“Por 13 razones”, la serie de Netflix sobre una chica adolescente que se abre las venas en la bañera después de grabar trece cintas de cassette detallando meticulosomente quién es el culpable, se ha convertido en un gran éxito. Netflix no da muchos datos, pero la serie, que se basa en un libro con el mismo título de Jay Asher para adultos y jóvenes se twitteó cerca de once millones de veces el mes después de su lanzamiento, el 31 de marzo. Ha inspirado muchos comentarios que recomiendan el programa por ser de interés social. También ha provocado una fuerte reacción en su perfil de Twitter ya que  las escuelas  de EEUU  han enviado cartas a las familias, advirtiendo a los padres que la serie podría tener un efecto pernicioso en este tipo de alumnado. En lugar de abrir un debate sobre el asunto que podría ayudar a los estudiantes que están luchando contra el bullying o la depresión, estos institutos temen que la serie podría empujar a los estudiantes con problemas sobre al abismo.

La serie se abre en el vestíbulo del centro, después de la muerte de Hannah Baker. Ella sonríe con calma en una foto: pelo en ondas de color marrón oscuro, ojos azules, labios carnosos, la mirada propia de una heroína de John Hughes. Flores de papel y notas rodean su cara. “Siempre has sido tan buena y amable”, se lee en un mensaje. “Hey, soy Hannah,” dice ella en una voz en off, mientras una popular canción acústica suena de fondo. “Hannah Baker. Soy yo. En vivo y en estéreo.” La perspectiva cambia a un adolescente de aspecto desafortunado, su nombre Clay Jensen, interpretado por Dylan Minnette, que se va a casa después de la jornada escolar para encontrar un paquete envuelto en papel marrón en la puerta de su casa. Es una caja de zapatos llena de cintas.  Música suave anticipatoria de lo que viene después. “Estoy a punto de contar la historia de mi vida,” dice Hannah. “O, más específicamente, por qué perdí la vida. Si estás escuchando esta cinta, eres una de las razones de ello “.

suicidio

Cada una de las cintas -que son todas de Hannah, como su introducción, escrita y leída con un inverosímil y sensiblero aplomo- señalan a un individuo que la abandonó en su viaje al suicidio. Ahí está la novia celosa antigua amiga que le dio una bofetada, el tipo que la señala como “Mejor Culo” en una lista, el que publicó su poesía sin permiso, el que deja pasar a otro chico para violar a su novia inconsciente en una fiesta mientras que Hannah estaba escondida en la habitación. La progresión narrativa de las cintas es cronológica, grave, y temáticamente monótona: en de trece episodios Hannah va de una mujer joven seria y esperanzadora a una víctima indefensa de lo que podríamos tildar un asalto sexual. Clay, el otro personaje principal de “Por 13 razones,” ​​es el protagonista de la undécima cinta, pero es una excepción al patrón: Hannah lo admiraba, y señala que él no ha hecho nada malo. La cinta doce es sobre el violador antes mencionado, que también violó a Hannah, y el final de la cinta está dedicado al Orientador del instituto que no supo ver su situación cuando ella fue a verlo el día de su suicidio planificado.

Las cintas de Hannah funcionan como una especie de carta en cadena: un segundo pack de cintas se dará a conocer al público, advierte, si las personas nombradas en las mismas no las escuchan en su totalidad y las pasan. En el libro, que fue publicado en 2007 y alcanzó el número 1 en la lista de los más vendidos, Clay escucha todas las cintas en una sola noche. En el programa de televisión el proceso dura varios días, presentando una combinación de amor adolescente y masoquista con cierta autoindulgencia.

Clay se pasea por la ciudad, volviendo sobre sus pasos y hace frente a sus compañeros de clase. Tanto en el libro y en la serie la historia de Hannah y la historia del tiempo presente de Clay se entrelazan, y el tono es fijado por la narración melodramática de Hannah. El libro es de ritmo rápido, y es estilísticamente más intenso y mejor construido. Pensemos que  se trata de una nota de suicidio de cerca de trece horas donde el mismo se presenta como la gran culminación, como el misterio cuyos detalles serán finalmente revelados. Esto acaba resultando de alguna manera grotesco y sin brillo, didáctica e indulgente al mismo tiempo. En cierto modo, se convierte en una mezcla de “Gossip Girl” sin el placer visual y la personalidad que posee, junto con el bestseller de 1971 “Pregúntale a Alicia ,” un diario de la espiral de drogas de una chica adolescente.

El equipo detrás de “Por 13 razones” que incluye Selena Gomez como productora ejecutiva, el dramaturgo Brian Yorkey, y el director de “Spotlight” Tom McCarthy, ha dejado claro que sus miembros piensan que la serie cumplía una función como servicio público. Esta es la razón, como lo han explicado en las entrevistas y en un episodio paralelo llamado “Más allá de las razones”, de que decidieran representar el suicidio de Hannah con tanto detalle. En el libro, se traga píldoras. En la serie ella corta verticalmente sus antebrazos con hojas de afeitar, llorando y gritando en una bañera rebosante de color rosado. No soy una espectadora aprensiva, pero la escena no es útil. “El suicidio nunca debe ser una opción”, dice Gómez en “Más allá de las razones”, pero puede, al parecer, ser el punto central de un espectáculo.

En las escenas de violación la serie diverge del libro. En él Hannah se mete en una bañera de hidromasaje con Bryce, a quien ha visto violar recientemente a su ex amiga. Clay en ese momento alcanza su clímax repetitivo de chico bueno que monta numeritos cuando siente que el entorno es insoportable. En el libro es el momento en el que Hannah desvela que todo aquel trauma le llevó a alejarse de Clay porque sentía que lo usaba, que no podría ser la chica de su vida. Se trata de reunir en una sola escena un acto de violación y la autodestrucción sexual que empuja a una adolescente más cerca de la muerte, pero con una simplicidad en los procesos, en el lenguaje, que resulta casi obsceno.

La escena termina con rapidez en el libro. En la serie se prolonga durante mucho tiempo, quizá demasiado, al igual que la escena de la violación anterior. Los detalles físicos que Jay Asher nos obvia en el libro aparecen crudamente en la cámara: Hannah se mantiene presionada y violadas por detrás por Bryce, un prototipo de matón de instituto que sonriendo tira de su pelo hacia atrás. Los ojos de Hannah poco a poco parecen los de una muerta y ella se arrastra a casa pensando “decidí que nadie me haría daño otra vez.” En otros programas de televisión recientes, como “Jessica Jones ” y “Sweet / Vicious” el deseo de una mujer joven por tener el control después de un trauma es la base de la historia. En “Por 13 razones” es el final de la historia. Hannah es una mera ilustración del hecho de que existe la violación en donde menos lo esperamos, que se produce físicamente, y que es espiritualmente destructiva.

En “Más allá de las razones” Justin Prentice, el actor que interpreta a Bryce señala que “como sociedad tenemos la tendencia a alejarnos de estos temas difíciles. . . .   esto es un problema que debe ser abordado.” Y es cierto: después de ver que la escena de la violación, que las películas suelen mostrar en primer plano y con cortes, se extiende por casi cuatro minutos en la serie, ciertamente deja la sensación de que había un problema a la hora de abordar este tipo de situaciones que son , por desgracia, más frecuentes de lo que creemos.

“Más allá de las razones” se supone que es un capítulo para contrarrestar y explicar la violencia aparentemente gratuita en las trece horas que preceden. Se supone que para evitar el fenómeno de contagio de suicidio. Pero todos esos supuestos son establecidos por la norma de la audiencia al final. Incluso el hecho de que otro personaje, Álex, que en el libro no se suicida, también lo intenta al final de la temporada mientras que se invitaba a los espectadores (en los países de habla inglesa) a visitar la web 13reasonswhy.info para abordar sus pensamientos suicidas.

Estos, sin embargo, deben ser abordados por auténticos especialistas en persona. A ratos sobreestima y subestima las capacidades de los adolescentes no solamente para ser conscientes de su situación sino para comprender lo que es una enfermedad mental. Se presenta a Hannah no como alguien que necesita ayuda mental sino como alguien que busca una especie de tesoro en su vida y está atrapada en un laberinto sin salida donde la muerte es la gloria, otorgada por el respeto que no tuvo en vida. Quizá lo más preocupante sea la estética de adolescencia condescendiente de la serie, sin valor pedagógico alguno teniendo en cuenta que mezcla un producto dirigido a personalidades en construcción con algo tan sensible como el suicidio. En “El arte de la crueldad” Maggie Nelson escribe sobre los productos culturales que “parecen diseñados para analizarse a sí mismos, y para hacer un espectáculo esencialmente consumible de su perversidad”. Ese es probablemente el mayor problema que nos encontramos: hablarles a adolescentes como adultos, desde una sociedad que pretende que todos seamos sin embargo adolescentes.

Noelia Arlandis