20 de Mayo de 1940

Queridos Papá y Mamá:

“Es duro estar aquí, espero que podáis entender que durante un tiempo no seré capaz de mantener correspondencia con vosotros, quizás podré enviaros una carta una vez cada dos o cuatro días. Os escribía para pediros que me enviaseis más Pervitina, de tal forma que pueda hacerme con más reservas. Con amor, Hein”.

Esta carta escrita por el soldado alemán Heinrich Boell, quien recibiría el premio Nobel de literatura treinta y dos años después de la misma, refleja la normalidad con la que los soldados nazis consumían esta droga –y no solo los soldados-, convirtiéndose en auténticos adictos, en completos “yonkis” de la misma.

La Pervitina hoy en día es conocida bajo el nombre de “speed”, que como ustedes sabrán es una droga bastante común dentro del ambiente discotequero nocturno. Pero empecemos por el principio de la historia, trasladándonos a los albores de la Segunda Guerra Mundial.

Estamos en 1937, en Berlín. Los laboratorios Temmler Werke acaban de patentar una pastilla que será revolucionaria conocida como Pervitina. El objetivo de esta farmacéutica es poner al mercado una nueva droga que se convirtiese en una auténtica “píldora de la felicidad”.

Esta debía ser capaz de otorgar a la población civil la energía y entusiasmo necesario para aparcar todos los problemas derivados de los retazos de la crisis económica germana y trabajar a favor de una Alemania fuerte y poderosa.

Este “mágico” producto era un tipo de metanfetamina muy potente, capaz de obrar auténticos milagros sobre las personas. Por ello, quienes la consumían, sufrían un aumento de la autoestima, mejora de la confianza, una gran euforia y una increíble sensación de omnipotencia. La Pervitina era capaz de eliminar incluso la sensación de peligro y de fatiga, por lo que las personas podían mantenerse despiertas durante largos periodos de tiempo. Y además, gracias a su poder adictivo, aseguraba un flujo constante de ventas a los laboratorios Werke.

Hacerse con un lote de Pervitina era facilísimo ya que ni tan siquiera se necesitaba receta médica. Los lectores, deben olvidar los rigurosos controles existentes a día de hoy para la adquisición de medicamentos. Por aquel entonces los nuevos fármacos no debían esperar diez años para proceder a su venta como ocurre en la actualidad. Antes estos no eran testados prácticamente antes de ser lanzados al mercado, por lo que como consecuencia no se sabía bien qué efectos secundarios sobre la salud podían a llegar a tener estas drogas.

Por eso, si acudimos a la hemeroteca, no podemos dejar de sorprendernos al contemplar anuncios de diferentes medicamentos realizados con sustancias a día de hoy ilegales, como por ejemplo la heroína y la cocaína –comercializada esta última en los inicios del siglo pasado como analgésico-.

Nazi drogas

¡Cura instantánea!: Anuncio de gotas con cocaína para paliar el dolor de muelas

En el caso de la Pervitina, se llegaron a comercializar hasta bombones de chocolates hechos con esta sustancia. Sí, aunque pueda parecer increíble, durante la Alemania nazi se vendieron bombones rellenos de anfetamina. ¡Sin duda una delicia! Debido a este fulgurante éxito, pronto trataron de experimentar con la Pervitina en el ámbito militar. Así, el director del departamento de Fisiología de la Academia de Medicina Militar, Otto Rancke, fue el primero en percatarse de la infinidad de posibilidades que para la Wehrmacht ofrecía esta sustancia.

Pero Rancke, como buen científico, necesitaba comprobar por sí mismo los supuestos milagros de la Pervitina. Así, decidió organizar un experimento. Convocó a dos grupos de soldados voluntarios, los cuales actuarían como conejillos de indias. Su misión era relativamente “sencilla” a no ser que odiasen las matemáticas, en cuyo caso fue una auténtica tortura. Y es que durante más de treinta y seis horas, se les encomendaría la misión de resolver diferentes tipos de problemas matemáticos sin parar.

Para realizar su labor, a uno de los grupos se les hizo beber litros y litros de café. Al grupo restante, simplemente se les suministró diversas dosis de Pervitina. Los resultados fueron demoledores, ya que aquellos alumnos que actuaban bajo la influencia de la Pervitina no solo obtuvieron mejores resultados, sino que no mostraron signo alguno de somnolencia. Los consumidores de cafeína acabaron desplomados por el suelo.

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Debido a esto el ejército nazi no lo pensó dos veces y ante la inminencia del estallido de la guerra con Polonia, la cual desencadenaría la Segunda Guerra Mundial, decidió encargar cientos de millones de dosis a los laboratorios Temmler Werke.

Pronto la Pervitina pasó a ser conocida en la jerga soldadesca como “Panzerschokolade”-chocolate de tanque-, por la sensación de indestructibilidad que otorgaba a los propios soldados. Con tan solo dos comprimidos los soldados podían aguantar más de treinta horas sin dormir, alerta, dispuestos a acabar sin piedad con el enemigo.

Sin embargo, como todas las drogas la Pervitina también tenía un lado oscuro. Muchos soldados comenzaron a fallecer por ataques cardíacos como consecuencia del consumo reiterado. Otros muchos desarrollaron alucinaciones durante las cuales muchos soldados se suicidaban al encontrarse en pleno brote psicótico. Esta droga también provocaba apatía y desconcentración, junto con un deterioro físico notable, decoloración de la piel, temblores y caída de piezas dentales. Todo ello llevaba a una progresiva zombificación del adicto, provocando a la larga una pérdida total y absoluta de las capacidades guerreras del soldado.

Desde la cúpula nazi se hicieron reiterados esfuerzos por ocultar estas muertes, achacándolas al estrés que se sufría en primera línea de combate. El único que se decidió a investigar que estaba pasando realmente fue el doctor Leonardo Conti, médico jefe del Tercer Reich.

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Conti fue la autoridad más importante dentro del sistema sanitario nazi. Nacido en la parte italiana de Suiza –al igual que su padre-, tras la muerte de Gerhard Wagner en 1939 se convirtió en el jefe del Departamento de Salud del Reich.

Conti, junto con Mengele, ha pasado a la historia como uno de los médicos más detestables que jamás hayan pisado la faz de la tierra. Doctores que obviando su juramento hipocrático decidieron aplicar sus experimentos macabros en seres humanos. En concreto, Leonardo Conti puso en marcha el proceso conocido como Aktion T4 –ideado anteriormente por el también médico Viktor Brack-, un programa de eutanasia destinado a la eliminación sistemática de todos aquellos alemanes considerados por el propio régimen como “untermensch”, es decir, subhumanos. Niños minusválidos, personas con enfermedades mentales y ancianos eran ejecutados sistemáticamente hasta al menos 1941, cuando el programa hubo de detenerse ante la presión de los familiares de las víctimas apoyados desde la Iglesia Católica alemana.

Sin embargo, esa es otra historia. En cuanto respecta a la Pervitina, Conti fue el único gerifalte nazi que se propuso destapar el lado oscuro del uso masificado de esta droga. Recogiendo los informes que diversos médicos militares habían redactado, Conti emitió una queja formal acerca de los estragos que la Pervitina estaba causando entre la tropa, llegando este a insistir en que dicha sustancia fuese incluida dentro del catálogo de productos prohibidos por el Tercer Reich, hecho que consiguió en 1941.

Como resultado de esto, la Pervitina ya no podía comprarse sin receta médica en las farmacias. Se pretendía con ello restringir su acceso a la población civil. Pero, ¿qué sucedía con el consumo que se producía en el ámbito militar?

Según la filosofía nacional socialista, el uso de drogas estaba totalmente prohibido. No obstante, y a pesar de los esfuerzos de Leonardo Conti por paralizar el uso sistemático de Pervitina dentro de la Wehrmacht, la cúpula militar decidió, a sabiendas de los daños colaterales que sobre la salud de sus soldados implicaba la ingesta de esta droga, continuar suministrándola entre las filas nazis.

Esta doble moral existente durante el Tercer Reich, con respecto al consumo de drogas fue muy generalizada, sobre todo dentro de los más altos niveles del gobierno. No solo el “Reichsmarschall” Hermann Göring era un asiduo consumidor de morfina, sino que el propio Adolf Hitler se hacía suministrar por parte de su médico personal Theo Morell un cóctel de drogas con el objetivo de aguantar sus largas jornadas draconianas. Se cree que fue este consumo reiterado de opiáceos el que provocaba en el Fürher una irritabilidad elevada, siendo famosos sus bruscos cambios de humor. Todo ello provocaría, en última instancia, una pérdida del contacto con la realidad por parte de Hitler, lo que a la larga explicaría la serie de decisiones nefastas que tomaría en el devenir de la guerra.

No podemos saber con exactitud las sustancias que Morell hacía ingerir a Hitler, pero es bastante probable que dentro del extenso repertorio de estas se hallase la propia, Pervitina dada la popularidad de la misma.

¿Qué pasó con la Pervitina?

La Pervitina continuo usándose hasta los últimos estertores de la guerra. No obstante, nacieron diversos proyectos por parte de la cúpula nazi con el objetivo de crear una nueva sustancia más potente.

Conocidos como “Proyecto Dósis”, sería el noveno de los diez que se hicieron el más eficaz para los intereses alemanes. De esta forma, el llamado D-IX se convirtió en una droga que combinaba entre sus compuestos sustancias como la cocaína, la morfina y la propia Pervitina. Sin embargo, el inminente fin de la guerra limitó la distribución de esta droga entre los soldados, lo que provocaría finalmente que su repercusión militar fuese inapreciable.

Decía Platón: “Solo los muertos han visto el final de la guerra”

Llegados a este punto, es posible que nuestros lectores piensen que el uso de estas drogas entre soldados suministradas por sus mandos fuese algo que solo podía ocurrir en un régimen tan depravado como el nazi. Nada más lejos de la realidad. En honor a la verdad, debemos decir que las fuerzas aliadas, sobre todo las norteamericanas, también suministraron diversos tipos de estimulantes parecidos a la Pervitina. Y si quizás su uso no resultase tan generalizado entre estos, no fue debido a la buena voluntad de sus líderes, sino al daño pernicioso que entre la tropa producía, hecho del que pronto se dieron cuenta, a diferencia de los alemanes.

A día de hoy podemos decir que los herederos de los nazis en el uso premeditado de drogas en el combate sería la organización terrorista con ambiciones de estado conocida como ISIS. Estos “mujaidines”, antes de organizar sus ataques por todo el mundo Occidental, ingieren una sustancia conocida como Captagon. ¿Qué es el Captagon? ¿Qué efectos tiene?

Esbocen una media sonrisa, ya que el Captagon es una anfetamina capaz de proporcionar al yihadista que la consume estados de euforia, concentración, sensación de indestructibilidad, ¿les suena esto de algo? Como vemos, el legado de la Pervitina sigue más vivo que nunca.

José María García Núñez (@artal92)

Bibliografía

NAZIRI, Gerard: “Nazis on Speed. Drogen im 3.Reich”. Alemania. Pieper Werner Medienexp.

Webgrafía

Der Spiegel: http://www.spiegel.de/international/the-nazi-death-machine-hitler-s-drugged-soldiers-a-354606.html

Russian Today: https://www.rt.com/news/314902-hitler-drug-addiction-book/

The Atlantic: http://www.theatlantic.com/technology/archive/2013/05/pilots-salt-the-third-reich-kept-its-soldiers-alert-with-meth/276429/

Daily Mail: http://www.dailymail.co.uk/news/article-1371512/Nazis-fed-speed-infantrymen-tested-cocaine-like-stimulant-concentration-camps.html

The Guardian: https://www.theguardian.com/world/shortcuts/2014/jan/13/captagon-amphetamine-syria-war-middle-east

Documental

“Les Junkies d’Hitler”. Francia. Año de producción 2015. Director: François Pomès.

[1] “Bundesarchive Bild 183-1989-0309-501”

[2] Imagen procedente de: www.zweiterweltkrieg.org