolvería algo. La gente tiene derecho a usar la calle, y a hablar en la calle, a moverse. Beber en la calle es otra cosa. Con las reglas a nuestro alcance lo que no se puede es escurrir el bulto como decía la delegada del distrito “¿Yo cómo voy a poner de acuerdo a la gente?”.

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Por último, ¿Cómo es la Sevilla que a usted le gustaría dejar cuando deje la alcaldía en el caso de llegar? 

Me gustaría que la impresión que tenga un sevillano después de cuatro años de mandato fuera que, primero, que en la ciudad han pasado cosas. Que la ciudad se ha transformado, ha tomado decisiones. Cuando digo transformaciones a lo mejor no son proyectos faraónicos, pero sí que en determinados barrios con problemas se han tomado decisiones, que se ha mejorado la vida de las personas, que se le han dado oportunidades. Que los jóvenes de un barrio ahora ya no se sientan en la plaza con las litronas sino que tienen un centro en el que reunirse, tienen una actividad formativa a la que ir.

Ese tipo de cosas que a veces son intangibles, no es el “dejó tal puente, tal edificio”, esto no es solo ladrillo y cemento, esto es una construcción colectiva. Que alguien diga “el alcalde que estuvo aquí construyó una ciudad de las personas, con proyectos, con innovación, de la que se habla fuera porque es una ciudad que ilusiona, que es agradable para vivir gobierne quien gobierne, que es una ciudad creativa, que se ve que va hacia adelante, que no está estancada o que empieza a notarse rancia, sin proyectos”.

Eso es lo que me gustaría.

Aarón Reyes (@tyndaro)

Fotos: Isaac Reyes