Simplemente Marina – Noemí González

Carlos Ruiz Zafón, también autor de La sombra del viento, conduce al lector en esta obra con nombre de mujer por su Barcelona natal, una ciudad que conoce a la perfección y que sirve de escenario para la historia de un estudiante cuya curiosidad le hace conocer al amor de su vida y un secreto con que se trata de burlar a la muerte

 Hace tiempo que me seducía la idea y al final, caí. Una lectura con mis alumnos fue el principio de todo, aunque tiempo atrás me propuse empaparme bien de las historias y el mundo que en sus novelas describe y recrea Carlos Ruiz Zafón. La sombra del viento fue el primero que pude leer de este autor catalán. Ha sido su historia más conocida y admirada con permiso de la continuación de la misma, El juego del ángel. Pero apenas dos páginas de Marina, que vio la luz en 1999, y una pregunta de ‘mis niños’ con su “y ahora, ¿qué pasa, profesora?” y la magia se hizo.

Siempre está bien quitarse tareas pendientes y la lectura de esta obra ambientada en la Barcelona de principios de los 80 ya llevaba demasiado tiempo en mi lista. Debo decir que el relato que crea Zafón me ha entusiasmado, incluso me ha emocionado hasta con lágrimas al final y que conste que con esto no estoy desvelando nada de nada. Lo cierto es que ya llevaba mucho tiempo sin llorar leyendo una historia de ficción (las reales suelen hacer llorar muchos días).

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Se nota que el escritor es un enamorado de su tierra y en particular de la Ciudad Condal. Describe sus calles a la perfección, con detalles de esos largos paseos, con direcciones, con colores, con matices. Quien no conozca Barcelona puede evadirse en las páginas del libro y perderse en ella, porque se convierte en una protagonista más de esta obra en la que dos jóvenes de unos dieciséis años viven una historia que debe contarse y que está hecha para ser contada. La pareja en cuestión la forman Óscar Drai y Marina Blau. El primero es un estudiante que pretender ser arquitecto y que reside en un internado y que, casualidades de la vida, entra en una casa que no es suya siguiendo los juegos de un gato. La segunda, es una señorita de buena familia que ha pasado tiempos mejores y que es educada en casa por su padre, un pintor antaño reconocido, un genio que perdió su magia tras el fallecimiento de su esposa.

Una semana perdido y sin dar señales de vida dan para mucho, hasta que Drai es encontrado por un policía en la estación de Francia. Es ahí cuando se inicia este maravilloso flashback del que surge otra historia, esta vez más oscura. La del ingeniero, científico y doctor Mijail Kolvenik y la dama de la ópera de la que queda absolutamente prendado, Eva Irinova. Kolvenik no es más que un investigador que juega a ser Dios, aunque lo que realmente hace en una fábrica que se dedica a la ortopedia ­–en esto aprovecha el filón de las guerras del siglo XX, que dejaron a miles de mutilados- es crear criaturas deseosas de vida aunque sea en el mismísimo infierno. Óscar y Marina se convierten en improvisados detectives de esa trama que se ha querido olvidar en la capital catalana. Como en todas las narraciones, la tensión aumenta a medida que se van averiguando datos que dejan entrever una verdad escalofriante muy ligada a los bajos fondos que esconden a seres humanos que son despreciados como seres de segunda o de tercera por sus defectos físicos. Pero, tranquilos, Kolvenik, un polaco al que el primer día en Barcelona le pegan una paliza casi de muerte (lo dejaron sordo de un oído) por simplemente refugiarse en un portal, ha venido para remediar eso. Años de estudio y de investigaciones clandestinas avalan su teoría. Una teoría sobre la vida que hasta el más agnóstico abrazaría en un momento dado.

Luego está Marina. Una chica misteriosa, casi etérea a veces como si estuviera envuelta en esas nebulosas de las que hablaban Bécquer y en un principio Juan Ramón. Etérea e inalcanzable a veces; otras, muy real. Como el drama que se vive en su casa, en su familia. Un padre que vive anclado a sus recuerdos y con una salud delicada. Sí, la salud juega un papel fundamental en esta novela en la que no falta la intriga, la acción, la emoción de los recuerdos del ayer y un amor de adolescentes que es un querer y no poder, un lo que pudo ser y no fue, una esperanza, una ilusión frustrada para la que hay una explicación. “Sólo recordamos lo que nunca sucedió” es una de las frases que condensa la esencia de ese sabor de boca con el que todos nos hemos quedado alguna vez. Curiosa la maestría con la que Ruiz Zafón enlaza las dos acciones de épocas distintas y cómo cuenta además ese amor de adolescencia que tan bien y también hace en La sombra del viento, donde su Barcelona natal es el leit motiv.

Zafón ha sido uno de los escritores más laureados en el panorama español en los últimos años. Tiene medio siglo de vida y muchas más cosas que contar para el público adulto y para el juvenil con el que sabe conectar tan bien en las pinceladas que traza en algunas de sus obras con determinados personajes. Otros de sus títulos son El príncipe en la niebla, con la que gana en 1993 el premio Edebé de Literatura para Jóvenes (entonces no llegaba a los 30 años), así como El palacio de la medianoche o Las luces de septiembre.

 Noemí González

FICHA TÉCNICA

Título: Marina

Autor: Carlos Ruiz Zafón

Editorial: Edebé (año 2003)

Fecha de publicación: 1999

Páginas: 286

 

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By | 2014-08-26T09:18:32+00:00 agosto 26th, 2014|Reseñas|0 Comments

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