All Stars a media luz

La llegada del All Star weekend de la NBA es uno de los acontecimientos más esperados de la temporada. Un oasis de espectáculo, sin presión deportiva, en mitad del calendario masificado que caracteriza a esta liga.  Una forma muy bien pensada de crear un punto de inflexión en el transcurso de la larga temporada para evitar el cansancio del espectador medio. Cualquier seguidor sabe que a partir de ahora empieza lo bueno. El espectador, los jugadores y los equipos. Pero éste lapsus competitivo esconde mucho más de lo que muestra, que es bastante, dicho sea de paso.

En lo económico, organizar el fin de semana del All Star, implica unas ganancias para la ciudad de entre 80 y 100 millones de dólares. El volumen de negocio hace que sea un evento ampliamente perseguido por cualquier ciudad, tenga franquicia propia  o no.

 Centrándonos en el próximo All Star de New York y en el plano deportivo, se promete algo único y espectacular para el público español, juntar a los hermanos Gasol, además, como titulares de las dos conferencias. Cierto es que el correcalles en el que se suele convertir estos partidos, sin tensión, no les vendrá bien a ninguno de los dos, más dados a la brega que al adorno. Pero no dejará de ser emotivo ver el salto inicial protagonizado por ambos, histórico a todas luces. Aparte de este hecho muy reseñable, poco más interés puede suscitar el fin de semana salvo por ver jugadas espectaculares.

La estructura de la cita, para los neófitos en el tema, consta de eventos el viernes, el sábado y el domingo.

Todo comienza el primer día con un partidillo de famosos, que bien podrían llamar “solteros contra casados game”, que se caracteriza por lo raro que resulta ver tíos normales jugando en las canchas de la liga y viendo cómo las canastas les quedan muy grandes. Para dar algo de nivel, alguna vez se ha incluido a algún ex jugador muy retirado o a algún famoso con experiencia universitaria o en el instituto. El reto suele ser meter algún triple o llegar a los 50 puntos.

El primer evento televisado es el Rising Star Challenge, patrocinado por BBVA nada menos. Este partido reúne a las estrellas de las dos últimas generaciones de novatos como un intento más o menos desesperado de que el All Star conste al menos de dos partidos en condiciones (la pachanga de famosos no cuenta). Denominado en un principio Rookie Challenge al estar únicamente protagonizado por novatos, evolucionó a tratar de ser un choque generacional, enfrentando a los aun verdes novatos con los sophormores (jugadores de segundo año).

Cuando se dieron  cuenta de los abismos existentes entre las diferentes hornadas, que hacían poco atractivo el partido, comenzaron a mezclar los jugadores en dos equipos, dirigidos por ex jugadores desde la banda. Ese formato no ha terminado de funcionar y este año se va a experimentar con un partido entre jugadores nacidos en USA y un combinado internacional, respetando que solo pueden participar los llegados en las dos últimas temporadas. Habrá que echar un ojo a Nikola Mirotic que formará con el equipo internacional, eso sí, no sabemos si contará como montenegrino o como español, quizás aún no lo sepa ni él.

El sábado es el día de los concursos, por llamarlos de alguna forma.

El primero en el horario, es el Shooting Stars. Equipos de tres componentes, un jugador en activo, otro retirado y una jugadora WNBA, deben tirar a canasta desde diferentes posiciones obteniendo puntos según la lejanía. En los años anteriores se intentaba que los tres vinieran de la misma ciudad pero eso restringía a unas cuantas franquicias actuales situadas en sitios sin equipo femenino por lo que ahora no hay ni orden ni concierto para seleccionar esos equipos. Quizás lo más atractivo sea poder ver a antiguas leyendas como Dominique Wilkins, Scottie Pippen o Penny Hardaway echándose unos tiritos.

Acto seguido, o por lo menos lo más seguido que son capaces de programar los americanos, llegará el Skills Challenge (aquí todo es challenge). Los participantes deben conducir la pelota por un pequeño circuito en el que pueden sufrir penalizaciones de tiempo si derriban objetos, algo parecido a un concurso de Hípica.  Ideado para los bases, otros años ha contado con Paul, Kidd, Nash, Westbrook o Rondo, es decir, lo más granado de la liga. Por el contrario, este año cuenta con mucha clase media salvo John Wall.

hermanos gasol

Una vez superados estos dos trámites, llega lo clásico.

Primero el concurso de triples, que este año contará con grandes especialistas como Stephen Curry, Klay Thompson, Kyle Korver o Marco Belinelli, entre otros (el barbudo James Harden o el compañero de Lebron, mejor persona,  Kyrie irving). Todo un acontecimiento esperado y de difícil eliminación, dicho concurso supone la gran incógnita de todo el fin de semana. Igual vemos el virtuosismo desde la larga distancia que nos encontramos con rachas horribles en las que parece encoger el aro. Al menos en esta ocasión apuestan por los mejores en esta faceta, cosa que otros años no fue así.

Y para terminar nos encontramos con la, incomprensible,  estrella de esta segunda jornada, el Salm Dunk, o lo que es lo mismo, el concurso de mates. Y digo lo de incomprensible porque se ha convertido en uno de los mayores agujeros en el formato actual de All Star. Desde hace varias temporadas, los participantes solo pueden ser, nuevamente, jugadores de primer o segundo año (gracias a eso nuestro Rudy pudo participar). Esto hace que el aficionado medio no conozca a los participantes. Con algún que otro concurso puntual decente (mención especial para Carter y su codo-mate) la mayoría solo han llegado a ramplones.

La negativa de las estrellas, motivados por sus equipos mayoritariamente para evitar riesgos, a participar en este concurso hace que carezca del interés que podría generar una potencial participación de Lebron James o John Wall. Jugadores que en el partido del domingo, realizarán, con casi total seguridad algún mate mucho mejor que los de los chicos del concurso.  Atrás quedaron los años de bonanza. Esos concursos para románticos con Jordan volando desde el tiro libre o Spudd Webb fundiéndose a tíos que el sacaban dos cabezas matazo tras matazo. Otros tiempos en los que se consideraba un honor poder estar en estas cosas.

Así despediremos al sábado dejando todas las esperanzas en el partido principal, el evento que define todo, programado para el domingo, el All Star Game.

En las últimas temporadas se han sacado de la manga el partido de las estrellas de la liga de desarrollo. Partido insulso e inútil, visto como relleno para la jornada del domingo, que se convierte en otra piedra en el camino ante la creciente ansia de ver a los buenos batirse el cobre. Poco futuro se le alumbra a este partidillo en futuras ediciones, al menos con éste formato.

Y sin más dilación llegamos al partido trascendental. La madre de todos los partidos. Los doce mejores jugadores de cada conferencia frente a frente. Este vs Oeste.

Y llegará el momento en el que nuestra pasión baloncestística, la misma que solo sale a reducir cuando juega la selección cada septiembre, se llene ante la visión de los dos hermanos barbudos naturales de Sant Boi de Llobregat, el pueblo que ha dado más jugadores All Star de España.

Pero una vez que los veamos saltar, ¿qué nos espera?

El formato de éste partido es quizás lo único que se ha mantenido con el tiempo. La idea de juntar a los mejores jugadores para un partido de exhibición nació en 1951. Pero no fue ni mucho menos el primer deporte americano que lo pensó ya que el baseball lo llevaba haciendo desde 1933 y el football americano desde 1939 (bonito año para empezar).

Desde dicho año, en el mítico Boston Garden, templo del baloncesto donde los haya, el partido enfrentó a las dos conferencias. Desde sus inicios la competitividad no ha sido la característica predominante durante el desarrollo del encuentro, acentuándose un poco más en el último cuarto si el partido estaba sin decidir. Las ansias de brillar individualmente han estado mayoritariamente por encima de cuestiones de equipo, pudiendo darnos grandes duelos de anotación que deparaban marcadores amplios. El año pasado se llegó a un 163 – 155 para el Este, un festival defensivo, vaya.

Pero la cuestión es, ¿sería este el mejor formato posible para un partido de éste calibre? Contar con los 24 mejores jugadores está bien, pero, ¿no sería atractivo otro tipo de partido?

En la NHL (National Hockey League) son los que más veces han variado el sistema. Empezaron en 1947 con enfrentamientos entre los campeones de la temporada anterior contra un equipo de estrellas del resto de la liga (algo similar hicieron en baseball). En 1969 adoptaron el sistema Este – Oeste al igual que en la NBA para finalmente cambiarlo, al menos momentáneamente, a una selección determinada por lo capitanes de los equipos (una especie de “yo me pido a éste” y “pues yo me pido a aquél”). Lleva tres ediciones y veremos lo que dura.

¿Y en Europa? ¿El viejo continente puede exportar alguna idea interesante a la NBA?

Pues no, además de forma rotunda. Todas las ligas, hablemos principalmente de baloncesto, se han dedicado a intentar copiar el formato antes de querer experimentar. El resultado, tener un producto tan poco interesante que en muchas ocasiones ha terminado por desaparecer. Todas menos la ACB.

En la liga española se ha intentado de todo por crear un evento que pudiera generar un pellizquito extra de ingresos para las maltrechas y exiguas arcas de la  competición. En 1985 se decide celebrar el primer fin de semana de las estrellas, determinado por los concursos de triples y mates el sábado y el partido de los mejores jugadores el domingo.

El formato se celebra, con poco éxito una vez pasado el boom inicial, debido mayoritariamente a que la liga española no tiene dos conferencias ampliamente diferenciables. Los ejes  geográficos norte-sur o este-oeste implicaban la necesidad de realizar muchas concesiones a fin de hacer equipos equilibrados. Por ese motivo se llega a la decisión de denominar a los equipos Par e Impar (¡toma ya!).

Ese experimento duró hasta la temporada 92-93 en la que se decide relanzar el formato enfrentando a un combinado de estrellas de la ACB contra otro de la Lega italiana. Se repite en la 93-94 y para la siguiente 94-95, buscando aun más audiencia televisiva, entra la LNB de Francia para un formato triangular de tres periodos de 20 minutos.

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Esto solo pudo derivar en otro fracaso y la vuelta a la celebración de un All Star propio e individual, pero eso sí, ahora un combinado nacional se enfrentará a un combinado extranjero. Dicho formato se mantendrá desde la 95-96 hasta la 00-01, en el que cabe mencionar que el combinado nacional solo ganó 1 de los 6 choques.

El último partido All Star ACB propiamente dicho se celebraría la temporada siguiente con un partido Norte – Sur, contando con Madrid en el sur, ahí un ejemplo de lo mencionado antes. A partir de ahí los concursos de triples y mates se integran en la Supercopa ACB, competición inicial de la temporada. La única forma de ver a jugadores entremezclados de diferentes equipos es mediante el partidillo de presentación de la liga, que se celebra previa a la Supercopa (no es más que una pachanga sin televisar) y disputado en las últimas ediciones en la sede de Endesa.1

El hecho de celebrar un partido sin interés competitivo puede sufrir este tipo de adversidades, que no interese a nadie. Y el principal indicador es la audiencia televisiva.

Aunque hoy en día la NBA es una marca internacional, que exporta su producto a más de 40 países, las audiencias nacionales son las que le proveen de grandes contratos televisivos y, por ende, más dinero para todos.

La llegada masiva de jugadores internacionales a partir del año 2000 consiguió evitar que  la Liga cayera por  uno de los mayores precipicios, en términos económicos, a los que se había acercado en su historia. La segunda retirada de Michael Jordan y el lockout de la siguiente temporada provocaron una caída de popularidad y de seguimiento televisivo de unos 7 puntos de ratings televisivos (aquí comúnmente conocido como share) que ha sido imposible de recuperar pese al advenimiento de una estrella como Lebron James. Esa tendencia siguió en las temporadas siguientes, convirtiendo la liga regular en un producto que empezaba a devaluarse. El desarrollo de NBA TV y la venta de derechos desde la NBC a la ABC no cambiaron la dinámica bajista en el mercado nacional. Pero una luz se oteaba en el horizonte. Los extranjeros. Los equipos echaban un vistazo a los países europeos para conseguir jugadores de futuro y el comisionado David Stern entendió que la expansión por el viejo continente, a nivel económico, era la forma de estirar aun más el sabor de un chicle quizás demasiado masticado.

De esta forma la caída y mantenimiento en un share cercano a 4.4% (desde un 10%) y entre 7 y 10 millones de espectadores en USA del All Star Game, no ha supuesto una merma en el modelo de negocio gracias a la venta de derechos al resto de países.

La globalización querido Watson.

 Carlos Sabaca (@casabaca)

1 Los partidos de presentación de la ACB despertaban inicialmente tanta expectación que incluso se invitó a Michael Jordan a la edición de la 90-91 en Barcelona. El jugador de Chicago no solo jugó, sino que lo hizo con ambos equipos y acabó como máximo anotador de los dos.

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By | 2015-03-08T16:59:40+00:00 febrero 13th, 2015|Deportes|0 Comments

Sobre el/la autor/a

Apasionado por el basket, apático con el poder político, ilusionado con un cambio y profesor de matemáticas. Casi nada.

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